¿Por qué es tan complicado gustarle a alguien? No lo digo por el hecho de que hoy en día es difícil enamorarse... O al menos para mí, lo digo por el hecho de que las cosas no me salen para nada bien. Pero de los errores se aprende. Espero aprender algún día y salir de este bucle que yo misma cree.
Carlos... Carlos es un chico que veo en los pasillos de mi escuela. Lo miro a la distancia intentando no destacar, intentando ser invisible ante sus ojos, pero eso es algo que no se me da muy bien debido a mi personalidad.
Un día, sin darme cuenta me senté a su lado, no supe que hacer, entre en pánico y lo único que se me ocurrio fue esconderme en mi celular. Tal vez haciéndome la interesante o tal vez solo intentando distraerme. A este punto no sé porqué reaccione así. Una de sus compañeras de clase se acerca y comienzan a hablar. Yo en silencio decido ponerme los audífonos, pues no quería pasar por chismosa o al menos creía que el podría pensar eso.
Luego de unos minutos de incomodidad por mi parte, decido levantarme e irme a mi salón en donde estaba mi maestro favorito. Decidí hablarle para así pasar un poco los nervios.
Pasaron los días y mi rutina era la misma; salir de clases, ir al pasillo y sentarme, observarlo pasar junto a sus amigos.
No tenía el suficiente coraje para ir a hablarle. Por más que trate de acercarme, cada intento terminaba en fracaso y arrepentimiento. Planeaba cuidadosamente cada movimiento que debía hacer, pero a la hora de verlo en los pasillos, me arrepentía. Llegaba a mi casa pensando en lo que podría pasar si me acercará, si le hablara.
Ya cuando me había resignado a no hacer nada al respecto, el se sienta a mi lado y entre miradas cruzadas me sonríe. Esa sonrisa hizo darme cuenta de que en realidad, por más pena que tuviera, quería hablarle, quería conocerle. Apenada estaba decidida a acercarme, a tomar la iniciativa.
Cuándo ya era hora de salir e irnos a casa, decidí anotar mi número en un papel junto a mi nombre. Espere en el pasillo de una forma disimulada a que el pasará. Una vez le vi, me levante y me dirigí a donde el estaba.
Dando torpes pasos me acerco por su espalda. -Oye-. Digo con nervios.
El un poco desconcertado se da media vuelta dirigiendo su mirada hacia mi. Con nervios decido entregarle el papel y decirle que me gustaría conocerle. El abre el papel y revisa cuidadosamente si contenido. Me sonríe y llamándome por mi nombre me dice "mucho gusto". Tan solo fueron dos palabras, pero fueron dos palabras que hicieron que mis esperanzas de hablar con él incrementarán.
Decidí irme a casa después de hacerle entrega de mi número, pero mientras caminaba no podía parar de arrepentirme y preguntarme porque había hecho eso. Desee que no me escribiera y que simplemente se deshiciera de mi número, al fin y al cabo, sería más fácil ser rechazada de esa forma, pero no fue así, pues al cabo de un rato recibo un mensaje de un número desconocido.
Entre al mensaje y al ver la foto de perfil pude comfirmar que era el. Sonreí inmediatamente, pero, aunque estaba emocionada, decidí esperar un momento para responderle, pues no quería lucir desesperada.
Esperé por 10 minutos antes de responderle. Había olvidado preguntarle su nombre, así que decidí iniciar la conversación así.
Me responde diciéndome su nombre, Carlos. Luego de eso sus respuestas fueron cortantes, aparte tardaba en responder. Eso me hizo preguntar si había hecho algo mal. Decidí simplemente dejar de responderle, no quería incomodarle o darle una mala imagen de mi. Creí que hablarle en persona iba a ser mejor que hablarle por chat.
Al día siguiente, no pude aguantar las ganas de hablarle, pero como no había clases, decidí enviarle un mensaje. Lo salude y pregunte como había ido su día, pero pasaron una... Dos... Cuatro... Siete horas... No hubo respuesta. Creí que tal vez estaba ocupado, pero hice algo que uno nunca debería hacer, revisar si esta en línea. Entre a su chat "en línea" esperé... Nada. Decidí salir del chat, un poco desilusionada pensé que tal vez estaría ocupado, pero al volver a entrar veo que ha publicado no uno, sino varios estados. Ahí me di cuenta de que en realidad no quería hablar conmigo. El tenía cero interés en mi... Entonces ¿para que escribirme en primer lugar? Hubiera preferido ser rechazada sin que me hubiera escrito a que me hubiera hecho a la idea de que tal vez podríamos llegar a entablar una buena conversación. Ahí me di cuenta de que tal vez nunca podría salir de este bucle de rechazos.