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La Sumisión Del Mafioso (Jaque Al Corazón)

La Sumisión Del Mafioso (Jaque Al Corazón)

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / CEO / Mafia
Popularitas:5.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Yamila22

Un contrato de sangre. Un matrimonio obligado. Un pecado imposible de ocultar.
Para su padre, ella es solo una pieza de ajedrez en un juego de poder. Para Arturo Rial, el hombre con el que debe casarse por obligación, ella es un frío contrato de negocios.
Pero todo cambia cuando aparece el hermano mayor de Arturo, un hombre que no conoce la palabra "no". Él no quiere un acuerdo; la quiere a ella. Entre los rincones oscuros de la mansión, él la marca, la reclama y la convierte en su mundo, desatando una obsesión que amenaza con destruirlo todo.
En este juego de traiciones, ella es la niña dulce que se convertirá en la caída del hombre más peligroso de la mafia.

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Capitulo 14

El estruendo de una flota de camionetas blindadas cruzando los portones de hierro de la mansión despertó a Isabella mucho antes de lo habitual. Al asomarse al ventanal, vio a un despliegue de hombres armados vestidos de gala negra. En el centro de todos ellos, un hombre mayor, de caminar lento pero firme, avanzaba con un bastón con empuñadura de plata.

Era Don Silvano Rial, el jefe máximo, el padre de Arturo y Vincenzo. Su regreso no estaba planeado hasta después de la boda, lo que significaba que algo muy grave —o una sospecha muy grande— lo había hecho volver antes.

El desayuno de esa mañana se trasladó al gran salón del consejo, un lugar frío y solemne donde se tomaban las decisiones de vida o muerte de la organización. El ambiente estaba tan cargado que se podía cortar con un cuchillo. Don Silvano presidía la larga mesa de caoba. A su derecha se sentaba Arturo, visiblemente nervioso, y a la izquierda, Vincenzo, quien mantenía una postura relajada, casi aburrida, pero con los ojos fijos en cada movimiento de su padre. Isabella fue colocada en el extremo opuesto, sintiéndose como una acusada en un juicio.

—Las cosas en el norte están flojas, Arturo —comenzó Don Silvano, su voz raspada por los años y el tabaco resonando con una autoridad incuestionable—. Me informan que perdiste otro cargamento en el puerto. Un líder no comete el mismo error dos veces.

Arturo tragó saliva, ajustándose el cuello de la camisa con dedos temblorosos.

—Fue un problema de los transportistas, padre. Ya lo tengo solucionado. Además, la alianza con la familia de Isabella está consolidada. La prensa y los socios están conformes.

Don Silvano desvió su mirada severa hacia Isabella. La recorrió de arriba abajo, evaluando su postura. Bella intentó mantener la espalda recta, pero el miedo a que el viejo descubriera sus pecados la hacía desear volverse invisible. El cuello alto de su vestido azul oscuro era su única protección contra las marcas que Vincenzo le había dejado la noche anterior en la oscuridad de su cama.

—La niña es hermosa, eso no se niega —dijo el viejo Rial—. Pero una esposa hermosa no recupera el dinero perdido en los muelles. Si no puedes controlar tus rutas, Arturo, ¿cómo esperas controlar a este clan?

Vincenzo soltó una risa seca, un sonido ronco que hizo que Arturo se tensara en su silla. El hermano mayor dio un sorbo a su café y miró a su padre directamente a los ojos.

—Arturo no puede controlar las rutas porque le teme al barro, padre —soltó Vincenzo con un tono implacable—. Envía contables en lugar de soldados. Si me dejas a cargo de la seguridad del puerto por veinticuatro horas, te aseguro que los traidores colgarán de los puentes antes del amanecer.

Arturo golpeó la mesa con el puño, la cara encendida de pura humillación y rabia.

—¡Tú tienes tu propia gente, Vincenzo! ¡Déjame en paz! Mi padre ya me nombró el heredero.

—Te nombré porque Vincenzo no quería el puesto —intervino Don Silvano, clavando una mirada calculadora en su hijo mayor—. Pero veo que has vuelto a pasar mucho tiempo en esta casa, Vincenzo. ¿A qué se debe el cambio? Tú odias la burocracia familiar.

Vincenzo no respondió de inmediato. Se reclinó en su asiento, cruzando sus brazos corpulentos y grandotes, y desvió sus ojos grises hacia Isabella. La miró con una fijeza tan cargada de posesión y deseo prohibido que a ella se le cortó la respiración. Frente a su padre y frente a su propio hermano, Vincenzo no se molestó en ocultar lo que quería.

