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Ecos Del Pasado: Una Nueva Vida.

Ecos Del Pasado: Una Nueva Vida.

Status: Terminada
Genre:Padre soltero / La Vida Después del Adiós / Reencuentro / Completas
Popularitas:6.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Luna stars

La perdida de un ser amado es difícil de superar; pero al final siempre llega una pequeña luz que comienza a iluminar nuestras vidas hasta cambiarlo todo.

NovelToon tiene autorización de Luna stars para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El peso del silencio.

La sala del hospital olía a desinfectante y a promesas rotas. Mientras tanto, las máquinas emitían un pitido constante, rítmico, que marcaba la delgada línea entre la vida y la muerte. Allí, en una camilla yacía inmóvil, una joven mujer atrapada entre el frío de las sábanas y el calor de un pasado que no la dejaba ir.

No sabía si aún estaba viva o si ya había muerto. Pero en ese estado suspendido, donde el tiempo no tenía forma y la conciencia flotaba como bruma, solo podía percibir sus recuerdos.

Primero, una pequeña risa, tan limpia, tan ingenua, parecida al sonido de un día sin tormentas. Luego, su hermana, con esa ingenuidad que en algún momento detesto. Después, el rostro de su madre, su voz firme, inquebrantable, llena de prejuicios disfrazados de amor.

— Ella no es como tú, Bianca. Tu hermana no es nadie a tu lado, solo es una aparecida que quiere adueñarse de todo, pero no lo permitiré. Tú eres y serás la única heredera..

Bianca tenía apenas once años cuando escuchó esas palabras por primera vez, sembrando la semilla del rencor, tan pequeña como una sombra incrustándose en su pecho. Y aunque al principio no sentía odio hacia su hermana, si fue quedando la duda. Luego, llegó la comparación, y finalmente, el desprecio. No por su hermana exactamente, sino por la forma en que su madre la hacía ver ante sus ojos, hipócrita, falsa, débil, y necesitada. Mientras que ella debía cargar con todo lo demás.

Sus recuerdos comenzaron a cambiar lentamente. Su hermana ya era una adolescente, buscando su aprobación con una tímida sonrisa. Entre tanto, ella se alejaba con indiferencia. “No me interesa”, le decía. Aunque en el fondo le dolía reconocer que sí le importaba. Le importaba demasiado.

Las imágenes pasaban rápidamente como una película rota. El día que su hermana la defendió en la escuela y ella la humilló delante de todos; la primera vez que robó algo importante de su hermana solo para verla sufrir. Y luego… la traición final. Esa que había cruzado los límites, esa que ni siquiera en su mente quería recordar del todo, aunque ahora su conciencia no se lo permitía olvidar.

Nuevamente volvió a escuchar esa pequeña risa, inocente, llena de vida, su luz en medio de tanta oscuridad. Pero que tuvo que dejar para poder salvarla hasta de ella misma. Y entonces volvió a escuchar la voz de su madre.

— No seas tonta, Bianca. No te dejes llevar por el corazón, debes pensar con cabeza fría, esos sentimentalismos no te llevarán a nada. Debes deshacerte de eso.

Bianca, en su letargo, sintió algo parecido a las náuseas, no por las palabras de su madre, sino por lo mucho que casi las obedeció. Pero entonces la vio, en su sueño, estaba su pequeña, sentada a su lado, con la misma ternura de siempre, con esa calma que nunca entendió y que tanta paz le generaba. Pero ella no hablaba, solo la miraba con los ojos llenos de amor y ternura. Bianca quiso pedir perdón, decirle cuánto la amaba, pero las palabras no salieron.

“¿Qué hubiera sido de mí si hubiera seguido otro camino? Si no la hubiera visto a mi hermana como rival. Si no me hubiera dejado moldear por el resentimiento. Si hubiera decidido irme lejos con mi pequeña lucecita, y empezar de nuevo. tal vez ahora fuéramos felices las dos.”

Por primera vez en su vida, sintió miedo. No por morir, sino por vivir y no poder deshacer lo que ya había hecho. De repente una luz se encendió en la penumbra de su conciencia. Bianca no sabía si era el momento de despertar o si había llegado el final; Pero lo único que deseaba era una segunda oportunidad. Aunque fuera solo para decirle a su hermana lo que nunca se atrevió a decirle. O para decirle a su pequeña cuánto la amaba y cuidar de ella para siempre.

