Ella renace en una novela que vio en su vida pasada, hará todo hasta lo imposible por cambiar su destino y no vivir atrás de un hombre que en cualquier oportunidad la traiciona. El interés amoroso de la protagonista en la novela será para ella la Villana no tan Villana…
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17. Reclamo…
Al siguiente día, a eso de las 7 a. m., escucho mi teléfono sonar, me levanto y lo tomo sin ver quién es el que llama.
—Se puede saber por qué hiciste eso —escucho un grito al otro lado de la línea.
—¿Qué? —preguntó sin entender de qué es lo que está hablando.
—No te hagas la tonta, Ginebra —Me sobo los ojos para ver con más claridad, pongo el teléfono al frente mío y ahí leo el nombre de Leonardo.
—Para empezar, no permito que me tontees y, segundo, no sé de qué hablas —dijo tomando asiento en la cama.
—Bien, tú sabes muy bien de lo que estoy hablando, no te hagas la estúpida —Escucho que da un golpe seco en una mesa; seguro ya está en la oficina.
Una sonrisa se forma en mis labios imaginando la furia de Leonardo, pero ¿qué tuvo que pasar para que él se ponga de esta manera si la revista sale hoy?
—Es que eres bruto o tus neuronas se han quemado, no entiendes que no sé de qué hablas o por qué has llamado tan temprano —respondió sonando tranquila.
—Tú, estar en otro país te ha vuelto muy rebelde, pero cuando vuelvas verás cómo corrijo eso, y ya que la señora anda tan olvida, me veo en la penosa situación de recordarle que estás comprometida conmigo y no tienes que andar haciendo shows de bodas falsas con modelos —dice en tono amenazante.
Claro, el señor estaba acostumbrado a que yo, de antes, si me decía algo, no chistaba, o cuando me explica lo de las amantes, yo solo lo perdonaba pensando que él cambiaría.
—Con que de eso hablas, te recuerdo que yo no ando de vacaciones, estoy trabajando y ese show, como lo llamas, forma parte de mi trabajo; además, yo no tengo que rendirte ni que fueras mi hermano —le respondo con el mismo tono de voz.
—A mí no me hablas así, Ginebra Montenegro; te recuerdo que soy tu prometido y así que soy quien te manda —suelta como si fuera mi padre.
—Vete al carajo, Leonardo, tú no eres nadie para controlar mi vida así como yo lo soy en la tuya, así que piérdete, insecto —digo colgando la llamada.
Y este que se ha creído, si aún piensa que soy la misma de antes, está bien equivocado; a mí no me va a venir a mandar un pordiosero de esa calaña, no, señor, primero me arrojo a un río antes de hacerle caso a un hombre de esos.
Suelto una risita al recordar que acepté hacer esto para que Leonardo diera a conocer su verdadero rostro y lo logré. Ahora solo falta la de sus padres; voy a gozar de verlos caer, en especial a sus padres, que en la novela apoyaron la relación de la asistenta con él. Nos quitaron el patrimonio que nuestros padres dejaron en la empresa para dárselo a ellos.
Por otro lado, Leonardo se servía un tequila; su rostro está contraído del enfado. Si esto sigue así, jura que no se casará con una mujer como Ginebra.
—¿Qué le pasa, hombre? No es muy temprano para beber —pregunta Mateo cuando ingresa a la oficina.
—Quizás, pero estoy que me lleva el diablo —Se bebe el trago de un solo sorbo.
—Y eso porque, que yo sepa, anoche le fue muy bien —menciona Mateo observando la expresión de Leonardo.
—Sí, hombre, fue de lo más delicioso —Cierra los ojos pensando en esa chica rubia de anoche.
—Ni que lo diga, pero hablando claro, ¿qué es lo que le pasa? Está como tenso —pregunta Mateo.
Leo guarda silencio recordando la llamada de su madre; ella estaba histérica preguntando por qué Ginebra se atrevía a dar un show de esos, y lo culpó a él por ser un inepto que no sabe cómo hacer que su prometida se comporte.
—Pues Ginebra ha dado un show en una pasarela que ha puesto los pelos de punta a mi madre y también a mí. Cada día esa mujer me tiene harto; si no fuera por la plata que su familia ha invertido en esta empresa, la dejaba —dice sirviéndose otro trago.
—En serio, no sabía que ella tuviera esas etapas de rebeldía —dice levantando una ceja.
De pronto, la puerta de la bodega se abre y por esta sala entra Juliana con un vestido fosforescente color rojo hasta el cuello, un peinado de trenzas a los lados, sus típicas gafas; además, lleva los labios pintados de rojo y los párpados color naranja fuerte.
Mateo parpadea un par de veces, acostumbrándose a la imagen que parece salida de un circo; da un paso atrás, observando cómo Leo echa la cabeza un poco para atrás. Vaya susto el que les ha pegado.
—Buenos días, doctores, ¿cómo les va? —dice sonriendo. Ellos se sientan en señal de que están bien.
—¿Qué es eso, July? —pregunta Leonardo observando la carpeta que Juliana trae consigo.
—Es el catálogo de Royal Tela, me parece que esta es la que mejor se adapta al presupuesto que queremos reducir —dice Juliana pasándoles las carpetas.
—Lo vamos a revisar y según nos vamos para ver la calidad de las telas —afirma Leonardo tomando asiento.
Ella le da una sonrisa que no es correspondida, así que se vuelve a meter al hueco que tiene como oficina. La semana pasada le dijeron que ya había una oficina desocupada, pero ella prefiere estar más cerca de Leo.
—La vio —levanta la mirada Mateo.
—¿Ver qué? —pregunta Leo.
—A su asistente parecía payaso —menciona Mateo.
—Sí la vi, y estoy igual de sorprendido, pero ahorita lo que importa es esto y no ver cómo ella viene vestida —dice Leonardo volviendo a leer.
Volviendo a París, Ginebra se ha dado un baño relajante para pasar el mal rato que le ha dado Leonardo; se vistió con un vestido de lino que parece más pijama y lo es para estar más cómoda.
Al bajar al comedor, se encuentra con Alessandro, quien está desayunando huevos revueltos con pan tostado.
—Buenos días —digo volteando a ver si está mi hermano.
—Buen día, tu hermano ha salido; según tenía que grabar una campaña de productos de cabello —Asiento a lo que me dice.
Entró a la cocina y me sirvo un jugo de naranja; a los segundos entra Alessandro. Veo que comienza a servir desayuno en un plato aparte, mientras que yo solo me recargo en la isla de la cocina.