La mañana me dolía.
Me desperté entre sábanas ajenas. Olían a él. A madera, a poder, a Lucas.
Mi cuerpo estaba cansado pero ya no dolía. El celo había bajado.
Y al lado mío... él.
Lucas dormía. El futuro Rey. Con el ceño fruncido incluso dormido.
Un brazo pesado sobre mi cintura. Como si tuviera miedo de que me fuera.
"Buenos días" susurró sin abrir los ojos. "No te muevas."
Me quedé quieto. Su aliento me rozó el cuello y un escalofrío me recorrió.
Anoche rompió todas las reglas por mí. ¿Y ahora qué?
Toc, toc, toc.
Golpes en la puerta. Fuertes. Oficiales.
"Su Alteza. El Rey lo espera en el salón del trono. Ahora."
La sangre se me heló.
Lucas se tensó. Maldijo por lo bajo y se levantó.
"Vístete" ordenó. Voz seria. De rey. "Y no hables con nadie."
30 minutos después estábamos ahí.
El salón del trono. Frío. Gigante. Y en el centro: El Rey. Su padre.
Ojos iguales a los de Lucas. Pero sin calidez.
"¿Es cierto?" preguntó el Rey. Sin rodeos. "¿Pasaste la noche con un omega en celo?"
Lucas dio un paso al frente. Me puso detrás de él. Como un escudo.
"Sí" dijo. "Yo lo decidí."
Silencio.
"¿Sabes lo que eso significa?" rugió el Rey. "¿Sabes las consecuencias?"
"Que pierdo el derecho al trono" respondió Lucas. Firme. "Si eso es lo que quiere."
El Rey lo miró. Largo. Luego me miró a mí. Como si fuera basura.
"Tú" dijo señalándome. "Omega. Arrodíllate."
No me moví.
La mano de Lucas me agarró la mía. Fuerte.
"No" dijo Lucas. "No se arrodilla ante nadie. Y menos ante ti si me vas a castigar a mí."
El Rey se puso rojo de rabia. "¡Es una orden!"
"Entonces desherédame" dijo Lucas. Y me apretó más la mano. "Pero a él no lo tocas."
Nadie respiraba.
El Rey nos miró a los dos. A mí temblando. A Lucas desafiante.
"Márchate" dijo por fin. "Los dos. Antes de que haga algo de lo que me arrepienta."
Salimos.
En cuanto las puertas se cerraron, Lucas me pegó a la pared del pasillo.
Respiraba agitado. Furioso. Aliviado.
"¿Estás bien?" me preguntó. Me revisó la cara con las manos. "¿Te hizo algo?"
"N-no" negué. "Pero tú... ¿de verdad vas a perder el trono por mí?"
Lucas me miró. Y algo en sus ojos cambió. Ya no era el príncipe frío.
Era solo un hombre.
"Te vi con otros alfas ayer" dijo. Voz baja. Celosa. "Y me volví loco.
La idea de que te tocaran, de que te consolaran... no la soporté."
Se acercó. Me tomó del rostro.
"Anoche te besé por celos" susurró. "Hoy te beso porque es lo que quiero."
Y lo hizo.
Un beso lento. Profundo. Como si sellara una promesa.
No fue como el de anoche. Este fue diferente. Fue de él para mí. Sin miedo.
Cuando se separó, apoyó su frente en la mía.
"Eres mío, Daniél" dijo. "No del reino. No de mi padre. Mío."
Me alzó en brazos otra vez y me llevó a sus aposentos.
Cerró la puerta. Y esta vez no había reglas que romper. Solo nosotros.
Me sentó en su regazo. Me acarició el pelo. El cuello. Los brazos.
Cada beso era más lento que el anterior. Cada caricia decía "quédate".
"¿Tienes miedo?" me preguntó contra mis labios.
"De tu padre, sí" admití. "De ti, no."
Sonrió. Por primera vez una sonrisa real.
"Bien" dijo. "Porque no pienso soltarte."
Esa noche no dormimos. Hablamos. Nos besamos.
Lucas me contó de su infancia solo. Yo le conté de la mía.
Y cuando amaneció, todo el palacio ya sabía la noticia:
El futuro Rey renunció al trono.
Por un omega.
Por mí.
FIN DEL CAP 5