Eve comenzaba a aburrirse de la larga y desgastante perorata de su mejor amiga, Bella, enamorada por completo de su nuevo novio. Se alegraba por ella. Realmente lo hacía. Pero cuando tuvo que soportar una décima vez lo hermosos y profundos que eran los hoyuelos del chico cuando sonreía, quiso rellenárselos de un cachetazo.
Casi sonrió por la idea malévola y fugaz que cruzó por su mente, pero logró mantener su expresión. Sin embargo, podía sentir que se desconectaba cada vez más.
— Siento que de verdad es mi media naranja —exclamó con entusiasmo la chica frente a ella. Aunque enseguida se dio cuenta que estaba perdiendo la atención de Eve y atacó: — ¿Y tú?
Eve se encontraba distraída por completo, pero oyó la pregunta.
— Creo que a mi media naranja la hicieron jugo —suspiró cargada de aburrimiento.
Alguien se ahogó a sus espaldas con el trago que estaba bebiendo, pero Eve no prestó atención.
— ¿Qué dices? ¡No seas pesimista! —la retó de inmediato Bella, pero una sonrisa divertida prendió temblorosa de sus labios por las ocurrencias de Eve.
— Tal vez se pudrió —siguió Eve desconectada en su totalidad—. O se cansó de esperar y se fue con medio limón, o medio pomelo, o quizás con media banana. No descartaría esa posibilidad.
El escándalo estalló en sus espaldas cuando Eve soltó aquella última frase con desinterés y marcada apatía. La persona que se había ahogado con el trago antes, ahora había escupido sobre su pareja y estaba tosiendo ruidosamente mientras la chica enojada le gritaba acerca de cómo podía reírse en una situación semejante.
Sin dudas, el chico fue dejado.
Enfurecida, la niña se fue pisando fuerte y con ojos llorosos.
Él también tenía ojos llorosos, pero por una razón totalmente diferente. Aún no podía contener los espasmos por el ataque de tos repentino y le ardía la garganta horriblemente. Entendió que no debió haberse mantenido escuchando a escondidas a las muchachas detrás suyo cuando, su ahora ex-novia, le estaba hablando de cómo creía que los sentimientos que había entre los dos se parecían haberse enfriado. Tal vez era consciente de que fue llamado allí para ser abandonado y por eso su mente vagabunda simplemente había volado a cualquier lado menos a lo que ella tenía para decir.
El problema fue que encontró divertida la interacción de las chicas de la mesa que estaba justo a sus espaldas y en un intento por evitar reírse de ellas continuó llevándose su bebida a la boca, lo que fue contraproducente y causó que terminara escupiendo todo al final.
Eve no fue consciente que había sido la causante de una ruptura, le pasó unos pañuelos al pobre tipo y siguió esperando que su amiga continuara presumiendo de su chico hasta hartarse. Sin embargo, Bella ya no parecía estar interesada en ello.
Descubrió que era más atrayente evaluar al chico que casi muere sofocado.
Era atractivo, muy atractivo, reconoció con ojos brillantes.
Poseía unos ojos oscuros y profundos. Una boca sensual que parecía sonreír con malicia aunque no estuviera sonriendo en realidad. Unas proporciones ideales y unas manos grandes y fuertes que harían babear a cualquier niña.
Tenía aproximadamente la edad de las dos y, si no se viera en esos momentos con una expresión tan aturdida por todo lo sucedido, hasta diría que su belleza y encanto era poco común. Como la de los caballeros oscuros de las novelas para adolescentes que devoraban con Eve.
Inconscientemente la miró. Eve no tenía la apariencia de alguien que supiera lo que estaba pasando a su alrededor ni parecía ser consciente de todo lo que estaba en la mente de su amiga y Bella sonrió con picardía.
Había anotado el número de su amiga en uno de los pañuelos que Eve le había dado al chico tras ellas, porque había pensado en dárselo en realidad al caliente barman que no quitaba los ojos un minuto de su amiga, pero encontró que tal vez era el destino quien estaba haciendo de las suyas.
Quizás la media naranja de Eve esté realmente perdida, pero aquella dulce media mandarina tenía una apariencia deliciosa.