Promesas de Papel
Raina jamás imaginó que terminaría casándose con un hombre al que apenas soportaba. Todo comenzó con un contrato elegante, firmado en tinta negra y silencios incómodos. Adan necesitaba aparentar estabilidad para conservar la empresa familiar; Raina necesitaba dinero para salvar la pequeña librería de su madre. Un año de matrimonio falso. Reglas simples: nada de sentimientos, nada de preguntas, nada de amor.
La boda fue pequeña, fría y perfecta para dos desconocidos.
Adan siempre parecía hecho de hielo. Vestía impecable, hablaba poco y miraba como si pudiera descubrir las mentiras de cualquiera. Raina, en cambio, llenaba los espacios vacíos con palabras y sonrisas nerviosas. Eran opuestos obligados a compartir techo, desayunos silenciosos y fotografías fingiendo felicidad.
Pero las mentiras tienen una forma extraña de parecer verdad cuando se repiten demasiado.
Una noche de lluvia, la electricidad desapareció en toda la casa. Raina encontró a Adan sentado en el suelo del salón, iluminado solo por una vela. Por primera vez no parecía distante, sino cansado. Vulnerable.
—¿Le tienes miedo a la oscuridad? —preguntó ella, intentando bromear.
Adan soltó una risa breve.
—No. Solo me recuerda que algunas cosas se apagan demasiado rápido.
Aquella frase quedó suspendida entre ambos.
Desde entonces comenzaron a descubrirse sin querer. Él aprendió que Raina hablaba dormida cuando estaba preocupada. Ella descubrió que Adan odiaba el café amargo, aunque fingía beberlo porque su padre decía que “los hombres serios no toman chocolate”. Compartieron películas malas a medianoche, discusiones absurdas sobre música y silencios que dejaron de sentirse incómodos.
Y entonces llegó el final del contrato.
Raina preparó las hojas del divorcio con las manos temblorosas. Adan las observó durante largo rato antes de hablar.
—Si firmas… todo volverá a ser como antes.
Ella intentó sonreír.
—Ese era el trato.
Adan tomó el bolígrafo, pero no firmó.
En cambio, levantó la mirada y dijo algo que destruyó todas las reglas que habían creado.
—No quiero seguir fingiendo.
Raina sintió que el corazón le dolía de una manera hermosa.
Porque, al final, el matrimonio había sido falso… hasta que dejó de serlo.