Desde pequeños nos conocíamos, eramos los mejores amigos, pero por cosas del destino terminé viviendo en un pueblo pequeño a las afuera de la ciudad.
Al pasar de dos años, cuando iba a cumplir 19 años, llegó a la puerta de mi casa. Se presentó ante mi familia argumentando que me quería. Qué no podía ser él si no estaba yo en su vida.
Ese día mi padre lo dejó quedarse en casa, no se opuso a nada. Raro. Siempre tenía la costumbre de preguntarme cada cosa de cualquier chico que conociera. Al día siguiente entendí porqué lo hizo.
Al parecer, el chico era de buena familia (nunca me importó eso). Papá soñaba que mi pareja no me hiciera pasar las necesidades que tuvo mi madre con él; por eso no dijo nada.
Faltaba una semana para San Valentin y nos contamos de todo lo que nos había pasado en los dos años alejados. Nos pusimos al día.
A los tres días, por insistencia de mis padres, me confesé. Tampoco fue tan fácil, tenía un tonto enamoramiento por él desde hace mucho tiempo, si no es que desde siempre. Así que no fue tan difícil de llevar nuestra relación.
Llego el día más esperado por las parejas, pero sinceramente no me sentía cómoda con todo esto. Se lo comenté y dijo que él podía hacernos felices a los dos, porque de verdad me quería y lo dejé.
Tres. Tres San Valentin con él antes de que me propusiera matrimonio. No lo entendí muy bien al ver ese anillo de oro blanco, pero aún así le dije que sí.
Ahora tengo 27 años y un hermoso niño con mi actual pareja. un hermoso pelirrojo sin pecas en mis brazos mientras me abalanzó de un lado a otro con él, mientras su padre me ve desde la cocina dónde prepara un exquisito espagueti.
—》BASADA EN HISTORIA REAL《—
Si alguien me hubiera dicho que en algún momento aquel chico pelirrojo de pecas iría en mi encuentro, no le creería.