Hinna
Tenía la sensación de que algo me observaba. Me giré, busqué con la mirada cuáles eran los ojos que me miraban con tanta intensidad. Yo estaba sentada en el techo de mi finca, rodeada de niebla espesa que cubría el terreno. Quizás fue una ilusión falsa, pero la blanca bruma se abrió, hasta dejarme ver una figura cubierta por una chaqueta de cuero marrón. Una vieja sensación de calidez me estranguló el pecho. No. El no.
Necesito acabar con esto. Necesito acabar con este juego.
Eso fue lo que dije hace 2 meses, dos malditos meses. Él había tenido tiempo de olvidarme, de olvidar mi piel, mis labios, mis ojos…Había tenido tiempo de olvidar las incontables noches juntos, las miradas, los roces, el juego constante, sí, pero no, y yo había tenido tiempo de mentalizarme. Lo habría hecho antes pero siempre que lo intentaba el miedo me paralizaba. Sin embargo, ya hacía tiempo que miraba los cuchillos, las sogas, los precipicios sin fondo…con deseo, un deseo que me arrastraba a terminar con todo. Pero no me parecía correcto si él seguía en mi vida y en mi cama.
Cashel
El azul de sus ojos se cruzó con el carmesí de los míos. Le sonreí. No pude ver si me devolvió la sonrisa por la niebla, pero seguramente no lo hizo. Habíamos terminado hace unos meses, y aun así, no me la sacaba de la cabeza
Está bien, pero no me olvidaré de ti tan rápido.
No podía hacer que se quedara a la fuerza, y tampoco le iba rogar.
Se giró y me dio la espalda, como todos las veces que nos veíamos desde aquel dia.
Me quedé mirando esa espalda tan conocida; la forma en la que la niebla se arremolinaba a su alrededor era hipnótica. El viento, suave y calmado, acunaba los mechones rubios que caían por su espalda, hasta las caderas; las mismas que yo había besado tiempo atras.
Que pena no tener un lienzo y un pincel.
Pensé.
Me di cuenta de que, a pesar de que ella ya no quería nada, yo seguía enamorado de ella hasta las entrañas.