El sonido de los pasos de Natalia retumbaba en los pasillos del hospital como un eco que no quería enfrentar. Cada paso era una lucha contra su propio orgullo, contra la voz en su interior que le decía que no le debía nada a su hermana, pero también estaba esa voz, una más suave, más suya, que la empujaba a entrar en esa habitación.

El médico había sido claro: “El estado de su hermana es crítico. Si hay algo que desea decirle, debería hacerlo pronto.”

Esa frase no dejaba de repetirse en su cabeza, y su esposo al verla tan pensativa comprendió lo que ella sentía en ese momento, por eso sin dudarlo le brindó todo su apoyo.

Al llegar al umbral de la puerta parecía ver una frontera invisible. Pero allí estaba ella, Bianca, pálida, inmóvil, conectada a tubos y máquinas que sostenían lo que quedaba de su vida. Tan frágil como nunca antes la había visto.

Natalia se quedó de pie, sin avanzar observando por largos segundos. Esa mujer que había sido sombra en cada uno de sus intentos de brillar. Esa hermana que le había robado amigos, confianza, dignidad, paz. Pero también era alguien que en el fondo, llevaba la misma sangre, la misma herida, el mismo abandono mal disfrazado de exigencia.

— Nunca entendí por qué me odiaste tanto. — Susurró al fin mientras sostenía su mano con firmeza. — Pero tampoco supe cómo defenderme de ti.

Cada palabra era un gran esfuerzo, porque era como si le doliera sacarlas desde su interior.

— Lourdes te convirtió en su reflejo. Y tú… me convertiste en tu enemiga. Pero yo solo quería una hermana.

El monitor cardíaco marcaba el mismo ritmo constante. Bianca no se movía, permanecía inmóvil luchando por despertar.

— Quizás no te importe, quizás ya es tarde. Pero… no estoy aquí para culparte. Ya no. — Tragó saliva, y su voz se quebró por un instante.  — Estoy aquí porque, si en algún rincón de ti queda algo real, algo tuyo, quiero que sepas que todavía puedes hacer las paces con esa parte de ti. No conmigo, no con ella, pero si contigo misma.

Se sentó junto a la cama tratando de no romperse. Era la primera vez que lo hacía en mucho tiempo desde que eran niñas.

— Tú elegiste hacerme daño. Pero hoy, yo elijo no seguir odiándote. Porque el odio fue lo que nos destruyó. Lo que te trajo aquí, y yo no quiero llevarlo más conmigo.

Natalia bajó la mirada, y apretó un poco más los dedos de su hermana, pero estos se sentían fríos, como si no fueran a reaccionar nunca más.

— No sé si vas a despertar, o no sé si puedes escucharme. Pero, si lo haces… si por dentro aún estás ahí, quiero que sepas que no me fui, que aún estás a tiempo de decir algo, aunque solo sea un susurro, un gesto, una mirada.

En lo profundo de su inconsciencia, Bianca sintió un calor inesperado en su mano. En ese instante pudo percibir la suave voz de su hermana hablándole.

Natalia seguía sentada junto a la cama, sin soltar la mano de Bianca. Habían pasado minutos, o quizás horas, sin moverse. El sol de la tarde se filtraba a través de las ventanas, tiñendo la habitación con una luz tibia, casi piadosa.

Y entonces, algo cambió, un leve estremecimiento, un parpadeo apenas perceptible. La presión de unos dedos que parecían haber despertado de un letargo eterno, hizo que Natalia se incorporará de golpe.

— ¿Bianca?

Los ojos de Bianca se abrieron lentamente, como si esa simple acción fuese un acto heroico. La luz la cegó, pero pronto reconoció la silueta borrosa de su hermana. El rostro que tanto había evitado, que tanto había odiado, y que ahora parecía sostenerla desde algún lugar que ya no podía controlar.

— Na… Natalia… — Su voz era apenas un hilo, rasposo, quebrado, y agotado.

Natalia reprimió el impulso de llorar, este no era el momento. La observó con el corazón latiendo a mil, sintiendo que aún había esperanza.

