En un fin de semana. Luego de hacer unas actividades escolares con sus compañeros Rosa de ves en cuando le hechaba un vistazo a Ignacio su compañero recién transferido días atrás.
—Me gusta—Dice en voz alta sin darse cuenta.
—¿Quién?—pregunta Ignacio quien siempre se sentaba a su lado.
(Rosa se queda helada y sus mejillas se sonrojar por la confusión).
"¡Me escucho!"
—¿Quién te gusta?—preguntó nuevamente Ignacio.
(Rosa se ríe levemente por el nerviosismo).
—Carlos...Me gusta Carlos, sabes el de la clase 6D.
(Él se quedó pensando por unos minutos, pero luego se hizo el que entendió. Y siguió jugando con su teléfono).
—Sabes que él es como yo verdad— volvió hablar aún sin dejar de jugar.
—Sí, por supuesto que lo se... Es decir, tiene todo lo que me gusta.
"¿Qué acabo de decir?".
—Claro. Si tu lo dices; aunque nunca me prestaste atención a mí. Eres rara sabes.
—Es que no es lo mismo, nosotros somos amigos.—responde rápidamente.
—Bueno. Sí, tú lo dices.
Al dia siguiente Domingo tocaba hacer un trabajo escolar en grupo:Con otras compañeras.
Rosa ése día se levantó tan temprano para comenzar arreglarse que ni siquiera había salido el sol; se ducho tan exageradamente bien que podría decirse que brillaba de lo limpia qué quedó, se colocó un pantalón alto anchoc con una blusa suelta blanca más unos zapatillas blancas y luego desayuno unos huevos con pan, de camino a la casa de Ignacio compró unos helados y se apresuró a llegar temprano 8:00 am.
(Tocó la puerta por aproximadamente 15 0 20 minutos sin obtener respuesta, luego se le ocurre la idea de llamarle a su teléfono celular y este le responde inmediatamente. Luego de cortar la llamada la puerta se habré y ella pasa después de saludarlo).
—Traje helado para todos.—menciona estirando la mano con la bolsa de los helados con la intención de que este tomara uno.
—No. gracias.— reponde Ignacio co. Cara de astio.
"Me he equivocado ".
( mientras Rosa pensaba Ignacio se quita la camisa dejando la sorprendida con. Su cuerpo en proceso de musculatura. El gimnasio le ha prestado para bien, pero más sorprendente son sus lunares bellamente esparcidos en su espalda).
—Hijo aquí esta tú compañera, repetala.— dice la madre de Ignacio en tono de regaño.
—Ma' ella es mi bro, verdad perro. —dice con tanta seguridad esto último mirándo a Rosa con una sonrisa de lado.
—Sí...
Y sí, este chico es un completo imbécil.