Él la acorraló contra la pared del pasillo, lejos de las cámaras de la fiesta. 'Dijimos que esto no significaba nada', susurró ella, aunque su respiración lo traicionaba todo. Él le quitó un mechón de pelo de la cara con una lentitud tortuosa: 'Mentí'. En ese momento, el teléfono de ella vibró con un mensaje de su prometido, pero ninguno de los dos se atrevió a romper el contacto visual."
"Odiaba su arrogancia, su apellido y la forma en que siempre conseguía lo que quería. Él, por su parte, vivía para sacarla de sus casillas en cada reunión. Pero cuando el escándalo estalló y ella no tuvo a dónde ir, fue la mano de su peor enemigo la que se extendió en la oscuridad. Ahora, compartir el mismo techo es una tortura de silencios cargados y roces accidentales que amenazan con quemar el odio... y convertirlo en algo mucho más peligroso."