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El Enredo Del Destino

El Enredo Del Destino

Status: En proceso
Genre:Romance / Dejar escapar al amor
Popularitas:584
Nilai: 5
nombre de autor: EllyaG

Isabela de la Torre creció sabiendo exactamente qué papel debía cumplir. Su vida estaba trazada con precisión… hasta que conoció a Dante Belmonte. Un amor de juventud que comenzó como una conexión inesperada pronto se convirtió en algo profundo… y muy peligroso. Entre encuentros furtivos, decisiones imposibles y el peso constante de la sociedad, Isabela se enfrenta a una verdad que nadie le enseñó a manejar: a veces, amar no es suficiente. Cuando el deber y el corazón chocan, alguien siempre termina perdiendo. Años después, el destino vuelve a ponerla frente a una elección. Por un lado, Dante Belmonte, con quien sus caminos se han cruzado una y otra vez, marcados por el tiempo, el orgullo, los errores y las consecuencias de lo que nunca pudo ser. Lo que una vez fue inocente se transforma en algo más oscuro… más complejo… más real. Y tal vez… ahora sea el momento correcto. Por otro, Luca Medinaceli, un archiduque misterioso que, sin buscarlo, atrae la atención de toda la sociedad.

NovelToon tiene autorización de EllyaG para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El instituto de San Valerio

Habían pasado diez días desde su partida. El internado se encontraba a las afueras de Varath, y el trayecto hasta allí había sido largo y meticuloso. Por precaución, Isabela viajaba acompañada de la sirvienta que la asistía y un par de guardias enviados por su abuelo; cada noche se detenían en una posada distinta antes de continuar el camino.

El viaje había transcurrido sin contratiempos, silencioso y constante… casi demasiado tranquilo.

Todo había valido la pena. Frente a ella se alzaba, imponente, el Instituto de San Valerio.

Aquel lugar no siempre había sido lo que ahora representaba. Antiguamente, el edificio había pertenecido a la familia real; sin embargo, tras una plaga que asoló gran parte del reino, fue cedido para servir como hospital. Con el paso de los años, y una vez restaurada la estabilidad en Varath, el castillo fue reformado y convertido en un instituto exclusivo, destinado a la formación de los hijos de las familias más influyentes: aquellos que algún día ocuparían un lugar dentro del orden del reino.

Desde una de las torres, el carruaje de la Torre fue visto acercarse a la entrada principal. Un sonido grave resonó por gran parte del instituto, anunciando la llegada de un nuevo miembro de la nobleza.

El director Osmar la recibió en la entrada principal, acompañado por un par de profesores y algunos miembros del consejo estudiantil.

—Bienvenida, Lady Isabela —saludó, inclinando ligeramente la cabeza.

—Es un honor estar aquí —respondió ella con una sonrisa serena—. Les agradezco que me hayan aceptado a mitad del curso. Estoy comprometida a ponerme al corriente lo antes posible.

—Su Excelencia, el duque Eduardo, nos ha hablado de su inteligencia y de su impecable comportamiento, Lady Isabela —intervino el subdirector Raymund—. Es un placer recibirla en nuestra institución.

—Bien, ahora que le hemos dado la bienvenida, permítame presentarle a sus compañeras de primer año, miembros del consejo estudiantil —añadió el director.

Isabela no se movió de su lugar.

—¿Sucede algo? —preguntó Osmar.

—Disculpe… ¿mis guardias dónde podrían dejar mis baúles?

El director abrió los ojos con evidente nerviosismo.

—Válgame… le ofrezco una disculpa, Lady Isabela. Sus pertenencias pueden ser llevadas al ala este del castillo, donde se alojan las señoritas.

Observó entonces a sus acompañantes con más atención.

—Veo que no cuenta con una dama de compañía.

—No —respondió Isabela con naturalidad—. No sabía que era necesario. Tampoco se nos informó al respecto; mi abuelo no mencionó nada.

—Ha sido un error de mi parte, y le ofrezco nuevamente mis disculpas —dijo el director, visiblemente tenso.

