Oscurecía rápidamente, la luna había salido a iluminar a los afortunados y a los desdichados, y gracias al destino yo era una de los afortunados. La noche era perfecta, la luna iluminando con intensidad, las estrellas brillando con su tenue luz. El cielo era encantador y el ambiente que me rodeaba lo era aún mejor.
Mi pequeño grupo de amigos, al cual me había integrado hacía poco tiempo estaba junto a mí. Salíamos del parque de diversiones soltando carcajadas y haciendo bromas y chistes sobre la experiencia en cada uno de las atracciones del parque. Camila y Anderson, Jesús y Daniel, eran los que más recochaban y molestaban en el grupo a la pobre Dary, mi mejor amiga, quien era el blanco de sus burlas en buen plan; Zev y yo hablabamos con gran atención. Sentía que los nervios me iban a consumir al tenerlo tan cerca de mí. Aún no me aconstumbraba a él.
Llegamos hasta donde estaba la bicicleta de Zev, le quitó la cadena y Camila se acercó hasta él.
—Zev, me quiero subir, ¿si? —pidió Camila.
—Está bien —respondió Zev, asintiendo con la cabeza.
Camila se subió a la bicicleta, que de hecho, era más alta que ella. Hizo un pequeño esfuerzo para subirse, pero al final lo logró.
Camila iba manejando la bicicleta con mucho cuidado, el resto de nosotros iba caminando mientras charlábamos entre risas. Pasamos por una calle donde vimos a un hombre vomitando sangre y con un traje de payaso un poco viejo. Me asusté un poco y Zev me acercó hasta él. Todos tratamos de no enfocarnos tanto en el hombre y seguir con nuestro camino. Vi que Zev volteó la cabeza hacia el hombre y con una rapidez impresionante nos miró.
—¡Corran! —exclamó tratando de no sonar alterado.
Todos lo vimos confundidos y no supimos porqué decía aquello. Anderson se rió y Zev le dedicó una mirada de pocos amigos.
—¡Corran! —volvió a exclamar con más alteración.
Al ver su expresión de angustia todos hicimos lo que nos decía. Camila no podía moverse bien ya que estaba montada en la cicla, Zev se acercó hasta ella y mientras corría llevaba a Camila en la cicla, él era realmente bueno y corría muy rápido. El resto corría con todas sus fuerzas. Anderson, Daniel, Jesús y Juan Manuel se alejaron con facilidad aunque nos esperaban a Dary y a mí.
Dary logró pasarme y yo no pude correr más y me detuve para descansar. Zev volteó su mirada hacia mí y al ver que no podía más le dijo a Anderson que llevara a Camila, lo cual él hizo sin exclamar. Zev se acercó rápidamente hasta mí y me tomó de la mano. Al sentir su cálido tacto mis mejillas se enrojecieron, un sudor me recorrió la espina dorsal y un cosquilleo me invadió. No quería soltarlo. No ahora que quería decirle lo que sentía.
—Vamos, si se puede —me animó con su angelical voz.
Asentí con la cabeza y empezamos a correr con todas nuestras fuerzas. Me estaba cansando y sentía que ya no podía más, las piernas me dolían y la cabeza me retumbaba y el corazón me palpitaba al mil de lo rápido que iba. Pero, siendo sincera, junto a Zev me sentía segura.
Llegamos hasta un parque donde no había niños, ya todos se habían ido a casa, pero si había gente en las tiendas y un pequeño grupo de chicos jugando fútbol. No entendía porqué Zev nos había pedido que corrieramos.
Camila paró y se iba a bajar de la cicla pero por lo alta que era no podía. Zev me soltó y corrió hasta Camila y la empujó de la cicla. Camila recibió un pequeño golpe, pero se levantó rápidamente, tal vez ya había notado el peligro, pero yo no. Yo seguía sin saber nada. Camila empezó a correr. Zev volteó su mirada hacia mí.
—Corre —me pidió.
