Conocí a una persona que me enseñó que los días grises tenían algo de color, nunca me costó poder decir que me había enamorada hasta la corteza de él, sin embargo, todo tenía una fecha de caducidad y la nuestra había llegado.
Las noches eran bellas, el poder ver la tranquilidad de ella a su lado era lo mejor que podría pasar el tiempo se detenía y por un segundo nada dolía, ambas almas buscaban todo lo que habían perdido. El escuchar nuestros latidos tan tranquilos eran mi melodía perfecta como un concierto privado.
Nunca supe en que momento comenzó a disminuir todo, tal vez fuimos tan cobardes o el miedo a poder seguir estando juntos fue lo que consumió todo al final como un incendio que arrasa todo a su paso.
Los recuerdos han regresado a enseñarme que la mayoría de las heridas siguen abiertas. Es cuestión de tiempo para que todo lo que esta contenido salga como una una bala que llevará un par de letras en ella.
La mente a comenzado su propio juego, un laberinto sin fin en cual se quedan contenidas tantas cosas que apesar de los años aún existen cosas que pesan y duelen como la primera vez. Pero al final todo es parte de esta extraña y tormentosa realidad en la cual todo se encuentra envuelto y conservado.
Me costó darme cuenta que todo lo que sentía era una simple ilusión, que al final todo lo que sentía era solamente una estupidez. Intenté miles de veces alejarme, pero los sentimientos se pusieron irracionales y pensaban que algo de esperanza era lo suficiente para sostenerse a una idea que no beneficiaba a nadie. ¿Amistad? ¿Beneficio propio? ¿Amor?, aún no entendía que seguía haciendo a tu lado.
Por momentos era más fácil reír y seguir adelante, sin embargo, aquella ilusión comenzó a ahogarse poco a poco en aquellas acciones y palabras que resultaban dolorosas aunque estuvieran cubiertas de "cariño".
Me hundi tanto que nunca note que ya era demasiado tarde para poder volver, ambos ya no nos perteneciamos y ahora vivíamos otras realidades en otras pieles y eso era lo que nos sigue haciendo infelices.