la luz de las llamas alegres y danzarinas de la gran chimenea se reflejaban en el anillo pequeño y delicado, que giraba en las manos ansiosas del joven que se encontraba de espaldas a la puerta de la habitación.
Mientras esperaba, mil pensamientos giraban en su cabeza, como un remolino que mezclaba sus emociones confusas y alocadas, unas más que otras.
¿y si no viene? No, prometió que vendría. Pero ¿y si decide que mejor no?¿y si no le gusto lo suficiente?¿y si hay alguien más? Tal vez le tema a mi título, la responsabilidad que acarrea... no, debo ser yo tal vez no quiera estar conmigo. ¿y si me rechaza? ¿y si no me quiere? y si...
Este torbellino no era perceptible a simple vista. las manos del joven Rey eran delicadas pero fuertes, hechas para sostener el mundo. en sus hombros reposaban grandes responsabilidades. estaba acostumbrado a tomar importantes decisiones que afectaban a muchos, pero en ese momento sus emociones le jugaban una mala pasada. El brillo de unos ojos le atormentaba y len robaba la paz, mientras giraba entre sus dedos el pequeño y delicado anillo.
Un suave chasquido retumbó en su corazón como un trueno y mientras la puerta se abría tímidamente, y una joven hermosa como una flor entraba y le miraban con estrellas en el corazón.
Con el miedo reflejado en el rostro el joven Rey la miró a los ojos y pudo ver el mundo en ellos, su mundo, su vida, su futuro, su hogar, su destino. entonces todo encajó en su lugar. la dulce sonrisa de su amada disipó sus miedos, y volvió a respirar.
- ¡Bienvenida, amor!
Y el anillo del Rey encontró su hogar.