—No se preocupe —respondió ella con calma—. En la mansión tampoco cuento con una. Ana —añadió, señalando a su sirvienta— es quien me asiste. Si no representa inconveniente, podría continuar haciéndolo aquí.

El director guardó silencio por un momento. Aquella solución, aunque práctica, abría otras complicaciones.

—Me temo que no será posible —dijo finalmente—. Su mucama puede asistirla, por supuesto, pero todas las jóvenes de posición noble deben contar con una dama de compañía. Si no dispone de una en Varath, podemos asignarle una. El instituto ofrece becas a jóvenes sin título, provenientes de familias humildes, para que puedan estudiar aquí. En ese caso, podríamos recomendarle a alguien adecuado.

Isabela asintió sin dudar.

—Perfecto. Entonces el problema queda resuelto.

Una hora después, Isabela se encontraba por fin en su nueva habitación.

El espacio era amplio, casi tanto como el que tenía en la mansión de la Torre. Una cama cómoda, un escritorio bien dispuesto, un armario espacioso y un baño con tina componían el lugar. Todo estaba perfectamente organizado, como si hubieran anticipado cada una de sus necesidades.

Sin embargo, algo llamó su atención.

Una puerta lateral conectaba con otra estancia. Movida por la curiosidad, Isabela la abrió con cuidado. Al otro lado encontró un salón más pequeño, con dos camas sencillas y mobiliario más discreto.

Comprendió de inmediato.

A pesar de su evidente nerviosismo, el director había sido eficiente. Aquella habitación estaba destinada a su dama de compañía… y a la mucama que la había acompañado en el viaje

Un ligero sonido en la puerta la sobresaltó. Isabela se levantó y, al abrir, se encontró con una joven de su edad.

—Buen día, Lady Isabela —saludó con una sonrisa cálida. Su cabello rubio contrastaba con el azul del uniforme del instituto—. Soy Sofía de León, hija del duque Leonardo de León. Te vi una vez en el baile de la Flor Amarilla.

—Sí, te recuerdo —respondió Isabela, devolviéndole la sonrisa—. Por favor, pasa.

—Gracias. El director me envió para darte la bienvenida. Soy la encargada de nuestro grupo —explicó mientras entraba—. Te compartiré el temario de las clases, y cualquier cosa que necesites puedes buscarme. Mi habitación está en el siguiente pasillo; tiene una flor blanca dibujada en la puerta.

—Te lo agradezco mucho… —admitió Isabela con sinceridad—. Es más difícil de lo que imaginé. Me siento un poco perdida.

—Es normal —respondió Sofía con suavidad—. Llegaste a mitad del curso y estás lejos de tu familia. Pero te acostumbrarás, te lo prometo.

Hizo una breve pausa antes de continuar.

—Ahora, algunas reglas importantes. A las señoritas nos está prohibido acercarnos al ala oeste, donde se alojan los jóvenes. El cortejo también está restringido… a menos que se declare formalmente ante el director, cuando existe intención de matrimonio.

—¿Casarse? —preguntó Isabela, confundida—. Pensé que todos estábamos aquí por las materias.

Sofía soltó una pequeña risa.

—Los institutos son el mejor lugar para conseguir un buen pretendiente. Puedes hablar con alguien, conocerlo… —se encogió ligeramente de hombros—. Al menos, yo estoy aquí por eso. Mis padres esperan que me case pronto.

—¿Tienes algún pretendiente? —preguntó Isabela con curiosidad.

—No… por desgracia —suspiró—. Los jóvenes de nuestra edad son bastante inmaduros. Los mayores, en cambio… —sonrió con cierto brillo— son más interesantes. Como Luca Medinaceli. Es atractivo, atlético y muy inteligente… aunque no se interesa en nadie. Es demasiado exigente.

Isabela la escuchaba con atención. No reconocía muchos de los nombres ni entendía del todo aquel mundo del que Sofía hablaba… pero, por primera vez desde su llegada, se sentía un poco menos sola.

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