—He encontrado algo en esta mansión que vale la pena proteger, padre —dijo Vincenzo, arrastrando las palabras con una seguridad letal—. Algo que Arturo está descuidando. Y tú sabes que yo nunca dejo que las cosas valiosas se echen a perder.

Arturo palideció. Miró a Vincenzo y luego a Isabella, la paranoia carcomiéndole las entrañas. Sabía perfectamente a qué se refería su hermano. El terror de que Vincenzo decidiera hablar y pedirle el control de la mafia a su padre era real; Arturo sabía que si Vincenzo decía "quiero el liderazgo", Don Silvano se lo entregaría en bandeja de plata, porque el viejo siempre había sabido quién era el verdadero lobo de la familia.

—Isabella es mía, Vincenzo —masulló Arturo, con la voz temblando de furia contenida, estirando la mano por encima de la mesa para apretar bruscamente la muñeca de Bella, como queriendo marcar su territorio frente a su padre.

Bella ahogó un gemido. El agarre de Arturo fue rudo, desesperado.

Vincenzo se levantó de la silla de golpe. Su silueta masiva e imponente proyectó una sombra gigante sobre la mesa, haciendo que incluso los guardaespaldas de Don Silvano llevaran las manos a sus fundas. Los ojos grises del hermano mayor brillaban con una violencia salvaje.

—Suéltala, Arturo —ordenó Vincenzo, su voz bajando a un registro tan grave que pareció hacer vibrar los cristales del salón—. Te lo advertí una vez. No habrá una segunda.

Don Silvano observó la escena en silencio, con una sonrisa fría y calculadora formándose en sus labios viejos. El patriarca no estaba enfadado; estaba evaluando. En el mundo de la mafia, el poder no se hereda, se arrebata, y el viejo Rial acababa de ver que la dulce Isabella era la debilidad de uno y el detonante del otro.

—Basta —sentenció el viejo, golpeando el suelo con su bastón—. La boda sigue en pie para la próxima semana. Pero Arturo... si de aquí a la fecha de la ceremonia no has recuperado el control del puerto, reconsideraré quién firmará ese contrato de alianza. Vincenzo, tú te encargarás de la escolta de Isabella a partir de hoy. No quiero cabos sueltos.

Arturo abrió la boca para protestar, pero la mirada de su padre lo silenció por completo. Se quedó allí, humillado, derrotación y con el brazo temblando, sabiendo que acababa de meter al lobo directamente en el corral de su oveja.

Isabella miró a Vincenzo. El hermano mayor le dedicó una sonrisa lobuna desde lo alto de su imponente estatura, una promesa de que el infierno que habían desatado en la oscuridad estaba a punto de devorar la mansión Rial a plena luz del día. La culpa en el pecho de Bella ya no importaba; ahora estaba atrapada en el centro de una guerra por el trono, y ella era el premio mayor que el verdadero heredero ya había decidido cobrar con sangre.

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Maria Mongelos
Gracias querida escritora por estos capítulos 💕
Maria Mongelos
Y Arturo en que terminó, porque mientras siga vivo hay peligro
Maria Mongelos
Esta muy buena la historia 💕
Maria Mongelos
Bebé en camino en medio de esta guerra de poder, quieren lastimar a Bella porque es el punto débil de Vincenzo
Maria Mongelos
Pobre Arturo se quedó sin nada
Maria Mongelos
Isabella ya no es la sumisa de Arturo, es la mujer que necesita Vicenzo a su lado
Maria Mongelos
Arturo cree que puede vengarse de su hermano, no lo conoce bien, Vincenzo le va a dar su merecido
Maria Mongelos
Pobre Bella, donde fué a parar
Maria Mongelos
Está muy linda esta historia 💕
Nairobis Cardozo Portillo
Vicenzo ojos bien abiertos Arturo te entregó a los enemigos
Elisabeth Figueroa
👏👏👏👏👏👏/Smile//Smirk/
Nairobis Cardozo Portillo
❤️❤️❤️🔥🔥
Maria Mongelos
Esto está muy intenso
Maria Mongelos
Vicenzo es el heredero por derecho, esta reclamando algo que suyo
Nairobis Cardozo Portillo
Buenísima historia 👏👏👏
Nairobis Cardozo Portillo
👏👏👏👏
Maria Mongelos
Vincenzo toma lo que quiere sin pedir permiso, en este caso la presa es Isabella
Maria Mongelos
Ya está muy buena esta historia
Maria Mongelos
Isabela se metió en la boca del lobo y ese es Vincenso
Nairobis Cardozo Portillo
👏👏👏👏👏
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