Morí una vez por ser quien era.
Reencarné en una historia donde el villano estaba destinado a caer.
El héroe eligió al omega correcto.
El mundo celebró.
Yo elegí al villano.
Sethiel, un omega que recuerda su vida pasada, decide quedarse al lado del hombre condenado por amar demasiado.
Un BL omegaverse oscuro sobre obsesión, elección y destino reescrito.
NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 13 Cuando el deseo deja huella
El silencio entre ellos había dejado de ser un vacío hacía horas.
Ahora era presión.
La habitación no ofrecía refugio ni intimidad amable. Era funcional, casi áspera, como todo en Blackthorne: una cama amplia, una mesa desnuda, una ventana alta por donde entraba un hilo de luz nocturna. Nada suavizaba la tensión que crecía entre dos cuerpos demasiado conscientes el uno del otro.
Sethiel fue el primero en moverse.
No con prisa.
No con cautela.
Se sentó al borde de la cama y dejó que el peso de su cuerpo se asentara, los pies descalzos sobre el suelo frío. La camisa holgada cayó con naturalidad sobre sus hombros. No buscaba provocar, pero tampoco ocultaba nada. Sabía que Draven lo observaba, incluso sin mirarlo directamente.
—No te muevas así —dijo Draven en voz baja.
Sethiel giró el rostro con lentitud.
—¿Así cómo?
Draven no respondió de inmediato. Apoyado contra la pared opuesta, con los brazos cruzados y la mandíbula tensa, parecía gastar toda su energía en contenerse.
—Como si supieras exactamente lo que haces.
Sethiel sonrió apenas. No fue dulzura ni burla. Fue certeza.
—Lo sé.
Se puso de pie con calma. La tela se deslizó por su torso, marcando la línea de su cintura, la firmeza de su espalda, la curva de sus hombros. No era exhibición. Era presencia.
Draven dio un paso adelante antes de notarlo.
—No me tientes —dijo, y sonó más a advertencia que a orden.
Sethiel acortó la distancia sin tocarlo. Se detuvo lo bastante cerca como para que el aire entre ambos se volviera denso, eléctrico.
—No te tiento —respondió en voz baja—.
—Te deseo.
La palabra quedó entre ellos, clara, sin temblor.
Draven alzó la mano. Dudó apenas, como otras veces, pero no se detuvo. Sus dedos rozaron la clavícula de Sethiel, apenas un contacto, como si probara un límite invisible.
Fue mínimo.
El efecto, no.
Sethiel no se movió. No cerró los ojos. No buscó más. Permitió el roce sin convertirlo en demanda.
—Si sigo —murmuró Draven—, no sabré dónde parar.
Sethiel sostuvo su mirada.
—No te pido control.
—Te pido decisión.
Los dedos de Draven descendieron apenas, lo suficiente para sentir el calor bajo la tela, el pulso constante. No fue posesión. Fue reconocimiento.
Respiró hondo y apartó la mano.
—No esta noche.
Sethiel no mostró decepción ni alivio. Solo honestidad.
—No te estoy apurando.
—Solo no voy a retroceder.
Draven dio un paso atrás. El deseo no desapareció; quedó suspendido, como una marca.
—Te mueves como si no temieras nada —dijo, buscando sostenerse en las palabras.
—Temo muchas cosas —respondió Sethiel—.
—Perderme a mí no es una de ellas.
El silencio regresó, más denso.
Sethiel se apartó con calma y se apoyó en la mesa, cruzándose de brazos. No ofrecía. No evitaba. Simplemente estaba.
—No busco una noche para olvidar —continuó—.
—Busco una frontera que no se cruce por error.
Draven lo observó con atención renovada. Lo inquietante no era solo el deseo, sino la forma en que Sethiel lo habitaba: sin pedir permiso, sin dividir cuerpo y mente.
—No soy gentil —dijo Draven—.
—No prometo cuidado si cruzamos esa línea.
Sethiel asintió, sin vacilar.
—No te pedí cuidado.
—Te pedí verdad.
Se acercó un poco más. Sin tocar. Lo suficiente para ser sentido.
—No estoy aquí para ser contenido —añadió—.
—Estoy aquí porque te quiero completo. Incluso cuando no sabes dónde poner las manos.
Draven cerró los ojos un instante. Cuando los abrió, la tensión había cambiado de forma.
—Si te toco —dijo—, no será para probar.
Sethiel no apartó la mirada.
—Cuando lo hagas, no retrocederé.
El silencio se volvió casi insoportable.
Draven bajó la mano y dio un paso atrás. La decisión fue clara, aunque tensa.
—No esta noche —repitió.
Sethiel no insistió.
—No te estaba apurando.
Se apartó y se sentó junto a la ventana. Cruzó las piernas con calma y miró hacia afuera antes de hablar.
—Dormiré aquí.
—No voy a fingir distancia.
Draven asintió.
—Yo también.
La noche avanzó sin palabras innecesarias. No se desvistieron frente al otro. No se tocaron. Pero la presencia era constante, imposible de ignorar.
Cuando la luz se apagó, la habitación quedó en sombras suaves. No compartieron la cama. No hacía falta. Nadie durmió realmente solo.
En la oscuridad, Sethiel habló sin dramatismo:
—No voy a cansarme.
—Ni de desearte.
—Ni de quedarme.
Draven tardó en responder. Cuando lo hizo, su voz fue grave, sincera.
—Eso… me obliga a decidir.
Sethiel sonrió en la penumbra, invisible.
—Para eso me quedé.
El silencio que siguió no fue incómodo.
Fue frontera.
El deseo no se había consumado, pero había dejado huella.
Y ambos sabían que ya no podían fingir que aquello no existía.
en esa relación no existen las medias naranjas, existen los iguales que se consideran mutuamente, con el entendimiento de que nadie necesita de sobre protección o sumisión, solo la presencia de ese ser bastan.
Los errores siempre estarán, como siempre estarán las decisiones tomadas de entonces, lo único que siempre se podrá cambiar es la actitud , criterio y el entendimiento de uno mismo cuando sepa cuales fueron sus resultados respecto a las desiciones tomadas.
escritora no dejes de escribir, ya que con una escritura perdida tuya, perdemos una lectura llena de emociones variadas que nos pueden hacer disfrutar tanto de una lectura.