Después de seis meses trabajando en la empresa del patriarca de una poderosa familia, Carmen Lobos decide llevar a su hijo a sus primeras vacaciones… hasta que una tragedia lo deja gravemente enfermo. Apenas una semana antes ella descubrió que su nuevo jefe será Federico, uno de los nietos de su jefe, pero un escándalo sacude la empresa y lo aparta del puesto.
El lunes vuelve al trabajo y se encuentra con que su nuevo jefe es Santiago Calderón: arrogante, clasista, prepotente y mujeriego. Desde el primer momento, se detestan.
Cuando Santiago la despide de manera injustificada, la ira y el deseo de venganza llevan a Carmen a cometer una imprudencia que cambiará sus vidas: un matrimonio por contrato donde ella asegura el tratamiento de su hijo y él protege a la empresa que tanto desea.
Pero nada será sencillo. Tras la boda, el patriarca impone una estricta condición que sacude sus vidas.
Los acuerdos pueden tener letra chica, pero muchas veces se firman en una cama grande.
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CARMEN LOBOS
NARRADOR
Carmen Lobos se define a sí misma como una guerrera, una luchadora. Se siente orgullosa de ello. Ella proviene de una familia humilde, compuesta por su padre y su hermana menor. Dolorosamente, su madre falleció dando a luz a su hermana.
Ella admira profundamente a su padre porque aún sufriendo pudo sacar adelante a dos hijas y darles lo que necesitaban.
En lo que falló su padre fue en no hablarle de los peligros a los que podía enfrentarse. Él, criado a la antigua, consideraba que habían temas que solamente las mujeres debían hablar con sus hijas. Eso llevó a Carmen a cometer un error por ser ingenua y confiada.
Carmen, al terminar de estudiar tenía una relación con César, un joven guapo e inteligente, al menos en varios aspectos. Él, aunque por momentos se comportaba como el novio perfecto ante sus ojos, estaba muy lejos de serlo, pero eso lo descubriría cuando fuera demasiado tarde.
En la fiesta de fin de curso, Carmen aceptó perder su virginidad con él. Había escuchado a varias chicas hablar sobre sexo y esa era la única referencia que tenía sobre el tema, así como también que en la primera relación sexual era imposible quedar embarazada.
Carmen, confiada, aceptó estar con César. Él fue gentil en ese momento y no se protegió. Ella, al haber estado alcoholizada logró relajarse y mínimamente disfrutar esos escasos minutos que el encuentro duró.
Lo que ella no había podido anticipar, fue que César solamente estaba con ella por atracción física y que luego de obtener lo que tanto buscaba su atención disminuiría.
Al cabo de tres semanas, ella se preocupó por la ausencia de su período. Siempre fue regular y allí temió poder haber quedado embarazada, aunque recordando la conversación escuchada pensó que durante la primera vez eso sería imposible y se relajó.
Una vecina, a quien ella ayudaba limpiando su hogar a cambio de algunos dólares, sospechó que ella lo estaría. Con pena, le confesó a la mujer lo que había ocurrido y la ausencia del período.
-Niña, ¿Cómo pudiste creer esa mentira? Si no te proteges así sea la primera vez o la última, un embarazo puede ocurrir- Carmen se sintió estúpida y asustada
Cómo era de esperarse, una prueba de embarazo había dado positiva un día más tarde. Ella, aún más confiada en el amor que César le profesaba y en sus múltiples virtudes, creyó que él sería incapaz de dejarla sola con toda la responsabilidad. Ese fue su nuevo error.
-Yo no quiero hijos. Si quisiste quedar embarazada es tu problema. Déjame en paz- Él se alejó y poco después se fue a la universidad olvidándola por completo
Carmen, había cargado con toda la responsabilidad sola. No estaba preparada para eso, no sabía nada de niños y no tenía dinero.
Su padre la ayudó como pudo y ella continuó limpiando y ayudando a sus vecinas para obtener dinero.
Con mil preocupaciones, pero sin derrumbarse, ella dió a luz a su hijo Agustín mediante una cesárea meses más tarde.
Afortunadamente, su hijo nació sano y ella se recuperó totalmente tiempo después. Ella continuó trabajando, su hermana ayudándola en el cuidado del niño cuando sus estudios lo permitían. Sus vecinas también le habían ofrecido cuidarlo.
Los años lentamente pasaron y ella siempre se sintió económicamente asfixiada. Conseguía trabajos temporales que no pagaban demasiado y aunque su hijo era educado y bien portado, siempre había cosas que ella quería poder darle, pero que eran inalcanzables para su presupuesto.
Un billete de lotería, hizo que Carmen pudiese comprarse un pequeño vehículo para poder ir a trabajar con más comodidad. Había comprado un Fiat 600, un coche viejito, pero poco gastador, lo cual le parecía genial. El dinero restante lo usó para comprarle a su hijo ropa, para ella no alcanzó, pero eso no le importaba.
Gracias a su única amiga, Marcela, ella supo que en la empresa donde la joven trabajaba buscaban secretaria. Marcela la convenció de aplicar para el puesto, ¿Qué podía perder si ya había presentado currículum en todos los sitios que encontró?
Al entrar a la empresa, ella fue entrevistada por el jefe, Román Calderón. El hombre la contrató al ver su sencillez, una que contrastaba con las demás aspirantes. Él sabía que en algunos meses su nieto, Federico, sería su sucesor y que para eso necesitaba una buena empleada concentrada en el trabajo y no en seducirlo.
Al cabo de cuatro meses, Carmen había logrado sentirse libre de deudas y con orgullo había podido darle a Agustín cosas que antes eran imposibles. Hasta ese momento estaba teniendo una vida soñada y en paz, pero eso cambiaría pronto.
Dos meses después, Carmen decidió darle a su hijo sus primeras mini vacaciones. El niño estaba emocionado por ir a la playa. Tras cobrar su sueldo, ella compró dos pasajes y reservó un hotel económico para los dos, sin saber que su vida cambiaría para siempre.
Al volver a casa, ella notaba a Agustín decaído y un poco descompuesto. Pensó que los chocolates le habían caído mal y se tranquilizó.
Mientras ella viajaba, ajena a todo disfrutando de su hijo, en la empresa habían ocurrido cosas muy serias que ella desconocía. Ella sabía que el lunes al volver a su puesto, su nuevo jefe sería Federico, desconociendo que él había sido apartado de esa posibilidad por el escándalo de la boda.
Antes de salir de casa, ella vio a Agustín aún descompuesto, pero tenía que irse igual. Si perdía ese trabajo, debería volver a comenzar a buscar empleos y ninguno tendría tan buen sueldo. Eso lo sabía perfectamente.
Al llegar a la oficina, ella empezó a preparar café, tal como sabía que al nuevo CEO le gustaba y después fue a la oficina de él. Golpeó la puerta y entró con una sonrisa que se borró de golpe al ver a Santiago Calderón allí.
-No te di la orden de entrar- Fue lo primero que él dijo
-Disculpe, creí que estaría el señor Federico aquí y venía a traerle el café- Expresó con dudas
-Ya veo que no sabes nada. Federico no trabaja más aquí, al menos de momento. Soy tu nuevo jefe- Él la miró con asco y ella contuvo el desagrado que aquella noticia le había producido