Era mi primer día de trabajo en aquella pequeña veterinaria cuando nuestras miradas se cruzaron, vivía exactamente enfrente, era guapo, imponente, interesante e hijo de papi y mami obviamente desvié la mirada, no me interesaba en lo absoluto un niño rico, un día entró a la tienda con el pretexto de comprar peces, un hamster o algún otra mascota, fuí amable pero no dejaría que consiguiera lo que el quería un juguete o un trofeo, al menos era lo que yo creía, al final no compro nada dijo que regresaría otro día, todas las mañanas intentaba cruzar su mirada con la mía pero yo simplemente me ocupaba de mis asuntos sin prestarle atención. Un día mientras hacia la limpieza entro a cambiar un billete le contesté que no había vendido nada por lo tanto no acompletaba el importe total con una sonrisa en el rostro me dijo que eso era excelente que volvería más tarde por el resto, antes de salir me preguntó si me gustaba el café, sin mucho afán de respondí que si mostrándome muy ocupada, a los 15 minutos estaba de vuelta con un café en cada mano me lo entregó y no pude negarme, pero para darle una lección me senté en la banqueta, cuál sería mi sorpresa que hizo lo mismo que yo y me agradeció encantado por aceptar el café. Los días siguientes en cuanto yo llegaba el cruzaba la calle para pasar todo el día juntos, unos días después nos encontrabamos completamente enamorados.
Al final del verano mis padres se enteraron de lo nuestro y nos separaron, el se fué a España a seguir sus estudios yo no pude decirle nada más, sólo que cuando el volviera estaríamos juntos otra vez.
Dos años después al salir del colegio estaba justo ahí esperando a un primo que iba a la misma escuela que yo , al verlo me congelé y no supe que dicir, se apresuró a abrazarme y se ofreció a llevarme a casa, hablamos todo el camino de cuánto nos extrañamos como soñabamos con volvernos a ver y de que habíamos echo con nuestras vidas en ese tiempo, acordamos obviamente retomar lo que teníamos y fuimos felices algunos meses, sin embargo descubrí un pequeño secreto, tenía un hijo de un año, sin decirle nada más me alejé para dejarlo cumplir con sus obligaciones como padre.
Una mañana crucé la calle corriendo pues ya era tarde para el colegio cuando sentí que alguien me tomó del brazo, al voltear no podía creer que fuera el, me dijo que cada día pedía al cielo volverme a ver qué el no sabía por qué lo había dejado sin decirle nada, llorando le dije que lo sabía todo que me había mentido, se arrodilló me pidió perdón y me explicó que no vivía con el niño ni su mamá sin embargo tenía miedo a perderme por eso no dijo nada.
Está es una historia que se sigue escribiendo cada día y no tiene final.