Catalina era grande, bonita y hermosa. Tenía su propio amor. Felipe. Felipe era aquel chico que, cada vez que se acercaba le daba un parón. No se podía mover de la emoción. Y debía de estar acostumbrada, pues llevaba mucho tiempo viéndolo. Sus grandes ojos azules habían visto todo eso y más con Felipe. Pero no conseguía decirle que, cada vez que lo veía le costaba volver a funcionar. Debía decirle que le encantaba cuando le decía cosas bonitas y le tocaba, pero le daba mucha corte y no lo conseguía. Pero, hacía unos días habían dejado de ver juntos el cielo y ya no le daba caricias ni le decía palabras bonitas. Cuando pasaba le tocaba y le decía:
- Dentro de poco es nuestro gran día.
Debía decírselo, ¿o no? Esos días era lo único que pensaba, bueno, además de... ¿A qué se refería con eso, todos los días? La dejaba muda y nerviosa. Hasta que un día llegó y le dijo:
- Hoy es el gran campeonato, no te me pongas nerviosa. Es importante que no te pares. Bonita mía, vamos a ganar. Utilizaremos todos nuestros esfuerzos.
No se podía imaginar lo que iba a poner de su parte Catalina.
Al día siguiente salía en el periódico un artículo impactante:
LA AVIONETA CATALINA, GANA SIN GASOLINA
“La primera avioneta que consiguió ganar sin nada de gasolina, la avioneta Catalina conducida por Felipe consiguió dar las cien vueltas y ganar cuando a la primera vuelta se le había acabado la poca gasolina que le había puesto su conductor por culpa de los nervios”
Pero Catalina, ahora con gasolina y acompañada de Felipe, si pudiese hablar le habría dicho que, lo que le había llenado el cuerpo había sido el amor que le acababa de decir que sentía.
Catalina era grande, bonita y hermosa. Tenía su propio amor. Felipe. Felipe era aquel chico que, cada vez que se acercaba le daba un parón.