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Ecos Del Pasado: Una Nueva Vida.

Ecos Del Pasado: Una Nueva Vida.

Status: Terminada
Genre:Padre soltero / La Vida Después del Adiós / Reencuentro / Completas
Popularitas:6.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Luna stars

La perdida de un ser amado es difícil de superar; pero al final siempre llega una pequeña luz que comienza a iluminar nuestras vidas hasta cambiarlo todo.

NovelToon tiene autorización de Luna stars para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Es imposible no tener miedo a perderlo todo nuevamente.

La paz se había asentado sobre la casa de Emiliano. La noche cubría todo con un silencio sereno. Amelie, exhausta tras la tarde que pasó con Violet, dormía profundamente. Abrazada a su peluche y a Nube, que, aprovechando la ausencia de Emiliano, se había colado en la cama de su pequeña para acurrucarse junto a ella. Su plácido descanso reflejaba la quietud interior que nace de la satisfacción de haber obrado con una bondad sincera.

Mientras tanto, Violet, quien había disfrutado de una agradable tarde, se disponía a marcharse. Sin embargo, Emiliano la detuvo justo en la puerta. Él no encontraba las palabras adecuadas para expresarse, y justo cuando estaba a punto de hablar, fue interrumpido.

 — Gracias por…

— No hace falta que digas nada. — Lo interrumpió ella, ajustando su bolso al hombro. — No vine por ti.

— Lo sé. — Respondió él. — Pero igual te lo agradezco. No por mí, sino por ella. Realmente es feliz cuando estás a su lado.

Violet permaneció en silencio, sin responder de inmediato. Bajó la mirada, sintiendo como si un peso abrumador se hubiese posado sobre su pecho. Instintivamente, retrocedió un paso y se quedó inmóvil dentro de la casa.

— ¿Puedo preguntarte algo? — Hablo de repente, con un tono que Emiliano no había oído antes en ella.

— Claro. —- Respondió con calma.

— ¿Alguna vez… amaste a alguien hasta el punto de volverte ciego?

Emiliano se apoyó contra el marco de la puerta, cruzando los brazos con calma. Por supuesto que lo había hecho. Amelie era el resultado de ese amor.

— Sí. Pero aprendí que el amor no te ciega, es el miedo el que lo hace.

Violet sostuvo su mirada por un momento. Luego, como si sus labios cobraran vida propia, habló.

— Cuando tenía veinticinco años… creía que lo tenía todo. Un futuro prometedor, un puesto alto, un hombre que decía amarme. Estaba embarazada. No fue algo planeado, pero… me emocionó.

Emiliano la escuchaba sin mover un músculo, con la atención contenida y profunda de quien sabe que lo importante no es hablar, sino sostenerse para no romperse.

— Él me prometió que estaríamos bien, que lo nuestro estaba en un buen momento. Pero luego… desapareció. — Hablo con impotencia. — Un día dijo que lo resolveríamos juntos, y al siguiente, tenía otra vida, otra mujer, y yo lo había perdido todo. Mis padres murieron en un accidente; perdí a mi bebé, y al final termine perdiéndome a mi misma.

El silencio que siguió no fue incómodo, sino íntimo. Como si hablar y sacar aquello que duele ayudará a limpiar una habitación cerrada por años.

— Nunca quise volver a confiar en nadie. — Continuó ella. — Porque sentirme traicionada fue una cosa, pero sentirme desechable, eso me partió por dentro. Me volví alguien eficiente, controlada, dura. Una que no se rompe por nada… porque ya estaba rota.

Emiliano se acercó despacio a Violet, respetando su distancia. Por supuesto que él comprendía el sentimiento de estar a la deriva, de percibir como todas tus certezas se desmoronan poco a poco sin poder evitarlo. Conocía el dolor de la traición y el engaño por parte de quien amas, la punzada de sentir que tu esfuerzo no fue suficiente para que esa persona deseara quedarse a tu lado.

Él la comprendía mejor que nadie. Con una inesperada delicadeza dio unos pasos y se sentó en el borde del sofá, manteniendo una distancia prudente entre ellos; cerca, pero sin ejercer presión sobre ella.

— Tú no estás rota, Violet. — Hablo él con cuidado. — Solo aprendiste a caminar con una armadura que no era tuya. Pero yo he visto cómo Amelie se cuela por las rendijas.

Ella dejó escapar una risa suave, aunque teñida de amargura. Sin proponérselo, Amelie estaba logrando traspasar su coraza poco a poco. Y a pesar de que quisiera negarlo, esa sensación la hacía sentir bien.

— ¿Sabes lo que más miedo me da? — Dijo mientras levantaba la mirada hacia el techo. — Que me estoy acostumbrando a ella, y al olor a galletas con chocolate.

— ¿Y por qué eso te da miedo?

— Porque podría gustarme más de lo que espero. — Afirmo con duda. — Y si me gusta demasiado, entonces puedo correr el riesgo de perderlo al igual que como sucedió en el pasado.

Emiliano comprendió y asintió. Él había experimentado un miedo similar al inicio, no por la posibilidad de perder lo que estaba edificando con su hija, sino por la angustia de no estar a la altura y que ella decidiera marcharse. No obstante, logró que su voz se oyera con firmeza y calma.

