Creció entre miedo y humillaciones, aferrándose a la ilusión de que algún día él sería su salvación.
Pero la verdad fue mucho más cruel: el corazón del hombre que amaba siempre le perteneció a otra.
Un embarazo inesperado los obligó a casarse, convirtiendo su matrimonio en una jaula hecha de silencios, desprecios y heridas. Cada día a su lado era una batalla perdida… hasta que un día decidió desaparecer.
Huyó con su hijo y dejó atrás una mentira perfecta: su propia muerte.
Lejos de él reconstruyó su vida desde las cenizas. Aprendió que merecía respeto, paz… y quizá incluso amor. Pero cuando alguien aparece dispuesto a darle todo lo que nunca tuvo, su corazón vuelve a temblar ante la posibilidad de confiar otra vez.
Entonces el pasado regresa.
El hombre que la destruyó ha descubierto la verdad… y está dispuesto a recuperarla a cualquier precio.
Pero esta vez ella no es la misma.
Porque ya no es la mujer que él rompió.
Y ahora será ella quien decida quién merece quedarse en su vida.
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Narrado por Dante Islas
Pero la mirada de Sabrina no va hacia mi si no hacia la mujer que está a mi lado y antes de que su mano llegue hasta Aurora la sujeto.
—¿Es por ella que me evitas? ¿Es tu nueva zorra?
Dice y me levanto molesto.
Karina se levanta también lista para pelear pero mi mirada la deja quieta.
Saco a Sabrina y estándo afuera me intenta besar pero retrocedo.
—¿Que mierda te pasa?
— ¿Por que no respondes mis llamadas?
Dice y me acomodo el traje.
—Me tienes mal, no dejo de pensar en ti, te extraño, llévame a mi departamento.
—Regresa por dónde viniste sola.
—¿Ya tienes otra verdad? ¿Es la misma con la que Karina estaba en la plaza está mañana? ¿Ella te la consiguió?
—Sabrina, basta, antes de irme te dije que se acabó.
—No, solo nos dimos un tiempo.
—Tu, por qué yo ya terminé con esto.
Se acomoda el cabello rubio e intenta tocarme pero no sé lo permito.
— Ya Sabrina, ten dignidad.
Intenta darme una cachetada y entonces sujeto fuerte su mano hasta que se queja del dolor.
— En tu vida vuelvas a intentar si quiera tocarme.
La suelto regresando adentro.
—No la dejen pasar.
Les digo a las personas que cuidan las entradas y asienten rápido.
Vuelvo adentro del salón pero esta vez me quedo parado en una esquina.
El señor Francisco dice las últimas palabras antes de dar por concluida la recaudación.
Las personas empiezan a salir y el se acerca hasta llegar hacia mi.
—¿Que fue lo que ocurrió? Si Sabrina le hubiera puesto una mano encima a mi hija el culpable serías tu.
—Eso no va a pasar.
El niega yéndose y Karina no tarda en llegar.
—¿Crees que esto es un puto juego? Sabrina está loca.
—¿Y yo que tengo que ver?
Le digo y la veo ponerse roja de coraje.
—Es tu novia, deberías controlarla.
— Cuando me fui termine con ella, lo que haga ya no es problema mío.
—¿Ya terminaste con ella?
Me dice sorprendida y asiento.
—Por fin hiciste algo bien.
Me dice yéndose hacia donde su amiga se levanta pasando sus manos por el vestido.
No sé por qué la veo, salgo del salón y pido mi carro.
Cuando me lo entregan subo conduciendo y mi mirada se desvía a dónde sale Aurora con su hijo.
Su padre recibe su carro y les abre la puerta para que suban.
Karina llega abriendo la puerta de mi carro, sube, se pone el cinturón de seguridad y se cruza de brazos.
—Baja de mi carro.
—Vamos al mismo lugar.
—No, yo voy a otro lugar.
—Entonces déjame en casa y después te vas.
Hecho andar el carro, y la curiosidad me gana.
—¿Y el padre del hijo de tu amiga?
— ¿Por qué la pregunta?
—Nada más.
Le digo y la sonrísa que tiene me hace acelerar para llegar rápido a casa.
—¿Es hermosa verdad?
Me dice y se a donde va.
—Lo normal.
Le digo y se ríe fuerte.
— Ce..... digo Aurora es el tipo de belleza real de esas que son naturales, y no solo por fuera por dentro.
Dice y estaciono afuera del departamento.
Baja de mi carro y me avienta un beso.
—Me alegra que ya no estés con esa loca. Espero que la próxima con la que salgas la eljas por sus sentimientos y no por tener un cuerpo de modelo.
Cierra la puerta y la veo entrar.
Me alejo en mi auto hacia el club donde varios socios suelen ir.
—Se que la hija de Fransisco es viuda, le diré a mi hijo que la trate.
Escucho que dice un socio cuando entro y me siento en la misma mesa haciendo que se queden callados.
— ¿Como viste a la hija de Francisco?
Me preguntan mientras reparten las cartas y sonrió sin responder.
— No creo que a Dante le importe, el se fija en puras modelos, además es madre soltera.
Dicen y sigo quedandome callado.
—Mi hija no es mujer para ningúno de ustedes y menos para Dante.
Dicen detrás de mi y no tengo que voltear a ver para saber que es Francisco.
Se sienta enfrente de mi y todos se quedan callados.
—Dante no tarda más que meses con sus parejas, y mi hija tampoco es que esté buscando marido así que eviten hablar de ella.
Cada uno toma sus cartas y empieza el juego.
Me sirven whisky y Francisco no deja de verme serio.
Empiezan a bajar sus cartas y yo solo espero una, cuando llega mi turno saco la carta faltante y bajo mís cartas acabando con el juego y quedando como el ganador.
Me levanto y tomo las fichas que gane.
—No me gusta que me digan que puedo o no hacer.
Le digo directo a Francisco quien me ve enojado y salgo del club.
Lo único que detesto es que crean que pueden mándame, cuando obviamente nunca va a suceder.
Y esto lo acabo de tomar como un reto.