✅️🔞Zane amó a Noah en silencio durante una década, protegiéndolo desde las sombras con una devoción obsesiva. Cuando el pasado regresa encarnado en Jessica, Zane decide romper todas las reglas. Entre las paredes de un estrecho monoambiente, la amistad se transforma en un deseo eléctrico que cambiará sus destinos para siempre.🔞✅️
NovelToon tiene autorización de Skay P. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Historia principal
Noah es un chico de lealtades absolutas; su amor por Jessica no es solo un sentimiento, es una identidad. Durante años, él se definió como "el novio de Jessica", y esa etiqueta era su escudo y su brújula.
Lo más confuso para Noah es que el contacto con Zane no es nuevo, pero la intensidad sí lo es. En su cabeza, él justifica cada roce basándose en los años de amistad. Si Zane le toca el cuello, Noah piensa: "Es porque sabe que estoy estresado por el examen". Si Zane lo abraza más tiempo de lo normal, Noah se dice: "Es porque somos como hermanos y él sabe que mi familia la está pasando mal".
Sin embargo, hay un cortocircuito en su lógica. Su cuerpo está empezando a traicionar a su mente. Noah empieza a notar detalles que antes ignoraba: el olor del perfume de Zane que ahora se queda en su propia ropa, la suavidad de las sábanas de la cama que comparten, o cómo la voz de Zane, cuando le habla en susurros por la noche, le produce un escalofrío que nace en la nuca y baja por toda su espalda. Noah se pregunta: "¿Por qué me siento tan nervioso si es solo Zane?". Esa pregunta es la semilla de la duda que Mauro quería plantar.
Noah siente una culpa silenciosa. Cada vez que disfruta de una cena cocinada por Zane o de una noche de películas donde sus piernas terminan enredadas bajo el edredón, siente que le está siendo infiel al recuerdo de Jessica. En su mente, Jessica es un pedestal de cristal: perfecto, pero frío y lejano.
Por un lado, el mensaje de Jessica anunciando su visita lo llenó de euforia porque representa la meta de su larga espera. Pero, por otro lado, siente un miedo irracional que no sabe explicar. Teme que la llegada de Jessica rompa la burbuja de paz que ha construido con Zane en el monoambiente. Noah piensa: "Si ella viene, ¿tendré que dejar de dormir aquí? ¿Zane se sentirá desplazado?". La idea de alejarse de Zane para estar con Jessica, que antes era su mayor sueño, ahora le produce una punzada de ansiedad que lo hace sentir como un traidor.
Noah siempre admiró a Zane por su éxito con las chicas. Pero ahora, cuando Zane menciona que podría salir con alguien para no estar solo mientras Noah ve a Jessica, Noah siente un nudo de molestia en el estómago. En su cabeza se dice a sí mismo que es porque no quiere que Zane salga con chicas que lo usen, pero la realidad es que no quiere que Zane mire a nadie más.
Noah empieza a comparar inconscientemente. Se da cuenta de que nadie lo conoce como Zane, nadie sabe cómo toma el café exactamente a las siete de la mañana, ni quién sabe identificar cuándo sus ojos café cambian de tono por el cansancio. Noah está empezando a darse cuenta de que su hogar no es una casa, es una persona.
La luz del amanecer se filtraba tímidamente por las persianas del monoambiente, dibujando líneas de oro sobre el desorden de libros de leyes y tazas vacías. El silencio era casi absoluto, roto solo por el zumbido lejano del tráfico y el sonido de dos respiraciones rítmicas que compartían el mismo espacio.
Noah abrió los ojos lentamente. Lo primero que sintió fue un calor pesado y reconfortante rodeándole la cintura. Tardó unos segundos en procesar que no estaba en su pequeña habitación en casa de sus padres, sino en la cama de Zane. Y lo segundo que procesó fue que Zane no se había movido en toda la noche.
