Nela era una niña bastante juguetona y varonil. Corría de un lado a otro. Entre sus 10 y 11 años experimentaría su primer amor correspondido.
Nathan tenía 11 años y de su rostro lo más atractivo eran sus pestañas largas y crespas con ojos color aceitunas y unos camananses muy lindos.
Él solo tenía ojos para ella y ella lo veía más. Los demás hacían bromas para tratar de unirlos, pero ella era discreta.
Un día él se acercó, le dio un beso en su mejía y ella se sintió emocionada. Pero solo fueron un par de niños enamorados.
Ese sentimiento duró unos meses, pero luego ella volvería a ver a Leo, quién era 2 años mayor que Nela y hermano mayor de Nathan.
Él era bastante callado y serio. Pero fue la misma inquitud para él que para ella. Pronto ambos cruzarían miradas y se darían cuenta de sus sentimientos.
En una noche, jugando a verdad o reto, Leo le confesó a Nela sus sentimientos pero ella no dijo nada porque hasta hace poco gustaba de Nathan.
Sin embargo el desafío sería un beso, pronto su precioso y primer beso, por un descuido sería robado por Leo. Ellos solo se alejaron y después de esa vez no dejaban de verse. Intentaron acercarse, pero Leo era tímido y solo alcanzaba estar un par de metros cerca de Nela para hablar.
Cuando Nela acabó la primaria, su fugaz sentimiento hacia los hermanos se fue y Nela solo se dedicó a estudiar.
Pasaron los años, ellos hicieron familia y Nela estudió medicina. Alli conoció a su esposo.
A veces los ve con sus hijos y ella sonríe al recordar lo que fue una vez, gustar de un par de hermanos.