— Estoy aquí, Bianca.

Los labios de Bianca temblaron. Le costaba hablar, cada palabra pronunciada era un esfuerzo descomunal.

— Perdón… por… todo. — Hablo en un tono de voz apenas audible. — No sabía cómo… detenerme.

Natalia tragó saliva, cerrando los ojos con fuerza. Ese era el momento que nunca creyó posible. Siempre deseó tener una buena relación con su hermana, pero la presión de su madre pudo más.

— Gracias. — Le respondió en voz baja. — Gracias por intentarlo, aunque sea ahora.

Bianca soltó una pequeña risa ahogada, pero esta fue más una exhalación que otra cosa. Y entonces, la puerta se abrió y el mundo se detuvo.

Emiliano, su silueta apareció en el marco de la puerta, alta, serena, pero con los ojos enrojecidos por la desesperación. Natalia se volvió hacia él, sorprendida, pero no dijo nada, solo se hizo a un lado.

Él dio dos pasos lentos y se detuvo al ver a Bianca consciente, apenas viva, pero consciente.

— Bianca…

Ella lo observó con gran dificultad, sintiéndose desesperada. Si tan solo no hubiera actuado de esa forma, si hubiera renunciado a todo, ahora podría compartir un futuro con el hombre que la miraba con tanta angustia y dolor.

Él se acercó y tomó su otra mano. Sintiendo que sus esperanzas se agotaban rápidamente. El calor de su amada se estaba escapando como agua en sus manos, anunciando lo inevitable.

— Perdóname…  — Le susurró èl, con una mezcla de ternura y reproche.

Las lágrimas se desbordaron por los ojos de Bianca, como si su alma no pudiera sostener todo lo que aún quedaba dentro de ella.

— ¿Porque…? Hiciste lo correcto… — Hablo ella con dificultad, comprendiendo sus palabras. — De lo contrario… habría asesinado… a mi hermana.

Emiliano cerró los ojos, acercándose lentamente, dejando un besó suave en la frente de la mujer que había amado en silencio, en la distancia, en la renuncia.

Bianca los miró una última vez, a él, a Natalia, y al final sonrió con tristeza.

— Gracias… a los dos.

El monitor emitió un pitido inusual, Natalia se volvió hacia él alarmada, el corazón de Bianca empezaba a debilitarse nuevamente, el mismo tiempo que les había regalado unos segundos de redención, volvía a arrebatárselo todo.

— Bianca, quédate conmigo… — Susurró Emiliano, apretando su mano.

Pero su mirada ya se perdía en algún punto que ni él ni Natalia podían alcanzar.

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Ingrid Perez
Excelente novela me gustó mucho te deseo muchas bendiciones y felicidades gracias 🤗😘
Sabri Nahir Zapata Zini
Fue hermosa la historia!! Me encanto
Mariela Alejandra Gonzalez
me encantó distinta a otras novelas excelente autora!!!!! éxitos!!
Maria Del Carmen Valenzuela
Hermosa novela, tierna y aapasionante
Maria Elena Martinez Lazaro
Claro que sí me gustó mucho gracias querida Dios te continúe bendiciendo
Maria Elena Martinez Lazaro
😊😊😊que hermoso
Luna Stars
No, no hace parte de ninguna obra anterior.
Mariela Alejandra Gonzalez
me gusta hoy empeze a leer. pregunto está historia viene de una novela anterior? pregunto para entender y poder leer desde el principio.
Claudia Patricia Cruz Saa
Amo a esa niña 🥰🥰
Luna Stars
Querid@ lector@, muchas gracias por informarme de ese error. 🤭 Ya lo he corregido.
ShaLop
Escritora el protagonista se llama, Emiliano Maximiliano. O Maximiliano Emiliano. En cada párrafo le cambias el nombre 😂😂
Maria Elena Martinez Lazaro
🤣🤣🤣🤣 que sincera está Amalia. Cara de tormenta 🤣🤣🤣🤣
Maria Elena Martinez Lazaro
Excelente historia, está buena la trama
Martha Mena Wong
El primer capítulo y ya estoy llorando que abra hecho para terminar asi
Elizabeth Sánchez Herrera
más ➕ capítulos
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