Recuerdo que, hace mucho tiempo, esta chica me dijo que no se iría de mi vida a pesar de saber que estaba enamorado de ella. Pensé en aquel día como el fin de su existencia en mi vida. Pensé que sería como en aquellas películas románticas donde el chico se va distanciando poco a poco sabiendo cómo la chica se siente por él. Pero ella no lo hizo, y eso me dio alguna clase de esperanza y posibilidades.
Recuerdo también que, le dije a ella que estaba dispuesto a esperar, sin importar cuánto tiempo me llevaría. Me quedaría aquí, a su lado, siempre. Seré honesto, me duele más y más cada día que pasa. Desde que le dije que la amaba, siento que me estoy ahogando en las profundidades del Océano Pacífico al pasar de los días. Ella dijo que no se iría, pero siento lo opuesto a eso. La estoy perdiendo lentamente, aunque en primer lugar, nunca la tuve. Y duele. Jodidamente duele.
Recuerdo cuando dije que la amaba; la abracé aquella noche, llorando, ebrio y lo arruiné. Me gustaría saber por qué decidió quedarse. Ella sabe que no tengo el coraje de que, pedirle por favor se vaya. Creo que no tiene ni la menor idea de lo que se siente llorar todos los días. Tampoco sabe cómo se siente tener noches de insomnio cuando todo sobre ella es inútil. Y estoy cansado. Cansado de mirar al espejo y ver aquellos ojos tristes y vacíos.
Lo siento, querido yo, por dejarte ser una opción, por dejarte marcado por mucho dolor. Vamos a respirar ahora. Vamos a empezar despacio. Vamos a dejar ir todo y con el tiempo estaremos completos nuevamente. Se que ahorita se siente que nos hace falta una gran parte de nosotros, pero, mientras más tiempo prolonguemos esto, difícil será recuperarnos.
Recuerdo cuando le dije que me quedaría a su lado por siempre. Lo siento si no puedo mantener mis promesas. A veces pienso si extrañará mi presencia cuando lentamente desaparezco de su vida.
No más amargura, no más lágrimas, no más lástima y no más dolor. Merezco ser feliz y ella también.