¿Quién dice que los niños no se enamoran?
Para una niña de 5 años eso solo puede ser tu primer amor.
En el lugar donde vivía Luna, una niña linda con ojos carmesí y piel blanca, habían muchas niñas muy lindas; pero ella sobresalía porque su sonrisa daba mucha ternura.
Ni siquiera supo cómo empezó, solo pudo darse cuenta que cada fin de semana llegaba a casa de una de sus primas, un niño con una sonrisa tan linda como la de ángel que capturaba su atención.
Su nombre era Sebastián, era un niño bastante delgado pero muy parecido. Tenía ojos claros muy brillantes, pelo castaño y una voz tan fuerte que no precía un niño de 6 años.
Como cada domingo, era muy seguro que ese día llegara con su familia, jugaba con su bicicleta azul.
Por ser tan bonito no solo le gustaba a Luna sino a todas las niñas incluso a las más grandes.
Se decía que a él le gustaban todas las chicas, que tenía un gusto preferente por las más grandes y eso a Luna la puso triste; porque ella se había dado cuenta que ella nunca podría ser notado. Pero eso eran solo los pensamientos de la niña.
Y así empezaron todos los enredos, Luna siempre fantasiaba para que la viera, ella jugaba más cerca de él; pero era difícil darse cuenta que él la veía pues jugaba como siempre con su bicicleta de arriba a abajo.
Era un chico amable, todos los niños de su edad lograban llevarse bien con él; porque él era muy agradable. Ya se había hecho amigo de todos ellos.
El tiempo fue pasando y Luna le gustaba cada vez más. Para ella era suficiente verlo llegar y pronto empezaría una lucha de quién llamaría su atención.
Todas escribían cartas para él y eso se convirtió en una trampa, porque nadie aseguraba qué las recibiría o que las leería; o peor aún que las respondería.
Casi todas las niñas le decían a Luna que a él le gustan otras niñas, ella era pequeña e ingenua y no se daba cuenta de que era una competencia.
Solo los familiares de él sabían que era Luna la niña que le gustaba. Y así pasó un año, desde que Luna lo conoció y fue ella quién se conformó con solo verlo.
También, a sus 6 años ya le dolía saber cosas que ella creería como ciertas, pues para ella a él no le gustaba.
Pero eso no fue razón para que a ella le dejara de hacer latir su pequeño corazón por él, le gustaba cada vez más. Ella se veía de grande junto a él, pues siempre albergó en su ser la esperanza de que le correspondiera.
Fue en unas vacaciones, cuando él salió con su familia a disfrutar del mar y por unas coincidencias de la vida, una ola gigante trajo consigo una desgracia. Los arrastró, fue difícil para su primo sostenerlo y luchar por resistir. Se hallaba sin fuerzas. Fue de pronto otra embestida y eso haría que lo soltara y fuera arrastrado por el mar, que se lo llevaría para siempre.
Cuando Luna supo de esa noticia, ella no podía creerlo, se negaba a aceptarlo y en su corazón creía que seguía vivo. Su familia se esforzó por encontrarlo, fueron muchas semanas de desesperación y tras búsquedas, fue encontrado su cuerpo sin vida en otra costa.
Luna supo la noticia y se puso triste, pero era real. De sus ojos no salió una lágrima, se resignó y así fue como Sebastián se fue para siempre con su amor de niña.
Muchos años después, Luna era una jovencita y escuchó decir de una prima de Sebastián, que seguro si él estuviera vivo fuera su novia; porque él decía que era Luna quién le gusta. Pero ella pero ella no hizo caso y lo ignoró.
Ella siguió luchando y se hizo profesional. Ya adulta supo que en realidad a él le gustaba...
¿Cómo pudo creerlo? Pues la mamá de Sebastián conoció a la hermana de Luna en el trabajo y le confesó que una niña con la descripción de Luna, era la razón por la que él quería ir todos los domingos.
Ya Luna había conocido otros amores, pero ella al saber de esto, más que alegría sintió tristeza; porque había creído toda su vida que él nunca le correspondió.
Ella solo soltó una lágrima al saber que murió amándola a ella.
Ahora Luna tiene una familia y siempre recuerda con tristeza a Sebastián, quién fue su amor de infancia.