Tras un accidente todos creen que Clara ha perdido la memoria. Ella permite que así sea luego de darse cuenta de que su reciente esposo y la supuesta amiga de él parecen haber estado engañandola desde antes del matrimonio.
Pero lo peor no es eso, lo peor viene cuando se da cuenta de que han tramado una red de mentiras entre las cuales existe un "esposo" del que ella no tiene idea.
NovelToon tiene autorización de @ngel@zul para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
La consumación del engaño
El salón de la mansión Salvatierra resplandecía iluminado por cientos de velas flotantes y arreglos de orquídeas que destilaban un lujo obsceno. Los violines sonaban de fondo, marcando el compás de la ceremonia que acababa de concluir. Frente al oficiante, Julián y Lucía firmaron el acta que los unía legalmente ante los ojos del mundo, sellando no solo un matrimonio, sino una alianza de mentiras de la cual eran partícipes desde hacía años. Los aplausos estallaron entre los invitados de la alta sociedad.
A unos metros del altar, Clara permanecía de pie, sosteniéndose con fuerza de su bastón. Por dentro, una tormenta de impotencia y rabia contenida la devoraba; el desconcierto por el acta de matrimonio real y el fracaso de no haber podido frenar el evento a tiempo la hacían sentir asfixiada. Sin embargo, su máscara de frialdad funcionó a la perfección. Sonrió levemente en los momentos precisos, inclinó la cabeza con fingida timidez y disimuló su derrota absoluta tras una fachada de perfecta convalecencia amnésica. Nadie, excepto los dos hombres que la vigilaban, podía notar el hielo en sus ojos.
Matías se mantuvo a su lado durante toda la recepción, como una sombra protectora y silenciosa. No hablaba, pero su cuerpo emanaba una rigidez absoluta. Cada vez que Julián besaba a Lucía o que los fotógrafos los rodeaban, Matías daba un sutil paso hacia delante, interponiéndose levemente entre la escena y la vista de Clara, en un intento desesperado por ahorrarle un mal recuerdo.
El punto álgido de la noche llegó durante el brindis principal. Roberto Salvatierra, el patriarca de la familia, subió al estrado con una copa de champán en la mano. Su rostro reflejaba un orgullo implacable, la viva imagen del éxito de los Salvatierra.
—Este matrimonio no solo une a dos personas excepcionales, sino que asegura el futuro de nuestro legado —anunció Roberto, su voz resonando con autoridad por los altavoces—. Y hoy, en esta noche de victoria, tengo el honor de compartir con todos ustedes una bendición añadida. Julián y Lucía no solo consolidan el apellido hoy, sino que ya caminan hacia el mañana: queremos anunciar la pronta llegada de un heredero. Lucía está embarazada.
El salón estalló en vítores y felicitaciones. Julián sonrió con suficiencia, abrazando a su ahora esposa por la cintura.
Para Clara, esa imagen fue la estocada final. Sentada en su mesa, sintió que el aire se volvía de plomo. El embarazo de Lucía blindaba por completo la farsa de la familia; un hijo legítimo en camino hacía que cualquier reclamo o sospecha futura pareciera el delirio de una loca amnésica. Agotada emocionalmente, vacía y con la certeza aplastante de que ya todo estaba perdido, Clara extendió la mano hacia las copas de vino de la mesa. Bebió una, luego otra, y otra más, buscando desesperadamente anestesiar el ruido de sus propios pensamientos. El alcohol comenzó a nublarle la vista, transformando su rabia en una melancolía pesada y errática.
Al notar que Clara apenas podía sostener la mirada y que su cuerpo se balanceaba levemente en la silla, Matías intervino, la tomó con cuidado del brazo, la ayudó a levantarse y la guió a paso lento fuera del bullicio, subiendo la gran escalinata hacia el aislamiento de su habitación.
En cuanto la pesada puerta de madera de la habitación se cerró, el silencio cayó sobre ellos como un bálsamo amargo. Clara soltó el bastón, dejándolo caer al suelo con un ruido seco, y se tambaleó. Matías la sujetó de inmediato por la cintura, impidiendo que cayera.
—Estás ebria, Clara. No debiste tomar así, recuerda que aún estás tomando analgésicos —dijo Matías con suavidad, su voz cargada de una preocupación genuina mientras intentaba guiarla hacia la cama.
