Yo sólo estaba viendo pasar a las personas a través de la ventana de mi salón de clases, cuando dentro de esa multitud de gente que había en los pasillos, se encontraba esta chica.
Era de unos 1.65 metros, tenía una sonrisa que robaba suspiros de cualquiera que la veía, ojos cafés claros y el pelo corto. Lo regular, pero, había algo en ella que no sabría cómo explicar, algo inefable, que me encantaba y me atraía hacia ella. Y en cuestión de minutos, terminé enamorándome de ella, así sin conocerla ni nada, pero me sentía seguro.
Sin embargo, al no conocerla, obviamente no sabía cómo se llamaba y eso hizo difícil el asunto de darme a conocer en frente de ella, puesto que soy introvertido y digamos que, hacer amigos y/o platicar con alguien no se me da en lo absoluto.
Pasaron horas, días, semanas y un par de meses en los que aún no sabía absolutamente nada sobre ella; al menos veía a las personas con quienes ella se juntaba, entonces empecé a buscarlo a ellos. Y después de más días de búsqueda, finalmente la encontré.
Me sentí feliz en ese momento; el mundo estaba a mis pies, pero todo dejó de ser alegría cuando entré a su perfil y estaba feliz en una relación de dos años y contando con su novio. Estaba siendo engullido por el mundo.
Quise destruir todo, quise gritar, quise hacer muchas cosas, pero no pude hacer nada, sólo me quedé en completo silencio escuchando el estruendo que provocó mi corazón al romperse. Y eso apesta.