Estaba con el alma por los suelos, la siguiente semana me había topado con él tres veces: dos al entrar y una vez en el pasillo, pero ninguna de esas veces nos dirigimos la palabra... Luego de ello había pasado un mes.
Me encontraba sentada en mi silla, mirando hacía la ventana, porque como siempre, había llegado temprano...
De pronto, pegue un brinco del susto al ver que una joven alta, delgada, cuyo cabello brillaba más que el sol abrió la puerta de golpe.
Escaneo la habitación con sus bellos ojos grises y al mirarme, camino hasta mi con paso veloz —Es mejor que vengas conmigo... —me tomó de la muñeca, me levanto de la silla con rapidez y me saco del salón.
Camine sin oponerme hasta que al mirarla desde atrás me asuste, ella era la chica que tenía que ayudar a enamorar, por la que paso todo —Espera... —me solté de su agarré y me detuve en secó —¿A dónde vamos?
Ella me miró impaciente y me tomó de nuevo la muñeca —Él se va de la escuela...
Me detuve de nuevo —¿Qué? —pregunté perpleja.
Ella se voltio y me miro de frente, algo enojada — Hace un mes recibió una carta de la academia privada de Tokio para que estudie en su instituto, él se negó y ellos pidieron que lo pensará un mes, él estaba completamente seguro de no ir hasta que una noche en la cena, dijo que se iría a Tokio.
—Wow —la detuve —¿En la cena? —pregunté —¿C-cómo...?
Ella sonrió y me dio la mano —Soy su prima.
Me quedé perpleja.
En ese momento el timbre sonó, ambas nos sobresaltamos y vimos desde el segundo piso como la reja programada empezó a cerrarse.
—Está a punto de irse... —me apremio —No debe tardar. Dime, ¿lo amas?
Estaba confundida, pero debía tomar una decisión.