El bar de los barrios bajos de la bulliciosa ciudad antigua de Hallxiz, Nar se dirigía hacia allá. Su característico cabello largo y atado enmarañadamente ondeaba desastroso mientras corría por las aceras y las intrincadas calles. Al llegar al lugar, lo primero que hizo fue abrirse paso entre la gente. El establecimiento estaba repleto, era uno de los bares más populares en verdad. Por su pequeño tamaño, le estaba siendo difícil, bestias, aves, e incluso dóciles casi tres veces más grandes que él. Las risas y la música resonaban en las paredes, casi aturdiendo al pequeño humano. Pero debía lograr su objetivo, debía llegar al sello del Pulpo...
En un mundo lleno de demianimales, que antes vivían aislados y en guerra, nació Nar. Un pequeño chico humano. Tez mestiza y ojos grandes, y su cabello ondulado largo y oscuro. Residente de la ciudad de Hallxiz, la primera en agrupar a todas las clases. Creció oyendo la historia de cómo fue fundada su ciudad. Su madre, era una lavandera que amaba contar historias a los niños del pueblo –y él, entre todos ellos. Y su padre... Oh, su padre. Kar, era su nombre y no había nadie en el mundo que Nar admirara más que a su papá. Su pecho se inflaba de orgullo cada que Terja, su madre, contaba la historia de su padre. El décimo sello, el sello de la Gente, y el guardián del lugar de encuentro de los sellos. Y es que no era para menos, aquello era algo importantísimo en la historia de Hallxiz, ya que, antiguamente las cosas eran muy distintas...
Antes, las bestias, y todas las clases vivían en guerra, habían muchas otras naciones, pueblos divididos por fronteras, y muertes... Por todos lados. Además, los humanos debían vivir completamente ocultos, para no ser devorados por los demis. Y entonces, los ángeles decidieron meterse. Pero no de la forma que todos esperaban. En vez de traer armonía y paz a los pueblos, intentaron someterlos. Ellos serían los líderes de todo. Una dictadura total. Obviamente, nadie estuvo de acuerdo con esto. Los conflictos perdurarían aún así. Por lo que un día, Shezaro, un mago ángel antiguo y sabio, además de poderoso, que se encontraba en contra de lo que su gobierno planeaba hacer, reunió bajo su mando a 10 jóvenes representantes de cada una de las especies sobre la tierra y les llamó "Los 10 Sellos de Hallxiz". Entre ellos se encontraba el padre de Nar. Y estos jóvenes guerreros, que contaban además con habilidades mágicas, derrotaron al gobierno Angelical y devolvieron a todas las criaturas su libertad. Con esto, el pueblo se inspiró, ellos habían demostrado lo efectivo que podía ser el trabajo en equipo entre todas las especies –incluso los humanos. Así que todos aprobaron un nuevo proyecto: " Hallxiz ", una ciudad dónde todos podrían convivir en paz. Sí, todos, excepto Lithium, el quinto sello, el sello del Escorpión. Él no estaba de acuerdo con esa idea. Afirmaba que todos eran demasiado diferentes para convivir en un solo sitio. Poco a poco, fue convenciendo a los demás sellos de su idea. La ciudad se construyó, sí, pero con ella también se elevaron otros pueblos, y aunque ya no habían guerras ni conflictos, continuaban divididos.
Nar, a lo largo de toda su infancia, aprendió todas esas historias, y entrenó con dedicación y esfuerzo para al igual que su padre convertirse en el próximo sello de la Gente, luego de que este lamentablemente falleciera.
A sus dieciséis, aún es algo pequeño, y no muchos ponen esperanzas en él como sucesor de su padre, pero Nar sabe que si cumple con los requisitos. Incluso, tiene una habilidad mágica, al igual que cada uno de los guerreros a quiénes tanto admira. Nar desarrolló poderes para ver el futuro, y para ver ciertas cosas, a través de sus sueños, como las probabilidades de que algo suceda, o incluso, escabullirse en los sueños de otros, esto último ni el mismo sabe muy bien como lo descubrió. Sí, poseía esos poderes, aunque no los compartió nunca con nadie. Sin embargo, la noche antes de tener que correr hacia el bar del centro de la ciudad, tuvo un sueño raro, y esa fue la razón de que haya tenido que ir a aquel lugar.