Cuenta una antigua historia casi olvidada, que hace muchos años atrás, en un reino escondido de la humanidad, había una hermosa princesa cuyo nombre no se recuerda, que adoraba a los animales pero había solo uno en particular del cual ella sentía una gran admiración, este era el cuervo.
El Rey, monarca complaciente en todos los gustos de su progenitora, al saber de dicha atracción le prohibió terminantemente a su hija acercase a estas aves pues corría el rumor de que traían mala suerte e incluso podían predecir la muerte de los grandes líderes. La princesa ausente de todo rumor acerca de las aves de color negro, decidió junto a uno de sus mayordomos ir a cazar una cría para cuidarla y domesticarla.
Eran las seis de la tarde y preparado todo, la joven dama y su criado salieron en busca de un nido donde capturar al ser volador. Después de adentrarse en el bosque , la joven y su acompañante escucharon un ruido y creyendo ser las crías de un cuervo en su nido, decidieron entrar más en las profundidades de dicho monte. En medio del camino, de entre los arbustos saltó un cazador que creyendo que el mayordomo, todo vestido de negro, era una bestia del bosque, lo acuchilló justo en el cuello. La princesa, al ver tal escena quedó horrorizada, huyó buscando donde refugiarse y encontró un árbol alto y frondoso, y segura de que ahí no la encontrarían, aplicó los pocos recuerdos de su niñez y escaló cada rama en busca de protección.
Asustada no se percató de que había alcanzado la copa del árbol, y después de varias horas y notar que el cazador no la perseguía, decidió bajar, notando así la altura que había alcanzado por los fuertes vértigos que le provocaba el mirar hacia abajo.
Decidió quedarse toda la noche en el árbol y descansar, y al amanecer con la claridad del día, bajaría con más calma. Acomodándose para descansar un poco, escucho un crujir cercano a ella, preocupada pensó que la rama se estaba rompiendo, pero resultaba ser que el ruido provenía de una curiosa criatura que se había posado justo frente a los ojos de la princesa.
No era nada más ni nada menos que un cuervo, tan negro como la misma noche y con brillantes plumas como el diamante. La princesa se enamoró a primera vista del ser y convencida de que esa era la criatura más hermosa que había visto, intento atraparla para quedarse con ella. En su intento fallido por tomarla con sus manos, la princesa calló de lo más alto del árbol, quedando tendida en el suelo, donde montones de insectos, sintiéndose amenazados, comenzaron a picarla. La joven adolorida trató de escapar pero sentía que sus piernas no le respondían. Resulta que su caída la había lastimado al punto de no poder mover sus pies. Desesperada empezó a arrastrarse por el suelo con la ayuda de sus manos, pero no era lo suficientemente rápida como para evitar las picaduras. En un intento desesperado por salvarse comenzó a gritar, creyendo que quizás alguien pod ría escucharla, pero solo atrajo con sus gritos a las fieras nocturnas, las cuales hambrientas, comenzaron a despedazarla y a comerla viva, la princesa casi ciega del dolor y sin habla, alcanzó a ver por última vez como desde la cima del árbol, mientras la destrozaban, el cuervo la observaba tranquilamente.
Autor: Daniela Alejandra .