Zane estaba dormido profundamente, con el rostro hundido en el hueco entre el cuello y el hombro de Noah. Su brazo derecho cruzaba el pecho de Noah con una firmeza que parecía una declaración de propiedad. Noah se quedó petrificado. Su corazón, traicionero y ruidoso, empezó a golpear contra sus costillas.
"Es solo Zane", se repitió Noah en su mente, como un mantra para calmarse. "Es mi mejor amigo. Siempre nos hemos abrazado. En los viajes de básquet dormíamos apretados en los hoteles. Esto no es diferente".
Pero sí lo era.
Noah bajó la vista y observó las pestañas largas de Zane y la forma en que su cabello negro caía sobre sus ojos cerrados. Nunca se había detenido a notar lo guapo que era Zane de una forma tan... personal. Sintió una urgencia extraña de estirar la mano y apartarle el flequillo, de tocar la piel de su frente.
"¿Qué me pasa?", pensó Noah, sintiendo que las mejillas le ardían. "Jessica viene en menos de un mes. Debería estar pensando en Jessica".
Intentó evocar la imagen de ella en su mente. Trató de recordar cómo se sentía tomar su mano en el cine hace tres años. Pero la imagen de Jessica se sentía como una fotografía vieja y borrosa, mientras que el calor de Zane, su olor a jabón y a piel, y la presión de su cuerpo contra el suyo eran realidades eléctricas que lo consumían.
Zane se movió un poco en sueños, apretando más el agarre. Su mano, que descansaba sobre el abdomen de Noah, subió unos centímetros, rozando la piel que quedaba expuesta bajo la camiseta. Noah soltó un suspiro entrecortado. No era un suspiro de molestia, sino de algo que se parecía peligrosamente al placer.
En ese momento, Noah se dio cuenta de algo aterrador: no quería moverse. No quería que Zane se despertara y se alejara. Quería quedarse allí, atrapado en ese monoambiente, protegido por esos brazos, donde los problemas económicos de su familia y la distancia con Jessica no podían alcanzarlo.
Zane abrió los ojos de repente. Su mirada azul, normalmente afilada y fría, estaba nublada por el sueño y llena de una ternura que dejó a Noah sin aliento.
—Buenos días —susurró Zane, con la voz ronca por el desuso. No se alejó. Al contrario, pegó más su frente a la de Noah—. ¿Dormiste bien?
Noah sintió que las palabras se le atoraban en la garganta. Estaba atrapado entre la lealtad a su pasado y la arrolladora presencia de su presente.
—Sí... bien —logró decir Noah, intentando forzar una sonrisa—. Tienes un brazo muy pesado, Handrix.
Zane sonrió, y por un segundo, su mirada bajó hacia los labios de Noah antes de volver a sus ojos. Fue un movimiento de apenas un milisegundo, pero Noah lo notó. Lo sintió como una descarga eléctrica.
—Es para que no te escapes —bromeó Zane, aunque ambos sabían que había una verdad oculta en esas palabras—. Tienes que estudiar mucho hoy, y no quiero que te vayas temprano.
Noah se rió, pero su risa fue nerviosa. Por primera vez en su vida, empezó a dudar de lo que creía saber sobre sí mismo. ¿Era posible amar a alguien tanto tiempo como amigo y que, de repente, el suelo se moviera? ¿Era posible que el "novio perfecto" de Jessica estuviera deseando que el brazo de su mejor amigo nunca lo soltara?
Esa mañana, mientras desayunaban en silencio en la pequeña barra de la cocina, Noah no dejó de mirar a Zane de reojo. Cada vez que Zane le pasaba el azúcar o rozaba sus dedos al entregarle una taza, Noah sentía que un nuevo capítulo de su vida se estaba escribiendo, uno donde Jessica era solo un prólogo y Zane Handrix era la historia principal.
Noah Brooks, el chico de los hoyuelos y la sonrisa brillante, todavía no sabía que estaba enamorado de su mejor amigo. Pero su corazón ya lo sabía, y estaba empezando a latir con un ritmo que solo Zane sabía seguir.