Ella y yo. Blanca y morena. Una mexicana atrevida y honesta con el pelo corto y grandes experiencias. Un cuarto color vino en las sábanas, pero para mí, todo lo demás también era color vino, encantada con el momento.
Nuestros cuerpos no se separaban, y sin hacer daño a nadie, estábamos perfectamente conectadas. Todo era mejor, por descontado. Y con ella, que además tenía experiencia, fue divino. Yo en ese momento tenía poco con que comparar, y ahora mismo, desde el fondo de mi corazón aún sigo sin saber si las mejores fueron mejores, distintas si. Pero con ella siempre fue especial.
No éramos una pareja formal, ninguna de las dos quería eso en ese momento, necesitábamos disfrutar sin complicaciones. Ella, por aquel entonces, porque su forma de ser no se lo permitía, yo, porque también tenía interés en los chicos.
Esa habitación.
El humo parecía mezclarse con el número.
- Son diez,- dijo ella, desnuda y sentada a mi lado. Sonrió con sufiencia.
- Son ocho- respondí en cambio, completamente convencida.
Y así pudimos pasarnos horas, comparando y sin dar nuestro brazo a torcer, juntas, la una con la otra en esa habitación. Hasta su siguiente calada profunda. Suspiró y acepto, volviendo a comparar.
- Son nueve- cedió.
- Ja- conteste orgullosa, pegándome mas- ahora sabemos quién va a ganar, estás acercándote más a mi número...te estás retirando- dije, pegándome más a ella
- Te digo que no, fíjate, son nueve. Antes no lo había mirado bien. Mira.
- No, siempre serán ocho. Aunque es cierto que por el otro lado son diez- esa concesión no le valía en absoluto y siguió diciendo que ahí, también eran diez, aunque hacia un momento había dicho nueve.
Nunca pensé que la discusión acabaría con más y más experiencias. Siempre será especial esa tarde, ese día en el que había comenzado por fin el Orgullo. Aún no sé en qué momento el plan de salir acabó en tu habitación color vino, cambiando nuestras ideas con cinco horas por tu vertiginoso cuerpo hasta que se nos acabaron las horas en el día.
Ese día, desde que empezó hasta tu cuarto, México, se volvió mi país favorito hasta que nos despedimos.
Si hubiera ganado el mundial, y sólo entonces, te habría explicado por qué eran ocho.