Mía una de 19 años es obligada a casarse con un mafioso por culpa de su hermana gemela ella está pagando
su hermana era una drogadicta siempre estaba en problemas mano a la mujer de un mafioso y el por venganza decide casarse con ella para hacerla pagar todos los días por haber arrebatado al amor de su vida
sus padres por proteger a su princesa entregaron a mía una hija que ellos cautiva
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capitulo 1
—De rodillas —ordenó Renzo.
Su voz no era alta… pero era suficiente para helar la sangre.
Mía lo miró con súplica en los ojos.
Temblando.
Pero obedeció.
Lentamente… se arrodilló frente a él.
Renzo la observó desde arriba, como si no fuera una persona.
Como si fuera nada.
—Bienvenida a tu infierno —dijo, enderezándose—. A partir de hoy… sos mi prisionera. No vas a salir de esta casa.
Mía intentó hablar.
—Yo…
—No hables si no te lo ordeno —la cortó en seco—. Vas a pagar por haberme arrebatado al amor de mi vida.
El corazón de Mía latía con fuerza.
Yo no hice nada…
Pero no podía decirlo.
No después de la amenaza.
"Hacé todo lo que te diga. No hables de tu hermana… o mato a tu abuela."
El recuerdo la dejó muda.
Así que bajó la mirada.
Y se quedó en silencio.
Media hora.
De rodillas.
Sin moverse.
Hasta que Renzo la agarró del brazo y la levantó sin cuidado.
—Vení.
La llevó hasta la cocina y abrió una puerta pequeña al fondo.
—Esta va a ser tu habitación.
Mía miró el lugar.
Frío.
Vacío.
Oscuro.
—Me levanto temprano —continuó él—. Vas a prepararme el traje, el desayuno… vas a hacer todo. Sin quejas.
Ella solo asintió.
No tenía otra opción.
Esa noche…
acostada en esa habitación helada…
Mía pensó en todo.
En su abuela enferma.
En su padre.
En su madre.
En Alma.
Su hermana gemela.
La perfecta.
La elegida.
La que siempre tuvo todo.
Y ella…
la que fue abandonada.
Criada por su abuela.
La que ahora estaba pagando por algo que ni entendía.
—¿Qué hice yo…? —susurró al techo.
Pero nadie respondió.
A la mañana siguiente, la puerta se abrió de golpe.
—¡Sos una inútil! —gritó Renzo—. Hace media hora te estoy esperando.
La agarró del brazo y la arrastró.
—¡Movete!
Mía corrió a buscar su traje.
Sus manos temblaban.
Preparó el desayuno.
Pero apenas Renzo lo probó…
—¿Qué es esto? —escupió con desprecio.
Tiró el plato al suelo.
Mía bajó la cabeza.
En silencio.
Siempre en silencio.
Cuando el auto de Renzo salió de la mansión…
ella respiró por primera vez.
Recorrió la casa.
Grande.
Fría.
Llena de hombres.
Ni una sola mujer.
Ni una sola persona con quien hablar.
Esa noche…
lo esperó con la cena lista.
Pero cuando llegó…
todo volvió a repetirse.
Desprecio.
Gritos.
Miedo.
—Prepará una maleta. Me voy dos días.
Mía asintió.
Pero antes de que se fuera…
reunió valor.
—Renzo…
Él se detuvo.
Era la primera vez que escuchaba su voz.
—¿Qué?
—Tengo miedo a la oscuridad… —dijo bajito—. ¿Puedo dejar una luz prendida?
Renzo la miró fijo.
Frío.
—No. Vas a vivir en la oscuridad… como yo desde que mataste a mi mujer.
El corazón de Mía se detuvo.
Pero no dijo nada.
Cuando él se fue…
ella sintió alivio.
Dos días sin él.
Dos días de paz.
Pero la paz duró poco.
—¿Qué hacés acostada?
Renzo estaba de vuelta.
Antes de tiempo.
Mía se levantó de golpe.
—Haceme comida. Y preparame un baño.
Ella obedeció.
Siempre obedecía.
Más tarde…
—¿Por qué seguís con esa ropa? —preguntó él—. Das asco.
—No tengo otra…
Renzo suspiró.
—Te van a traer ropa. Y esta noche salís conmigo.
Mía levantó la mirada apenas.
¿Salir?
¿Una oportunidad?
—Vestite bien. No quiero pasar vergüenza.
Esa noche…
Mía bajó las escaleras.
Vestido rojo.
Tacones negros.
Cabello recogido.
Hermosa.
Pero nerviosa.
Antes de entrar al club…
Renzo la tomó del rostro con fuerza.
—Ni se te ocurra escapar.
Sus ojos se oscurecieron.
—Si lo hacés… mato a tu familia.
Mía sintió que el aire le faltaba.
Y asintió.
Entraron.
Luces.
Música.
Gente.
Demasiado para ella.
En la zona VIP…
dos mujeres corrieron hacia Renzo.
Lo abrazaron.
Lo besaron.
En la boca.
Sin vergüenza.
Mía bajó la mirada.
Pero él la miró.
Como esperando una reacción.
Ella no hizo nada.
Renzo se sentó.
Pero otras ocuparon su lugar.
Mía terminó sentada con desconocidos.
Incomoda.
Fuera de lugar.
Y cuando él se fue con esas mujeres…
la dejó sola.
Rodeada de hombres que no conocía.
Mía apretó sus manos.
El corazón acelerado.
Esto no es para mí…
BUENAS LECTORAS ESTA HISTORIA LA VOY A SUBIR UN CAPITULO POR DIA POR EL MOTIVO QUE ESTOY HACIENDO OTRA NOVELA Y TAMBIÉN TENGO QUE DEDICARLE TIEMPO ESPERO Y ENTIENDAN MUCHAS GRACIAS QUE TENGAN UN BUEN DÍA