Recuerdo verte entre muchas personas sentado en un mesón, primero te ví de perfil, siendo honesta no llamaste mi atención o almenos no concientemente, a los pocos minutos me ví preguntándome qué clase de persona serías. Todavía guardo con aprecio en mi memoria un corto video, una imagen, una mirada tierna, unos labios que tentaban mi locura y un sentimiento calido que se alojó en un rincón de mi corazón. Luego de esos dos días en las cabañas al volver a casa mi mente revivió tu rostro tantas veces que temía estarme enamorando de alguien que probablemente no volvería a ver, por ello comencé a decirme que solamente te fantaseaba (tu en la cabaña, en al piscina, en el gimnasio, en la laguna, con tu guitarra, a ti sentado en el mesón) para abreviar las horas. Firme en mis engaños, ya no satisfecha con la imagen que guardaba de ti en mi memoria, busque algún retrato tuyo en internet... no quería olvidarte. Así fue como nos volvimos a encontrar en un espacio virtual, pero no era suficiente para ninguno de los dos, por ello quedamos de vernos en el centro de la ciudad.
Ese día fue extraño sentí que Dios medía cuantas ganas teníamos de estar uno junto al otro, pues pasaban muchas cosas por las que debíamos separarnos y dejar el encuentro para otra ocasión, sin embargo creamos la forma de seguir juntos. Ese mismo día, en la plaza, me besaste estabas tan felíz y nervioso cuando dijiste; - quiero conocerte más, pero no quiero ser tu amigo, quiero que seamos más que eso.
"Me enamore de ti como cuando estas quedandote dormido primero lentamente y luego de golpe", no son mis palabras, pero en definitiva fue así.