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LA ESPOSA CIEGA QUE EL CEO NO QUIERE

LA ESPOSA CIEGA QUE EL CEO NO QUIERE

Status: En proceso
Genre:CEO / Matrimonio arreglado / Romance
Popularitas:17.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

En una guerra de orgullo y desprecio, ¿quién caerá primero? ¿El hombre que lo tiene todo o la mujer que aprendió a brillar sin luz?
Puntos clave de la trama

NovelToon tiene autorización de Azly colon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 16

La luz de Ginebra no era como la de casa. Era un resplandor blanco, aséptico, que se filtraba a través de las cortinas de la clínica con una insistencia que me hería los ojos. Cerré los párpados con fuerza, sintiendo el escozor de la reciente cirugía, esa punzada eléctrica que me recordaba que mi mundo ya no era solo de seda y sombras. Pero el dolor físico era un eco lejano comparado con el caos que rugía al otro lado de la puerta.

—Alexander... —mi voz sonó quebrada, un hilo de angustia que buscaba el anclaje de su presencia.

Sentí el peso de su cuerpo inclinándose sobre mi cama. El aroma a sándalo, ahora mezclado con el olor metálico de la nieve suiza que traía en su abrigo, me rodeó como un escudo. Sus manos, esas manos que habían pagado por mi silencio y que ahora sostenían mi vida, me tomaron el rostro con una delicadeza que me hizo temblar.

—No te muevas, Elina. Solo mírame a mí —su voz era un susurro ronco, cargado de una urgencia que nunca le había escuchado.

Mis ojos, todavía desenfocados, buscaron los suyos. El azul tormentoso de su mirada era lo único sólido en una habitación que empezaba a llenarse de sombras uniformadas. Marcus lo había hecho. Había lanzado su ataque final justo cuando yo recuperaba la capacidad de señalar al culpable. Las acusaciones de manipulación de pruebas y retención ilegal eran el veneno perfecto para destruir la fusión y, de paso, llevarse a Alexander por delante.

—Señor Thorne, debe acompañarnos. Tenemos una orden de comparecencia inmediata —la voz del oficial suizo era gélida, desprovista de emoción.

Alexander no apartó los ojos de los míos. Pude ver la lucha interna, la furia de un hombre acostumbrado a mandar chocando contra la necesidad de protegerme. Sus pulgares acariciaron mis pómulos, trazando el camino de las lágrimas que no podía contener. La sensualidad de su toque, incluso en medio del desastre, era una llama que me mantenía viva.

—Voy a solucionar esto —dijo, y se inclinó para besar mi frente con una devoción que me desgarró el alma—. Julian se quedará en la puerta. Nadie entrará aquí. Ni médicos, ni prensa, ni Marcus. ¿Me has oído? Nadie.

—¿Y si no vuelves? —le agarré la muñeca, sintiendo el latido errático de su pulso.

Él sonrió, una mueca amarga y oscura que no llegó a sus ojos.

—Tendrían que matarme para alejarme de ti ahora que por fin puedes verme, Elina.

Se puso en pie, recuperando esa estatura imponente que lo hacía parecer un gigante de hielo. Escuché el roce de su abrigo, el sonido metálico de las esposas que, aunque no las vi, supuse que formaban parte del protocolo. Alexander Thorne, el hombre que compraba voluntades, salía de mi habitación escoltado como un criminal común.

El silencio que siguió fue asfixiante. Me quedé sola con mi nueva y frágil visión, observando los detalles de la habitación que antes solo había imaginado: la textura de la pared de estuco, el brillo de la bandeja de plata con jazmines ahora marchitos, y el blanco infinito de los Alpes a través del cristal. Cada objeto era un descubrimiento, pero cada descubrimiento me recordaba su ausencia.

Pasaron las horas. El sol empezó a descender, tiñendo las cumbres de un naranja sangriento. Julian, el jefe de seguridad de Alexander, entraba de vez en cuando para comprobar que yo estaba bien, pero su rostro era una máscara de piedra que no revelaba nada. El mundo exterior estaba en llamas. En la tablet que me dejó, vi los titulares: "El escándalo Thorne: ¿Amor u obsesión criminal?". Las fotos de nuestra boda fría estaban por todas partes, contrastadas con las imágenes de Alexander siendo escoltado fuera de la clínica.

La noche cayó sobre Suiza con una pesadez de plomo. Me sentía atrapada en una jaula de cristal. La ceguera me había protegido de muchas realidades, pero ahora, con los ojos abiertos, la verdad era insoportable. Mi padre me había vendido, Marcus me usaba como arma y Alexander... Alexander me había comprado para salvarme de ellos, convirtiéndose en el villano de mi historia para no dejarme ver a los verdaderos monstruos.

De repente, un ruido en el pasillo me puso alerta. No eran los pasos firmes de Julian. Era un sonido sibilante, el roce de una tela costosa contra las paredes. La puerta se abrió sin previo aviso.