Empecé a correr pero me caí sin esperarlo. Zev me alcanzó y en vez de levantarme me empujó más, su mirada estaba llena de angustia y preocupación, como si tuviera miedo de algo y no quisiera que algo malo pasara.
—¡Camila! —Camila, quien ya iba casi cruzando la calle se dió la vuelta—. ¡Ven por Yury! —Camila acató rápidamente y se acercó hasta mí con su velocidad que solía identificarla y me tomó de la mano con agilidad—. Llévala hasta el otro lado y cuídala —pidió, con una lágrima en sus ojos.
Sus palabras se enterraron en mi corazón como una daga. ¿Acaso se estaba despidiendo de mí?¿Por qué le pedía aquello a Camila? ¿Qué mierdas pasaba?
Camila asintió con la cabeza y me levantó y me obligó a correr, aunque ya no quería. Llegamos hasta el otro lado de la calle donde ya estaban los demás. Puse mis manos en mis rodillas para respirar y tranquilizarme. Al levantar la mirada hacia Zev miré que un hombre con una capucha negra se acercaba hasta él y lo empujó contra el suelo. Se subió encima de Zev sin piedad lo empezó a golpear. Zev logró esquivar un golpe del hombre y lanzarle uno, lo que hizo que el hombre se enojara. Zev tomó ventaja y se levantó del suelo y al intentar darle un golpe al hombre éste saco lo que parecía ser una navaja de su sudadera y sin piedad la enterró en el estómago de Zev.
No...
No.
¡No!
A aquel hombre no le basto, antes de dejarlo caer al suelo le dió cuatro puñaladas más. Los ojos de Zev se cerraron y al caer al suelo el golpe se escuchó y se grabó en mi corazón.
No.
¡No!
¡¡¡NO!!!
Quise moverme y acercarme hasta él, pero mi cuerpo no respondía y no podía moverme, era como si una fuerza extraña me lo impidiera. Los otros no hacían nada, aquella misma fuerza se los impedía. Era como si aquello ya estuviera escrito y no pudiéramos hacer nada.
Pero no, no, no. El chico que me gustaba lo habían apuñalado y nadie hacía nada. Solo observaban como unos estúpidos. Las demás personas seguían con sus actividades, era como si no existieramos.
Zev...
Zev.
¡Zev!
Él me había salvado y yo había dejado que lo mataran sin piedad. El hombre de la capucha se movió, se inclinó hasta Zev que yacía tendido en el suelo y le escupió con asco, luego se dirigió hasta la cicla que también estaba en el suelo junto a Zev. La cogió, se montó en ella y se fue y como una alucinación se esfumó por un callejón oscuro.
Mi corazón latía más rápido que cuando había corrido. Mi cuerpo temblaba y sentía que en algún momento me desplomaría como una pila de sal. Mi cabeza retumbaba y al ver el cuerpo de aquel guapo chico y la sangre brotar de él, unas lágrimas salieron de mis ojos, nublando mi vista.
Nadie hizo nada, ni sus amigos ni... Yo.
El tiempo se detuvo y traté de correr hasta él, pero de nuevo aquella fuerza me lo impedía.
«No te vallas...» pedí en mi mente con las lágrimas inundarme hasta el corazón con total intensidad.
Esto dolía, dolía y mucho. Él... Él ya no estaba. El recuerdo de que me había salvado me hizo odiarme más que antes...
Aquella fuerza me retenía y...
Escuché el sonido de un suiche y una luz intensa me iluminó los ojos. Mi cuerpo reaccionó instantáneamente y mi corazón se paralizó. Me levanté como si hubiera visto un fantasma, mi rostro sudaba y mi corazón no dejaba de latir y sentía los ojos llorosos. La mirada llena de confusión de mi hermana me hizo volver a la realidad... Eso había sido un sueño. Sólo un sueño o pesadilla, cómo quieran llamarlo.
Ufff, sí, sólo había sido eso, pero... ¿Y si no lo era?... ¿Y si esa pesadilla se convertía en realidad?