tuve ese sueño otra vez. Ese en que eras mía. me levanto y miro por la venta con los ojos bien abiertos exploran como un felino a su presa, las cerradas cortinas de tu casa. pero no veo tu silueta en ella. estás lejos y yo no puedo al cansarte.
vuelvo a la cama cierro los ojos, en poco me quedo dormido. hay te veo, vestida con un vestido rojo con falda larga y un escote revelador. me fascina e hinotisa a la belleza que irradias, como si yo fuera una mosca en la pared y tú una llama ardiente; poderosa, fuerte y fugaz. Quiero tocarte. sentir tu calor y envolverme esa calidez que guardas en tu ser. pero quema, duele como nada en el mundo. abro los ojos, me levanto y me acerco a la ventana. y sin creerlo, las cortinas están levantadas. sonrió y brincó como un lunático feliz por sus fantasías. me baño, me cepillo, me coló mis jeans negros, mi camiseta y mi chamarra negra. salgo de cuarto y bajo a brincos las escaleras, abro la puerta con despensero y salgo a la fría mañana de noviembre. el año casi termina y es curioso lo mucho que he soñado con ella desde que la conocí. van como mil veces que sueño con ella. pero hoy se acaba, hoy la invito a salir, hoy doy el primer paso a ser el sueño una realidad. llegó a su puerta, los nervios de último momento me atacan como pirañas hambrientas. pero hago caso omiso ellas, y un puño tembloroso tocó la puerta dos veces, nadie responde ni sale. inseguro, vuelvo a tocar, alguien responde y al poco abre la puerta es su mamá tiene la cara chupada y los ojos negros y hundidos. ella me pregunta, en un tono quebradizo, que es lo que se me ofrece. yo les doy los buenos días y le pregunto si ella está en casa. la señora rompe a llorar, me grita si es una broma, y si era gracias burlarse de su perdida, la mujer histórica me maldice y me cierra de un portazo la puerta. yo confundo salgo de su casa y cuando voy camino de regreso veo un anuncio en letras grandes y negritas sobre una foto de una chica conocida. la chica era ella. pero lo decía esas letras no lo podía creer. mi mente no lo cree o negaba a creerlo. sentía un dolor de cabeza con la sola idea de eso que rezaba el a nuncio sea verdad. era imposible que eso fuera verdad. ella era fuego; no hay nada más poderoso que el fuego. corrí a casa, subí las escaleras con la misma o más velocidad de como las bajes, me quite la chamarra y me deje caer a la cama, cerré los ojos con fuerza, rezando a los dioses del sueño que me lleven donde está ella, en el único lugar donde puedo alcanzarla ahora.