— Si llegas a perder esto… no será por traición. — Dijo mirándola a los ojos. — Será porque tú misma decides soltarlo, porque aquí nadie huye, aquí se quedan los que quieren quedarse.

Violet escudriñó su rostro con una mirada profunda, buscando en él la verdad. Por primera vez en mucho tiempo, se sintió genuinamente vista y comprendida, libre de la carga del juicio o la presión de ser controlada.

— No prometo quedarme. — Susurró.

— No te pido que hagas una promesa.  — Habló con calma. — Solo que des pequeños pasos, uno por uno. Y que sea a tu ritmo.

Ella evitó el contacto visual, pero sus labios se curvaron en un gesto que apenas lograba disimular una sonrisa dolida. Tras asentir, se dirigió hacia la puerta. Justo al momento de cruzar el umbral, su voz se transformó en un susurro leve, pero perfectamente audible, que permaneció flotando en el aire.

— Gracias… por no intentar salvarme.

— Gracias por permitir que te acompañe.

Al salir y sentir la brisa fresca en su rostro, Violet sintió un cambio profundo en ella. Esta vez, en lugar de huir o cerrarse, se permitió la emoción de extrañar lo que acababa de experimentar. Para ella, ese simple acto representaba mucho más de lo que jamás había creído posible recuperar.

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El sol del inicio del fin de semana, era limpio, cálido, y la brisa traía el aroma a pasto recién cortado. En la cocina, Emiliano preparaba una canasta de pícnic; en ella llevaba frutas, jugo y el indispensable bizcocho de canela. A su alrededor, Amelie no paraba de cantar en voz baja, con una sonrisa radiante que apenas le cabía en el rostro.

— Papá, hoy será el mejor día. Vas a ver. — Dijo con evidente emoción.

— ¿Y eso por qué? — Preguntó con curiosidad.

— Porque la voy a invitar. — Dijo como si la respuesta fuera evidente.

— ¿A quién? — Preguntó sin entender.

— A Violet. — Soltó ella con naturalidad. — Quiero que vaya con nosotros al picnic en el parque. Ya lo decidí. — Dijo con firmeza. — Ella también necesita ver árboles, no solo papeles.

Emiliano sonrió en complicidad mientras cortaba una manzana. Sabía que su hija no se rendiría fácilmente.

— ¿Estás segura de que ella querrá estar allí?

— No. — Admitió Amelie. — Pero eso no significa que no pueda intentarlo.

Emiliano seguía empacando lo necesario para el pícnic. Era innegable el creciente afecto de Amelie por Violet. Aunque le preocupaba la posibilidad de que ella fuera rechazada, parecía que Violet la estaba aceptando.

Un rato después, Violet iba saliendo de la oficina. Por primera vez en semanas, se sentía libre; sin reuniones, sin informes pendientes. Había sólo silencio. Un silencio que se rompió cuando su móvil vibró con un mensaje.

De Amelie.

“Estamos en el parque con pastel, limonada y espacio para una persona que a veces necesita respirar.”

Debajo, coloco otra nota:

“No es una trampa, es solo una manta, y tu lugar está vacío.”

Violet permaneció inmóvil, observando la pantalla por unos instantes. Al levantar la mirada, el mundo exterior seguía su curso; gente paseando, coches circulando. Sin embargo, sintió que algo profundo en su interior estaba cambiando. Guardó el móvil y, con un impulso que parecía ajeno a su voluntad, sus pies se pusieron en marcha.

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Ingrid Perez
Excelente novela me gustó mucho te deseo muchas bendiciones y felicidades gracias 🤗😘
Sabri Nahir Zapata Zini
Fue hermosa la historia!! Me encanto
Mariela Alejandra Gonzalez
me encantó distinta a otras novelas excelente autora!!!!! éxitos!!
Maria Del Carmen Valenzuela
Hermosa novela, tierna y aapasionante
Maria Elena Martinez Lazaro
Claro que sí me gustó mucho gracias querida Dios te continúe bendiciendo
Maria Elena Martinez Lazaro
😊😊😊que hermoso
Luna Stars
No, no hace parte de ninguna obra anterior.
Mariela Alejandra Gonzalez
me gusta hoy empeze a leer. pregunto está historia viene de una novela anterior? pregunto para entender y poder leer desde el principio.
Claudia Patricia Cruz Saa
Amo a esa niña 🥰🥰
Luna Stars
Querid@ lector@, muchas gracias por informarme de ese error. 🤭 Ya lo he corregido.
ShaLop
Escritora el protagonista se llama, Emiliano Maximiliano. O Maximiliano Emiliano. En cada párrafo le cambias el nombre 😂😂
Maria Elena Martinez Lazaro
🤣🤣🤣🤣 que sincera está Amalia. Cara de tormenta 🤣🤣🤣🤣
Maria Elena Martinez Lazaro
Excelente historia, está buena la trama
Martha Mena Wong
El primer capítulo y ya estoy llorando que abra hecho para terminar asi
Elizabeth Sánchez Herrera
más ➕ capítulos
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