—Vaya, así que la Reina por fin ha recuperado su corona —la voz de Vanessa destilaba un veneno melodioso. Entró en la habitación luciendo un abrigo de piel negro, con los ojos brillantes de una satisfacción malévola—. Debo admitir que tienes mejor aspecto del que esperaba, Elina. Lástima que hayas despertado justo para ver la caída de tu imperio.

—Fuera de aquí, Vanessa —dije, tratando de que mi voz no flaqueara mientras me incorporaba en la cama.

—Oh, no seas así. He venido a traerte un regalo de despedida —se acercó a la cama, arrojando una carpeta sobre mis piernas. Era la misma carpeta roja, pero esta vez contenía documentos nuevos—. Alexander no solo compró tu silencio. Compró las pruebas que implicaban a tu padre en el fraude de la fusión. Si él cae, tu padre va a la cárcel. Si él se salva, tú sigues siendo su prisionera legal. No hay salida, querida.

Miré los documentos. Mis ojos, todavía cansados, recorrieron las firmas y los sellos. Era un laberinto de traiciones cruzadas. Alexander me tenía atrapada no solo por el matrimonio, sino por el destino de mi familia. La protección obsesiva que me ofrecía era una cadena de oro, pero cadena al fin y al cabo.

—Él lo hizo por mí —susurré, más para convencerme a mí misma que a ella.

—Lo hizo por él —rio Vanessa, acercándose tanto que pude oler su perfume sintético—. Porque no soporta perder. Y tú eres el trofeo más caro que ha ganado nunca. Pero Marcus ya ha hablado con el fiscal. Alexander no pasará la noche en libertad. Y tú... tú vas a firmar la anulación por coacción si quieres que tu padre no muera en una celda.

Vanessa se inclinó sobre mí, y por un momento vi el reflejo de mi propia debilidad en sus ojos. Me sentí pequeña, de nuevo la niña ciega que dependía de la voluntad de otros. Pero entonces, recordé el calor de las manos de Alexander, la forma en que su voz temblaba cuando creía que yo no lo escuchaba, y la ferocidad con la que me había defendido de este mismo veneno.

—No voy a firmar nada —dije, clavando mi mirada en la suya. Por primera vez, Vanessa retrocedió ante la intensidad de mis ojos recuperados—. Y ahora, sal de mi habitación antes de que llame a seguridad para que te saquen como la basura que eres.

Vanessa apretó los dientes, su máscara de elegancia agrietándose. Salió de la habitación dejando tras de sí un rastro de amargura. Me quedé temblando, con los papeles de la traición sobre mis rodillas. La luz de la luna suiza entraba por la ventana, bañándolo todo en una plata fría que me recordaba a Alexander.

Necesitaba verlo. Necesitaba que me mirara a los ojos ahora que yo podía sostenerle la mirada.

Llamé a Julian. Entró de inmediato, con el teléfono pegado a la oreja.

—Señora, el señor Thorne ha conseguido una fianza excepcional, pero está bajo arresto domiciliario en el hotel —dijo Julian, su voz por fin mostrando una grieta de alivio—. Quiere que permanezca aquí hasta que la seguridad sea absoluta.

—No —me levanté de la cama, ignorando el mareo que me produjo el movimiento brusco—. Llévame con él. No voy a pasar ni un minuto más en esta clínica siendo el objeto de sus negociaciones.

—Pero el médico...

—¡El médico no sabe nada de lo que está pasando en mi vida, Julian! —grité, y mi voz resonó en las paredes blancas—. Llévame con mi marido. Ahora.

Julian asintió, derrotado por una voluntad que no esperaba ver en mí. Me ayudó a vestirme con un abrigo de lana gruesa y me guio hacia el coche que esperaba en la salida trasera. El aire de la noche suiza me golpeó como una bofetada de realidad. El trayecto hacia el hotel de lujo donde Alexander estaba confinado fue un borrón de luces y sombras. Ginebra se veía hermosa bajo la nieve, pero yo solo podía pensar en el hombre que estaba encerrado en una suite de oro esperando su sentencia.

Al llegar al hotel, la seguridad era extrema. Detectives privados y agentes locales custodiaban la planta superior. Julian me escoltó a través del vestíbulo lateral, evitando a la prensa que acampaba en la puerta principal. Entramos en el ascensor y el silencio se volvió denso. Mis manos sudaban dentro de los bolsillos del abrigo.

Cuando la puerta de la suite se abrió, lo vi.

Alexander estaba de pie frente a la cristalera que daba al lago. Se había quitado la chaqueta y la corbata; las mangas de su camisa blanca estaban remangadas, revelando la tensión en sus antebrazos. Tenía un vaso de whisky en la mano, pero no bebía. Parecía una estatua de mármol rota por la mitad. Al escuchar la puerta, se giró con una lentitud que me dolió.

Sus ojos se encontraron con los míos. Ya no había médicos entre nosotros, ni vendas, ni sombras. Solo la luz cruda de la lámpara de cristal sobre nuestras cabezas.

—No deberías estar aquí, Elina —dijo, y su voz fue un susurro roto que me hizo correr hacia él.

