Nos conocimos cuando apenas estabamos decubriendo el mundo, cuando empezábamos a dar nuestros primeros pasos.
Fue mi compañero de travesuras, el que me enseño a compartir los juguetes, el que me compartió de sus dulces cuando yo no tenia, con el que compartia los recreos y mis libros de princesas para colorear. El que me prestaba sus carritos para poder jugar en la calle. El que armo una banda de tambores en el patio de mi casa.
Pasamos demasiadas horas jugando que no todos veian bien, nos intentaron de separar con una serca de madera y nosotros movimos las tablas para poder jugar cerca. No les basto con eso y pusieron una malla pero ni eso fue suficiente para dejar de vernos pues nuestras pequeñas manos de aquel entonces lograban pasar por esa malla. Nos confiamos que no habría nada que pudiera impedir que nos siguiéramos biendo; pero el tiempo demostró que no teníamos razón, aun recuerdo esa tarde en la que regrese a casa y empecé a ver que un muro se empezaba a alzar, mi pequeña mente no pudo ver que esa pared nos iba a separar; mientras más crecía el muro mi mente te iba olvidando, cada vez más tu recuerdo iba desapareciendo y al no verte en clase empecé a creer que eras solo parte de mi imaginación infantil.
Nos fuimos olvidando uno del otro hasta que nuestros momentos juntos lograron desaparecer, tal vez fue el muro que nos alejo o solo fue un moneto de la vida que dos personas compartieron. Nos volveremos a ver, no lo se; pero agradezco el tiempo en que compartimos un mismo camino.