No era competitividad.
Su amor era genuino, aunque ella no lo creyera.
Él hacía lo que fuera por verla feliz, lo que fuera por protegerla, lo que fuera por ver su tan hermosa sonrisa.
Pero ella era como un sueño inalcanzable para él.
Ella era el único sueño que nunca podría alcanzar por más que se esforzara.
Ella nunca lo aceptaría más que como amigo.
Nada le importaba mientras pudiera protegerla, no importaba el dolor de su corazón al no poder tocar su mano, no importaba el dolor de su alma al verla llorar por alguien más, no importaba si ella le hacía daño una y otra vez.
Él podía soportar todo eso y más con tal de verla feliz, con tal de secar sus lágrimas y permanecer a su lado aunque sea como amigo.