Dos hermanas en sociedad, Solo una será la protagonista y la otra esposa del Cruel Villano
– No dejaré que se escape mi lindo Villanito -
Esta vez la historia seguiría el curso pero ya no será al antigua hermana de la protagonista quien lloraba y hará tímida, en ella hay alguien poderosa y más terrorífica que el mismo Villano
🔞 Algunas escenas son explícitas
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Esto no era así
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La noche llegó, y Cintia lucía una sonrisa de oreja a oreja; había tomado algo de tiempo para preparar la poción y estar lista.
– Lamento la demora, majestad; tuve algunos contratiempos…–
– No se preocupe; mi padre aún no llega. Podemos tomar algo mientras tanto.– Sonrió Francisco, quien notó una aura oscura alrededor suya y solo apretó los dientes. «Así que… esta mujer está tramando algo.»
Francisco la observó atentamente, deseando ver qué haría a continuación. Cintia entró y se sentó en el sillón.
– Le preparo algo, majestad; soy muy buena en ello.–
Dice mirando de reojo el reloj. Lo haría tomar de inmediato para que, cuando llegara el momento, no se diera cuenta.
– ¡Oh… querido!– Dijo una voz detrás del pasillo.
– Madre…–
– ¡Madre! Qué alegría verla. Estaba a punto de preparar algo; ¿le gustaría probar?–
– Claro que sí.–
Las dos conversaban animadamente esperando al duque y al rey. Francisco notó que ella miraba el reloj constantemente, mientras Cintia alardeaba de haber estudiado mucho y de que seguro habría aprobado las pruebas. Francisco tuvo que contener una risa ante sus mentiras; solo sonrió y se mantuvo en silencio.
…
El rey llegó, y Cintia advirtió el carruaje de su padre. Ya estaba nerviosa: faltaban solo unos minutos para la medianoche, así que trataba de encontrar la manera de aislar a Francisco.
– El duque Regí…–
Anunció el mayordomo. Cintia había puesto una gota en la copa mientras estaba de espaldas y se acercó a Francisco cuando se quedaron solos.
– Majestad… Pruebe esto; es dulce y muy suave.– Sonrió.
Francisco la tomó, pero la nube negra que envolvía la copa lo alertó. «Así que… esto era lo que tramaba.»
– Esa no es…– Balbuceó. Cintia se dio vuelta momentáneamente, y cuando volvió a mirar, él parecía estar tomando de la copa. Sonrió victoriosa.
– ¿Le gustó?– Se acercó más a él.
– Sí…– Sonrió muy coqueto.
El duque entró junto al rey y se acercaron a ellos, pero Catalina se abalanzó sobre Regí con las mejillas rojas.
– ¡¡CATALINA!!–
– Majestad…– Regí estaba nervioso al verla colgada de su cuello.
– Duque… ¿por qué está usted tan lindo?–
Catalina permanecía aferrada a él. Cintia abrió los ojos como platos ante los gritos del rey, quien se sentía ultrajado por su descaro vulgar frente a todos —una auténtica vergüenza. Francisco estaba a punto de morir de risa; aprovechó el caos para despistar a Cintia y cambió la copa por la que su madre había dejado sobre la mesa.
– ¡Madre! ¿Qué significa esto? ¿Cómo puede hacer algo así frente a todos? ¿Qué descaro es este?– Gritó enojado.
– ¿Duque, por qué me evita? ¿Usted me ama? Dígales.–
– Yo no sé qué pasa… Majestad, yo no tengo nada que ver con esto…– Decía nervioso Regí.
– ¡Catalina, ¡bastante! ¿Cómo puede ser tan vulgar? ¿Cómo que te ama? ¡EXIJO UNA EXPLICACIÓN!– El rey estaba furioso.
Catalina lo miró con asco. – Amo al duque… Solo estoy con usted porque puedo hacer lo que se me dé la gana.– Ríe como una loca. – ¿Cómo puede pensar que me atrae? Está viejo, panzón y no c*jes nada bien…–
El rey estaba más que rojo de ira. Cintia permanecía en shock, sintiendo escalofríos. ¿Cómo pasó esto? ¿Acaso el príncipe se dio cuenta? Su cabeza estaba en pánico; ni siquiera quería mirar a Francisco, quien se encontraba detrás suya.
– ¡¡GUARDIAS!! Encierren a la reina y a usted…– Miró a Regí. – ¡A mi oficina, ¡AHORA MISMO!–
– No, Regí… Por favor… Sálvame, yo lo amo, no…– Gritaba Catalina mientras los guardias la sujetaban.
Francisco estaba a punto de perder la compostura. «Esa maldita mujer me dio el mejor regalo… Esa poción sí que era poderosa. Una escoria menos.» Pensó, apretando los dientes para no reírse a carcajadas. «Ahora te toca a ti… mujer insoportable.» Miró a Cintia, quien permanecía en shock observando todo.
– Señorita… ¿usted sabía de su romance?–
Cintia hizo gala de su mejor expresión, negando con preocupación. Aún no entendía qué demonios había pasado y se agarró a Francisco, quien la acarició la espalda fingiendo preocupación mientras miraba cómo llevaban a Catalina, curvando los labios en una mueca maliciosa.
…
desollar es quitar la piel*
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