No me detuve hasta que choqué contra su pecho. Sus brazos me rodearon al instante, apretándome con una fuerza que me dejó sin aire, como si quisiera fundirme con su propio cuerpo para que nadie pudiera llevárselo. Enterré el rostro en su camisa, respirando su aroma, sintiendo el calor que tanto había añorado en la soledad de la clínica.

—Vanessa vino a verme —dije contra su pecho—. Me mostró los papeles de mi padre. Sé lo que hiciste, Alexander. Sé que lo compraste todo.

Él me separó un poco, tomándome el rostro para obligarme a mirarlo. Sus ojos azules estaban empañados por una emoción que no podía ocultar.

—Lo hice para que tuvieras algo a lo que volver si yo caía —confesó, y su pulgar acarició mi labio inferior con una sensualidad desesperada—. Todo lo que he construido, Elina... no significa nada si tú no estás en el centro. Marcus puede quitarme la empresa, puede quitarme el nombre, pero no dejaré que te quite a ti.

Me besó con una pasión que borró todo el dolor de las últimas horas. Fue un beso de reencuentro, de reconocimiento, de dos almas que se habían encontrado en la oscuridad y que ahora intentaban aprender a vivir en la luz. Sus manos recorrieron mi espalda, bajando por mis caderas con una urgencia que me hizo gemir contra su boca. En medio de la tormenta legal y el escándalo mundial, solo existía ese contacto, esa protección obsesiva que se estaba transformando en algo mucho más profundo y peligroso.

—Solo yo puedo protegerte, Elina —susurró contra mi cuello, su voz vibrando en mis huesos—. Nadie más tiene derecho a tocarte. Ni Marcus, ni tu padre, ni el mundo.

Me llevó hacia el sofá, sentándome en su regazo mientras la nieve seguía cayendo silenciosa sobre el lago Lemán. Estábamos solos en la cima del mundo, rodeados de enemigos, pero por primera vez, no sentía que fuera su prisionera. Era su compañera en un juego donde las reglas estaban a punto de cambiar para siempre.

De pronto, el teléfono de Alexander comenzó a sonar en la mesa auxiliar. Era una llamada encriptada. Él lo miró con desprecio, pero sabía que no podía ignorarlo.

—Es el abogado —dijo, soltando un suspiro cargado de cansancio—. Marcus ha movido la última ficha. Han encontrado al mecánico, Elina. El hombre que manipuló tu coche está en Ginebra, y no viene a declarar a mi favor.

Me quedé helada en sus brazos, sintiendo cómo la luz que acabábamos de encontrar volvía a nublarse por las sombras del pasado que se negaban a morir.

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Clarita Gonzalez
estás istorias ya se están volviendo aburridoras asi
Clarita Gonzalez
😭😭😭😭😭
Clarita Gonzalez
Huy no está buena pero cuando terminara está istoria y como será el final no será esperar cuando pongan los otros capítulos q rrabia
Clarita Gonzalez
bueno escritora hasta cuándo esperamos los últimos capitulos ya muchas semanas y nada no deje las novelas a medias
Sonia Nalbandian
Holaa.. tendrías q buscar y utilizar otro término,ya q en infinidades de oportunidades repetis😭 SEXUALIDAD!!!
Clarita Gonzalez
🤭🤭😭😭😭
Clarita Gonzalez: q rrabia no termina las novelas completas y uno espere y espere semanas y nada
total 1 replies
Clarita Gonzalez
😭🤭
Melanny Guevara
no entendí, no la habían operado antes?
Clarita Gonzalez
😭😭
Clarita Gonzalez
hay q pereza lo dejan a uno en ascuas y la escritora no deja BN los capitulos ni los termina😭
Clarita Gonzalez
escritora lleva cuatro semanas q no escribe los capitulos de la novela porfavor son varias q se quedan así por falta de escritura
Clarita Gonzalez
cuando sube los otros capítulos escritora 👏
Clarita Gonzalez
hay escritora porq tan corto este capítulo porfavor no nos deje así en ascuas siga la lectura de la historia porfavor gracias eee dejado de leer varias novelas pensando q terminaban así 👏🥰
Clarita Gonzalez
faltan más capitulos escritora porfavor espero q estés BN para q termines los capitulos dios te bendiga grandemente tus manos para q sigas escribiendo 🥰
Luisana Carmona
me gusta el contraste de las palabras y la secuencia de la narración extensa que te atrapa y sigues leyendo cada palabra sin parar Hasta el final
Luisana Carmona
está novela oh es muy nueva o solo no comentan ☺️
Clarita Gonzalez
hay escritora q termine BN está istoria muy traumática para ellos pero el muy lindo como la proteje🥰
Betty Saavedra Alvarado
Elina te obligaron a casarte con Alexander tu le vas a dar guerra
Cliente anónimo
Por que en cada capítulo colocas al sensualidad ?
Clarita Gonzalez
escritora y como termina esta historia no hay final o sigue la otra parte y cuando
Clarita Gonzalez: si me gustó y mucho pero le falta para saber en qué termina esta maravillosa historieta 👏
total 1 replies
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