—Realmente estoy feliz.
—¿Estás seguro…? —me miraba triste, cabizbaja, como si estuviera dolida por mí.
—¿Qué pasa, Jen?
—La vi, estaba besándose con otro chico, ese mismo día en el bar.
—Eso no puede ser cierto, fue por un trago y estuvo a mi lado todo el tiempo.
—¿Crees que te mentiría? Fue múltiples veces al "baño" ¿no piensas lo mismo?
—No…
—Decía que iba ahí, pero no, iba con el chico. Lo lamento.
—Debo confirmarlo por mí mismo.
Me levanté de mi inmediato y salí de la habitación, llegué al campus donde la encontré.
—¿Ya vas a dejar a ese sujeto?
—¿Te refieres a Minji? Planeo jugar un poco más.
—Recuerda, hazle creer que lo amas.
Sus palabras eran armas con filo que traspasaban mi cuerpo dañando mi ser, pero en especial mi corazón.
Mi pecho dolía y mis ojos acumularon lágrimas que luego corrían por mis mejillas. La amé durante tanto tiempo, y es tan doloroso saber que ella nunca me vió así, ni siquiera como un amigo.
Sentí como unos brazos rodearon mi cuerpo, era Jen, mi amiga de universidad con la cuál compartía habitación.
—No llores por alguien así, Minji. Por favor.
—No puedo hacerlo, Jen.
—Sí, si puedes. Enfócate en otra persona, en ti.
—La amo, y mucho, esto duele.
—¡Minji! —exclamó mi nombre con fuerza, Lilian.
—No permitas que ella te haga daño.—rogó Jen.
Mis pensamientos volaron, y mis manos tomaron de la cintura a la castaña, besé sus labios con necesidad y urgencia. Jen poco a poco siguió mi beso, sus manos acariciaban mi cuello y luego mi pecho.
—Déjame… ser el amor de tu vida.
—¿Qué dices, Jen?
—Me gustas Minji, no pienso aprovecharme de lo sucedido pero no puedo aceptar que pierdas tu tiempo con una persona así. Dame solo una oportunidad de demostrar que estuviste equivocado, que yo puedo hacerte feliz.
—Quiero amarte.
Sonrió contenta y dió un beso cálido en mi mejilla.
…Desperté del sueño y abracé a la castaña, dormía plácidamente con un leve puchero en sus labios.
—Jen… cariño.
—Tengo sueño, Minji. Déjame dormir un poquito más.
—Cosita linda, vamos. Tenemos que ir a recoger a los chicos.
—Yo te dije que no aceptaras cuidarlos.
—Son tus hijos, boba. —ella rió, se acurrucó en mi cuello y besó.
—Mmm' Jen.
—Los tuyos también.
—Lo sé, cariño. Venga, no hagas eso ahora, debemos ir por los chicos.
—¿Acaso estás erecto, Minji? —sonrió de oreja a oreja, y habló en un tono divertido.
—Caraj0… Luego te harás carga de mi problema.
Me levanté de la cama y le cargué, esta se aferró de mí como si fuera un koala, reía por todo el camino hasta que subimos al coche.
—¿Qué haces? —preguntó.
—Te dije que te harías cargo de lo que provocaste.
—¿Ahora? Estamos en el coche, amor.
—¿Y? Venga, tanto que querías jugar.
Una sonrisa nerviosa adornó su rostro, se amarró el cabello con una liga y se apoyó en mi asiento con sus manos haciendo que esté a centímetros de mi erección.
—Bien, me haré cargo.
—Hazlo, cariño, estoy ansioso.
Bajó el cierre de mi pantalón y mi boxer, para luego tomar mi miembro con sus manos. Lo metió a su boca, jugando con su lengua en la punta, bajaba y subía la cabeza dándome placer.
—Ahh… Te amo, Jen.