Cuando fui a una secundaria pública por primera vez era una persona que no tenía muchos amigos, no hasta que conocí la persona que haría que mi vida se volviera en burlas ante los demás. Apenas iba entrando, cuando tenía 12 años y me encontraba con sólo una amiga, jamás creí que me arruinaría completamente, un día como otros fuimos a tomar nuestro almuerzo en la cafetería, en ese momento solo éramos nosotras dos, así que no éramos de crear caos, fue entonces donde llegó, un chico de un metro setenta, cabello castaño y ojos negros como la noche.
Yo al principio me emocioné, intentaba ocultarlo a toda costa, pero mi "amiga" la cual se llamaba Ana no era del todo discreta o tan siquiera no tenía vergüenza; nos presento como amigos de hace años, algo que fue incómodo para ambos, queda aclarar que aquel chico no iba solo, siempre tenía otro amigo detrás, en fin, yo como buena persona y con un gran aprendizaje en escapar, salí huyendo con la escusa más tonta, 'ya era hora de entrar' faltando aún diez minutos; esperaba que ese día fuera el último, sin embargo, Ana no haría eso tan fácil, ya que comenzó desde ese día a molestarme con su amigo, diciendo que era apuesto, y también de porque no me gustaba.
Yo la ignoré durante casi un mes enteró cada vez que lo metía a un tema de ambas, dentro de ese tiempo una nueva persona se metió en mi vida, la mayor cómplice de Ana, Nayeli. Ambas se entendía tan perfectamente que se ponían de acuerdo para molestarme; queda aclarar que con el chico ya no volví hablar desde ese tiempo, solo lo veía de lejos, ya que se sentaba a dos mesas lejos de nosotras, no podía creerlo, porque no se podía alejar; creerán que también nosotras podíamos irnos, lo hacíamos, no hay duda que ellos nos seguían, a donde fuéramos los encontrábamos, por un momento si creí que era un plan de Ana hasta que volvimos hablar por segunda vez.
Una vergüenza enorme me dio, cuando estábamos conversando y Ana comentó sobre nosotros, de cómo no éramos tan unidos como ella y él; tanta vergüenza me dio que terminé escupiendo mi agua que tomaba en ese momento, fue tanta pena que solo tomé mis cosas y me marche rápidamente, no creía que ese sería el punto donde se marcaría mi mayor sentencia. En las clases siguientes ignoré a Ana y Nayeli, el simple hecho de que me hicieron pasar por un momento tan raro y gracioso para los demás, menos para mí, me hacía enfurecer tanto.
En la hora de salida me detuvo del brazo pidiendo que la perdonará, las palabras que uso me hacían sentir que lo decía en serio, vaya ingenuidad que tenía, le creí y la acepté de nuevo, mientras salíamos de la escuela, ella subía al autobús, yo siempre esperaba a mi madre que llegaba a veces tarde; había un punto fijo donde me colocaba a esperar sola, pasando el autobús con Ana pegada en la ventana, una voz salió gritando, era aquel amigo de Ana despidiéndome. Al principio si fue penoso, ya que varias personas pasando se me quedaron viendo, pero después mi corazón se aceleró de pensar que no se reía de mí sobre lo sucedido la última vez.
Al día siguiente, llegué con toda mi valentía y felicidad, los chismes entre mis dos únicas amiga y yo eran sobre él; vaya tontería, en la hora del almuerzo, decidí no quedarme en un lugar quieta, así que convencí a mis amigas a caminar por la escuela, mientras comíamos y veíamos a los demás estudiantes. Sin importar a qué parte fuéramos, ahí estaban, realmente me provocaban un poco de miedo, pero también lo creía encantador; en la hora de clases estaba tan distraída que me puse a escribir en mi cuaderno poemas que me gustarían darle a ese chico, uno... Era uno que más me gustó que los otros y hasta el día de hoy aún lo tengo; llegó un momento en que el profesor me habló y no tenía ni idea de qué era la clase, así que iba a inventar mi respuesta cuando él timbre sonó y salí corriendo de ahí.
Mi amiga me preguntó si estaba bien, yo sonreí y le dije que estaba perfectamente bien; entonces llegó, Mafer, así le decían todos, la persona que me apoyo de inicio a fin, quien creí una simple amiga, pero se volvió mi apoyo emocional. Ella era la persona más sincera que conocí, tanto que llegó a tener enemigos así como amigos, para mí era una persona a la cual admirar. Volviendo al tema, esa hora de salida ocurrió lo inimaginable, tan pronto como Ana subió al autobús, yo me quedé con Mafer esperando a nuestros papás, en fin, rápidamente a mi teléfono me llegó un mensaje, literalmente un mensaje de esos que ya casi no se usan porque ahí solo llegan anuncios o mensajes de tu línea telefónica, bueno, un número desconocido, me escribió diciendo que era el amigo de Ana, para evitarnos tanto texto solo me escribió que quería hablar conmigo, yo estaba emocionada, pero Mafer me dijo que no lo tomará tan enserio, se le hacía raro que de repente se interesara en escribirme, debí escucharla cuando podía.
El autobús se empezaba a mover y yo seguía hablando con él, no duró tanto la conversación, tan pronto como perdí el autobús de vista se despidió de mí; Mafer me decía que realmente no me ilusionara, para ella algo no estaba bien y tenía toda la razón, los días siguientes de mensajes pasamos hablar por Whatsapp, fue más fácil comunicarnos, aún así en las horas de ir a la escuela, cuando nos encontrábamos, siendo almuerzo o cambio de clase nos hacíamos los que no nos conocíamos, cómo si nada de lo que escribimos en esos teléfono fuera real, dirán que posiblemente ni siquiera era su teléfono, tal vez es un hombre viejo y gordo u otra persona cualquiera. Si era él, se los puedo confirmar cuando no mencioné que el día que me escribió por primera vez, Ana me gritó que era aquel chico... Tadeo.
CONTINUARÁ...
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