Recuerdo el día que te vi sentada el la orilla del muelle. Te veías triste, perdida, los ojos apuntando al océano, pero no viendo nada en realidad. Suspiraste y cerraste los ojos, como si ya no pudieras más. Como si todo se estuviera cayendo sobre ti, como si cada respiración te doliera. No quise interrumpir tu momento de soledad reflexiva, pero me vi en la necesidad de hacerlo, de otra forma, ¿Como sabría si estarías bien?
Diste un trago pesado al mirarme. Incluso el hecho de que un desconocido se sentó junto a ti te pareció tan nimio. Volviste a suspirar, esta vez pude ver como disminuía tu respiración, pude ver a tus ojos totalmente secos llorando de angustia, como pedían a gritos ser arrancados de tu cabeza para no tener que sentir más la aflicción que ahora parecía ser una contigo.
- No se como se siente, pero no puedes ahogarte dentro del vaso. - Manifesté un poco indeciso de si debería decir esas palabras.
Apenas levantaste la vista para mirarme, la primera que mis ojos se conectaron directamente con los tuyos.
- Muchas veces estás atado al vaso.
- Entonces debes encontrar la manera de desatarte.
- Tal vez la cadena soy yo, quien quiere mantenerse hundido en el vaso.
- Nadie quiere estar hundido en el vaso, solo no tenemos suficiente fuerza de voluntad para salir de él.
- Lo dices porque no sabes lo que siento.
- Tienes razón, no se lo que sientes, pero también se que he vivido muchas cosas. Tal vez mejores o peores que las tuyas.
- No lo entenderías. - Dijiste con voz apagada.
- No lo hago de hecho. En absoluto, ¿Pero no es perdedor el que nunca lo interna más que quien no gana?
- A veces solo debes aceptar que no naciste para ganar ganar. - Dijiste las últimas palabras y déjate caer tu cuerpo al lago.
Intente moverme para salvarte, pero fui incapaz. Es como si cadenas estuvieran aferradas a mi sin permitirme ir hacía donde ti, era casi una tortura. Ver tu cuerpo hundirse cada vez más mientras el mío estaba intacto. Las lágrimas salieron de mis ojos. No pude soportarlo más. Grite por ayuda, pero me miraste rogándome silencio, cuándo tu cuerpo ya no dio señales de vida caí al agua, cuándo mi piel hizo contacto con el agua lo supe. Tal vez lo supe desde el principio y no quería verlo.
Era yo…