La ventana se rompió en gran medida, dejando caer una piedra dentro de la oscura habitación que sólo tenía una cama en el centro y a un joven durmiendo.
A los segundos alguien llegó trepando por la ventana, rápido y ágil, metiendose en la habitación y sentandose al borde de la cama. Observando las pestallas rubias de aquel chico recostado.
- Arturo, despierta- le dijo, empujando su hombro-. Ya vine, hice un poco de ruido pero es todo.
El rubio se movio en la cama, molesto por ser despertado y abriendo los ojos. Viendo a aquel pelirrojo y atrapando su mano en el proceso.
- ¿David..? - hizo una pausa leve, mirando su mano entre la suya al sentir algo fresco escurrir- ¿Sangre? ¿Pero por qué..?
-Me corté con el vidrios de tu venta... Bueno, la ventana que tenías hace diez minutos. Ahora sólo es un hueco en la pared.
Arturo suspiro, maldiciendo por lo bajo y enderezandose para ver que, en efecto, su pequeño y limitado cuarto ahora estaba lleno de vidrios rotos.
-¿Y ahora que voy a hacer?- dijo él, frustrado-. Es un desastre, me matarán cuando lo vean.
David, sonrío, mostrando un toque de diversión en sus ojos azules.
- ¿Y sabes lo peor?- Abrió grandes sus brazos, llevandolos al pecho de forma teatral después- Que si ahora me voy me cortare los pies.
-Idiota, eso me vale mierda. Lo que te pedí es que me ayudaras a salir de mi encierro.
-Y lo hice, ¿No merezco ahora unos buenos besos- Sonrió, guiñando un ojo y acercandose para pegar su frente contra la suya- Y esos labios no se hidratarn solos.
Arturo suspiro, llevando sus manos hacia el cabello del pelirrojo y jalandolo.
-Sacame primero, maldito.
El otro solto un quejido ante el gesto, llevando sus manos a la de él pero sólo sosteniendolas. Dejandolas en su sitio mientras rompia distancia, besando con sorprendente gentileza a Arturo.
-¿Qué haces..? No...-
-¿Sí sabea que te amo, no? -Murmuro contra sus labios, abrazandolo de l a cintura ahora.
-Ya sé, pero...
-Ssh... Te sacaré de este horrible lugar de gente conservadora de cuarta y huiremos lejos... Pero no sin antes hacerte mío.
Sus manos bajaron, llegando con un agarre fluido y firme a sus muslos. Separandolos y explorando entre ellos, minutos antes de que comenzaran los jadeos.
Al día siguiente los padres de Arturo llegaron al cuarto. Encontrando la ventana rota y un par de condones en la cama. No lo buscaron nunca, suficiente decepción tenían por la imágen del cuarto y sospechas de lo ocurrido.