Pero Clara ya no era la paciente sumisa. El alcohol había derribado sus defensas, dejando al descubierto la cruda desesperación de su alma. Se giró entre sus brazos y clavó las manos en los hombros de Matías, obligándolo a detenerse. Lo miró con los ojos empañados por las lágrimas y el alcohol, el rostro descompuesto por una frustración que ya no podía contener.
—Déjame... déjame actuar por una vez —balbuceó Clara, con una risa amarga y rota—. Todo es una mentira, Matías. Todo. Tu hermano, esa mujer... este maldito cuarto.
—Clara, por favor, estás diciendo incoherencias. Tienes que acostarte.
—¡No quiero acostarme! —exclamó ella, y de pronto, como si buscara un salvavidas en medio del naufragio, se lanzó con violencia hacia sus brazos.
Antes de que Matías pudiera reaccionar, Clara lo besó. Fue un beso desesperado, caótico, impregnado del sabor del vino y de una urgencia salvaje. Sus labios buscaron los de él con una necesidad casi dolorosa, intentando borrar el peso de la derrota a través de la piel. Matías se quedó congelado por un segundo interminable; el impacto de su boca contra la de ella encendió algo que lo hizo temblar, un impulso primitivo de corresponderle, de encerrarla en sus brazos y olvidarse del mundo.
Llevada por el delirio de la frustración, Clara comenzó a desabrochar con manos torpes los botones de la camisa de Matías, empujándolo hacia el borde del colchón en un intento ciego de arrastrarlo a la cama, de forzar un encuentro íntimo que destruyera las barreras de la farsa de una vez por todas.
—Ojalá las cosas hubieran sido diferentes... —murmuró ella entre los besos, con la voz ahogada, subiendo las manos por su cuello—. Quédate conmigo esta noche, Matías. Hazlo.
El ruego y el roce de sus manos desnudas sobre su pecho fueron la prueba más difícil para el autocontrol de Matías. Le quemaba la sangre, la deseaba con una intensidad que lo asustaba. Pero justo cuando estuvo a punto de ceder y dejarse caer con ella sobre las sábanas, las palabras erráticas de Clara resonaron en su mente como una bofetada de realidad.
Para Matías, ella seguía siendo la esposa amnésica de Julián. Creer que ella lo buscaba solo por la confusión del alcohol, le provocó un asco profundo hacia sí mismo. No iba a aprovecharse de su vulnerabilidad. No de esa manera.
Con un esfuerzo sobrehumano que le tensó cada músculo del cuerpo, Matías le tomó las muñecas, deteniendo sus manos con firmeza pero sin lastimarla. La apartó suavemente de su cuerpo, rompiendo el beso a pesar de que el aire le faltaba en los pulmones.
—No, Clara. Así no —dijo Matías, con la respiración entrecortada y los ojos oscuros fijos en los de ella, destilando una mezcla de dolor y respeto absoluto—. Estás borracha. No sabes lo que haces, y yo no voy a ser el hombre que se aproveche de esto. Mañana te arrepentirías.
Clara lo miró, parpadeando con pesadez, con los labios entreabiertos y el cabello revuelto. La adrenalina del intento comenzó a disiparse tan rápido como había llegado, reemplazada por el peso aplastante del alcohol y el agotamiento emocional que arrastraba. Sus fuerzas se evaporaron en un segundo.
Dejó caer los brazos a los costados, mirándolo con una fijeza triste y vacía, dándose cuenta de que ni siquiera en esa suite tenía el control. Se dejó caer hacia atrás en la cama, rendida por el cansancio. En cuanto su cabeza tocó la almohada, sus ojos se cerraron y el sueño la reclamó de forma implacable, dejando una lágrima solitaria correr por su mejilla.
Matías permaneció de pie junto al lecho durante mucho tiempo, observándola en la penumbra. Con manos temblorosas, le subió las mantas hasta los hombros y le apartó un mechón de cabello de la frente. Luego, se retiró al sofá en la esquina de la habitación, sentándose en la oscuridad con la cabeza entre las manos, sabiendo que la consumación de esa boda los había hundido a ambos en un infierno del que ya no había retorno.
Marcos que noticias traerá y si encontró el vehículo que la atropello.
Como harán porque Clara algún día tiene que dejar de fingir la amnesia allí que dirá o que hará Julian y la Lucia 🤔🤔🤔❓❓❓
Veremos que noticias trae Marcos 🤔🤔🤔❓❓❓
Regresa Marcos después de una semana veremos si encontró el vehículo y que paso con el.