Me gustaba pasar tiempo con Nicolás, le prestaba atención hasta en los detalles más pequeños. Su lunar bajo el ojo que resaltaba entre toda su piel pálida, sus ojos azules que cuando estaban bajo el sol se ponían de un color verdoso que me encantaba presenciar, su manera de sonreír, hablar, incluso caminar eran especiales para mí, Cada mínimo detalle era presenciado por mi, amaba prestarle tanta atención hasta el punto de que veía cosas que los demás no. Su risa, esa risa tan contagiosa que muchas veces pude escuchar, aquella risa que solo soltaba conmigo y mi familia, era adictiva escucharla. Musica para mis oídos, y si, debí admitir que sus jadeos también eran majestuosos. Cuando lloraba, sentía que el corazón se me derritia de la tristeza. Ahora haría lo que fuera para volverla a escuchar, ese llanto, risa, jadeos y su voz. Lo extraño.