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BAJO LAS ALAS DEL AMOR

BAJO LAS ALAS DEL AMOR

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Romance
Popularitas:2.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Marilinaa

Tras un matrimonio que se desmorona en el silencio y la indiferencia, un encuentro fortuito la sumerge en la vorágine de una pasión que jamás creyó posible. Alejandro, un hombre enigmático y arrollador, emerge de entre las sombras de su pasado, trayendo consigo no solo un amor avasallador, sino también un turbulento secreto que podría destruirlos.

Isabella, una mujer que ha luchado por mantener en pie su independencia y su corazón, se ve arrastrada a un mundo de deseo incontrolable y decisiones prohibidas. A medida que sus cuerpos se entrelazan en encuentros que desafían toda convención, también lo hacen sus almas, forjando un vínculo que es tan peligroso como irresistible. Pero el camino del amor verdadero nunca es sencillo.

NovelToon tiene autorización de Marilinaa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 14

Leonardo Lombardi no era un hombre que prestara demasiada atención a los detalles sutiles, al menos no cuando se trataba de su esposa. Para él, Isabella siempre había sido una pieza más en su tablero de juego: hermosa, discreta, obediente y perfecta para ocupar el lugar de señora de la casa y acompañante en sus actos sociales. Durante mucho tiempo, la había visto como algo que le pertenecía, un objeto que estaba ahí para adornar su vida, pero al que apenas dedicaba pensamiento o cariño. Sin embargo, desde hacía unas semanas, algo había cambiado en ella, y por más que intentara ignorarlo, no podía dejar de notarlo.

Lo primero que llamó su atención fue su mirada. Antes, los ojos de Isabella eran hermosos, sí, pero apagados, siempre con esa sombra de tristeza o aburrimiento que él había aprendido a ignorar. Ahora, en cambio, brillaban. Brillaban con una luz nueva, intensa y viva, que iluminaba todo su rostro. Caminaba con otra postura, más erguida, más segura de sí misma, como si de repente hubiera descubierto que ocupaba espacio en el mundo. Se arreglaba con más esmero, se reía con más facilidad, y había en ella una alegría serena y constante que Leonardo nunca le había conocido.

Al principio, se dijo a sí mismo que quizás se trataba de una simple mejora de humor, o que simplemente le habría dado por estar contenta. Pero poco a poco, esa idea comenzó a molestarle. Leonardo era un hombre de posesiones, y todo lo que era suyo debía responder a su voluntad, debía depender de él para estar bien o mal. Ver a Isabella tan radiante, tan plena, sin que él hubiera tenido nada que ver con eso, le provocaba una incomodidad que no lograba explicar. Y entonces, la sospecha comenzó a germinar en su mente, alimentada por su naturaleza celosa y controladora.

¿Qué le pasa?, se preguntaba una noche, observándola desde el otro extremo de la mesa del comedor, mientras ella comía tranquila, con una media sonrisa en los labios, seguramente perdida en pensamientos que no incluían a su marido. ¿Por qué está tan feliz de repente? ¿Y con quién está cuando no está conmigo?

Porque también había notado que ella salía más a menudo. Antes, se quedaba en casa la mayor parte del tiempo, o iba a visitas que él conocía perfectamente. Ahora, tenía citas de trabajo, reuniones con amigas, encargos que hacer… excusas que parecían válidas, pero que a él le sonaban cada vez más falsas. Y cada vez que volvía de esas salidas, traía consigo ese mismo brillo en los ojos, ese mismo aire de satisfacción secreta que empezaba a volverlo loco.

—Has estado muy ocupada últimamente —le dijo de repente, cortando el silencio, con un tono que pretendía ser casual pero que sonó más a acusación—. Muchas reuniones, muchas salidas… Casi no te veo en casa.

Isabella levantó la vista sorprendida, pero mantuvo la calma, ocultando muy bien el nervio que le recorrió el cuerpo. Había aprendido rápido a mentir, a disimular, a llevar dos vidas al mismo tiempo.

—Es el trabajo, Leonardo —respondió con suavidad—. Me han encargado unos diseños nuevos, y me gusta dedicarles tiempo. Además, Sofía necesita ayuda con unos asuntos. Ya lo sabes.

Leonardo la miró fijamente, clavando sus ojos fríos en los de ella, buscando cualquier rastro de mentira.

—¿Sofía? —repitió, lento y pensativo—. Curioso, porque la vi ayer, y no mencionó nada de que necesitara tu ayuda. De hecho, dijo que hace días que no la ves.

El corazón de Isabella dio un vuelco, pero se obligó a sí misma a no desviar la mirada.

—Ah, bueno… lo que pasa es que se lo dije hace un par de días. Ya sabes cómo es ella, se olvida de todo —se defendió, mientras sentía cómo la tensión crecía entre ellos.

Leonardo no dijo nada más, pero su silencio fue mucho más amenazador que cualquier grito. Sabía que ella le estaba ocultando algo. No tenía pruebas todavía, pero su instinto de depredador le gritaba que algo andaba mal. Y lo que más le dolía, lo que más le hervía la sangre, era pensar que esa alegría, esa confianza, esa vida nueva que ella irradiaba, se la estaba dando otro hombre. La sola idea de que alguien más estuviera tocando lo que era suyo, de que alguien más estuviera haciendo sentir cosas a su esposa que él nunca se había molestado en provocar, despertaba en él una furia oscura y posesiva.

A partir de ese día, las preguntas se volvieron más frecuentes, más incisivas, más afiladas. Leonardo quería saber dónde iba, a qué hora volvía, con quién hablaba, de qué hablaban, cuánto tiempo se quedaba. Revisaba sutilmente sus cosas, sus agendas, su bolso, buscando cualquier indicio, cualquier nota, cualquier rastro que le confirmara sus miedos.

Y cuando no estaba con ella, comenzaba a mover hilos. Contrató discretamente a un investigador privado, alguien de su absoluta confianza, para que siguiera sus pasos, para que averiguara cada uno de sus movimientos, con quién se veía, a dónde entraba y de dónde salía. Tejió una red invisible de vigilancia alrededor de Isabella, una red que se estrechaba poco a poco, sin que ella se diera cuenta del todo.

—Tú eres mía —murmuró para sí mismo una noche, mientras la veía dormir, con una expresión tranquila y dulce en su rostro—. Todo lo que eres, todo lo que tienes, me pertenece a mí. Y si descubro que alguien más ha puesto una sola mano sobre ti… te aseguro que se arrepentirán de haber nacido.

Leonardo ya no sentía amor, ni siquiera afecto. Lo que sentía ahora era el orgullo herido de un hombre que cree que le han robado algo, y la determinación absoluta de recuperar el control, de castigar la osadía, y de destruir a cualquiera que se atreviera a interponerse en su camino. La guerra, aunque ella no lo sabía todavía, ya había comenzado.

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Miriam Ramirez
buenisima autora espero la siguiente historia gracias x compartir su talento un abrazo y asta pronto👏👏👏👏👏👏👏👏🥰 drsde Santiago de Cali Valle
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