Cuando el día de mi cumpleaños por fin llegó, pensé que sería suficiente para tener un buen cierre, una buena despedida. Pero al ver la alegría de mi familia y mis amigos, ya nada se siente como lo había imaginado. Esto es más crudo, más pesado. Porque lo más jodido es que no podía escapar de lo que me esperaba. Solo yo enfrentaba la carga. Solo yo moría de tristeza, lentamente, mientras sus risas resonaban dentro de mí, martillando en las llagas.
—Está lloviendo, Lily. Dicen que las lluvias en tiempos festivos son señal de buen presagio.
—Qué bueno —Sale de mí la sonrisa más evidentemente falsa.
—Guau, aquí pasa algo.
Claro, él lo descubriría. Que en realidad mi mente no estaba en el presente, no estaba feliz del todo.
—Sabes que me pongo nostálgica en cada fiesta, porque es un año más cerca de nuestras muertes.
—¿Y vas a empezar con eso? Deja los sucesos del futuro para el futuro. Disfruta del ahora.
Señala con el dedo el tumulto de personas, esas carcajadas emotivas y cuchicheos compitiendo con la música.
—Sí, tienes razón.
No pude sonreír.
—Lily.
Su voz parecía un susurro entre el cántaro de lluvia chocando en el techo. No indagó en más detalles del porqué yo estaba así. Tal vez no quería recordármelo y solo sacarme del trance en el que me encontraba.
—¿Qué? ¿Por qué no vas para la fiesta?
—La anfitriona está aquí.
Junta sus manos con las mías: pálidas, demacradas, uñas descuidadas. Las cierro por instinto. Daban pena. Él niega en el momento y las vuelve a abrir. Las besa y me observa. Sus ojos…
—¿Por qué tienes lágrimas en los ojos, Lucas?
—No lo sé. Solo que te veo cada día y hay algo raro, tan extraño. Insisto en que comas bien, compro chuches, pero esos huesos no los veo desaparecer entre masas y músculo. Esa piel, por mucho que insista en sacarte a pasear para que tomes algo de sol, sigue siendo tan pálida como una neblina.
—D… Deja eso. Es que no…
La verdad, no sabía qué contestar. Nunca estaba preparada para responder esas preguntas. Podía justificarlo con una dieta extrema o que no me gusta el sol, pero eso no se lo tragaría tan fácilmente. Ya era una hazaña que no descubriera nada hasta ahora. Él era muy perceptivo. Él contaba cada detalle sobre mí. Él era el mejor amigo.
—Lily, ¿qué nos estás ocultando? Desde ese día que dijiste que ibas a hacerte un chequeo al hospital, cuando volviste comenzó tu cambio. Ni siquiera nos dejaste acompañarte. ¿Qué salió en esos análisis? ¿Qué dijo el médico acerca de los hematomas que te salen hasta por rozar tu piel?
Dicho esto, sus yemas recorren la piel de mis brazos cerca de los moretones azulados. Se acerca, los besa con suma delicadeza.
—Oye, eso es raro…
—No eres tonta como para no saber que estoy enamorado de ti hasta los cielos. Eres una chica inteligente, Lily, y eso enciende mi llama cada vez que te veo.
Los demás comienzan a llamarnos, extrañando nuestra presencia. Justo a tiempo para sacarme de esta situación laberíntica.
—Te respeto. Respeto tus decisiones como una ley recia, pero si esto sigue así, me obligarás a hacer el papel de entrometido, más de lo que lo estoy siendo ahora.
—Vamos a la fiesta. Tú mismo dices que no debería estar pensando en cosas tristes estos días, y que la lluvia es una bendición de los cielos.
Observo a mi familia dibujando un corazón en el aire y señalándonos.
—Es hora de cantar las felicidades.
—Sí —sonrío por el bien común, recordando los años que viví en regocijo y rodeada de amor.
—¿Listos? —preguntan todos, alistándose para cantar y aplaudir al mismo tiempo.
—¡1, 2 y 3…!
—¡Feliz cumpleaños a ti! ¡Feliz cumpleaños a ti!
Sí, así es como debe ser un buen final para mí. Lo merezco. Nací rodeada de calidez y moriré rodeada de ella.