Reencarné para ser la villana, pero el corazón no entiende de guiones.
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Capítulo 9 — Reconocimiento Peligroso
Allí, entre máscaras y reflejos, lo vi: Sebastián, con ojos como noches sin luna, observándome. Su mirada era un peso tangible, una presión invisible que atravesaba mi máscara de terciopelo, que parecía desnudar no solo mi rostro, sino la verdad de mi existencia, la dualidad que me definía. No era la primera vez que nuestras vidas se rozaban; algo en su expresión me dijo que también él recordaba, o al menos sospechaba, la repetición. La Aurelia original había anhelado esa mirada, la había interpretado como un signo de amor, de interés. Yo, ahora, la interpretaba como una amenaza, una pregunta sin palabras.
Acababa de alejar a Lady Eleanor, su rostro un mosaico de consternación y forzada obediencia. La había llevado a una esquina más tranquila del salón, bajo el pretexto de discutir "asuntos importantes" sobre un evento benéfico inexistente. Su cómplice, el hombre de la máscara de oso, había desaparecido en la multitud con una rapidez sospechosa, como una rata que olfatea el peligro. Mi intervención había sido quirúrgica, no un escándalo.
—Lady Eleanor —mi voz, aunque suave, cortó el aire como un cuchillo de seda—, permítame una observación. Siempre he valorado su lealtad, aunque a veces, su… *celo* por protegerme de ciertos elementos de la corte, la lleva por caminos, digamos, imprudentes.
Eleanor tragó saliva. Sus ojos, visibles a través de los agujeros de su máscara, danzaban con nerviosismo.
—Princesa, no entiendo a qué se refiere. Mi única intención es servirle.
—Oh, lo sé —respondí, mi sonrisa no llegaba a mis ojos—. Pero servir a veces implica entender el verdadero juego. ¿Cree usted que una carta, aunque convincentemente falsificada, podría realmente dañar la reputación de la Princesa Elara sin, al mismo tiempo, empañar la credibilidad de quien la presenta? Y más aún, sin provocar la ira de un padre que, por mucho que se le provoquen sus nervios, es mi Rey y el suyo.
La máscara de Eleanor no podía ocultar el pánico que se apoderaba de ella. Su cuerpo se puso rígido.
—Princesa, yo… no sé de qué está hablando.
—¿No? —Levanté una ceja, mi voz aún era suave, pero con un filo apenas perceptible. Acerqué mi rostro al suyo, lo suficiente para que nadie más nos oyera, pero lo bastante cerca para que sintiera el aliento fresco de mi aliento mentolado.— Deje que le refresque la memoria. Un hombre corpulento, con una máscara de oso. Un pergamino sospechoso, con un sello de cera que imita mal el de Eldoria. Y el deseo de ver a Lord Sebastián "presenciar" el descubrimiento de una supuesta traición. Suena como una receta para el desastre, Lady Eleanor. Para *su* desastre.
Ella palideció aún más, si era posible. Sus labios temblaron.
—Princesa, se lo juro, yo… solo seguía instrucciones. La Aurelia… usted misma lo sugirió hace semanas.
Ah, la vieja Aurelia. Otra de sus trampas póstumas. Ella había sido el cerebro de esto. Pero Eleanor había sido la ejecutora dispuesta.
—Las semanas pasan, Eleanor, y las estrategias evolucionan. Lo que parecía una buena idea en un momento de… *acaloramiento*, ahora se revela como una imprudencia que podría socavar no solo la posición de Elara, sino la estabilidad misma de la corte. Y mi propia reputación, por asociación. ¿No cree?
Silencio. Eleanor estaba atrapada. No podía delatarme (a la vieja Aurelia) sin incriminarse a sí misma. Y no podía negar mi nueva verdad sin enfrentarse a mi ira presente.
—Sí, Princesa. Entiendo. Fue una… equivocación.
—Una *grave* equivocación —enfatice, mi voz descendiendo a un susurro gélido—. Y me pregunto, Eleanor, ¿dónde está ahora ese pergamino falsificado? Porque, créame, si aparece esta noche, no solo usted, sino todos los implicados, pagarán un precio muy alto. El Rey no tolera la traición.
El miedo era palpable en sus ojos.
—Se lo aseguro, Princesa. No aparecerá. Me aseguraré de ello. Me encargué de que el… el objeto fuera destruido. Completamente.
[Misión 3: El Error de la Carta. Estado: Completa.]
• *Descripción: Has evitado que la carta falsificada sea utilizada en el baile, protegiendo así tu reputación y la de Elara.*
• *Recompensa: 15 Puntos de Atributo, Habilidad de Discreción (Nivel 1), Herramienta de Detección de Falsificaciones (Nivel 1).*
• *Penalización por fallo: Reducción permanente de 5 Puntos de Atributo, la trama original avanza sin modificación, tu reputación sufre un golpe crítico.*
Un suspiro silencioso de alivio me escapó. Lo había logrado. Había evitado el desastre. Y de paso, había sembrado el miedo en el corazón de una de las aliadas más leales de la Aurelia original. Mi "Habilidad de Discreción" y mi "Herramienta de Detección de Falsificaciones" se sentían ahora como una extensión natural de mi mente.
—Muy bien, Eleanor —dije, mi voz volvió a su tono de control. —, Me alegra saber que podemos contar con su discreción y su… buen juicio. Ahora, si me disculpa, creo que he visto a Lady Seraphina. Quizás quiera unirse a nosotras.
La dejé allí, pálida y temblorosa, la máscara incapaz de ocultar la conmoción en su rostro. La había neutralizado. Por ahora.
Mientras me alejaba, mi mirada volvió instintivamente hacia Sebastián. Él ya no estaba bailando con Elara. Estaba de pie cerca de una columna, su silueta alta y oscura recortada contra la luz de los candelabros, su mirada todavía fija en mí. No había sido el simple acto de una princesa celosa, sino una jugada calculada. Y él lo sabía.