Amistad... Que cosa la amistad... A veces uno cree conocer personas, personalidades, pero ¿cuán grande es el ser humano que uno nunca llega a saber realmente que hay del otro lado, no?. Tengo amistades de años, tengo nuevas amistades de meses (aún estamos conociéndonos), y solía creer-tener unas amistades que no lo fueron. Me considero una persona de mente abierta, trato de ser un ente objetivo (aunque sé que la subjetividad es casi imposible de esquivar), también creo tener el don de agotar hasta la última gota de paciencia y perseverancia frente algún drama o problema, buscando siempre el diálogo, tratando de ser respetuosa y cordial.
Finalmente, ninguna de éstas cualidades (pseudo dones que creo o creía tener, y que tienen muchas personas) me sirvieron con dos personas a las que le entregué mucha confianza y mi amistad. Lo que sentí que me devolvieron fue un pañuelo lleno de mierda sobre mi hija disfrazado de buena onda al principio, luego de verdades indiscutibles y con testimonios fidedignos de sus propias niñas y más tarde un sin fin de barbaridades donde se desfenestra la personalidad de quien es MI VIDA, mi hija.
Así fue que descubrí, que a esos seres llenos de opiniones y de impostación de sentimientos les importa tres carajos tener amigos; amigos de verdad. Y lo digo así, porque me entrego a casi todos los seres de los que me rodeo, con el orden de prioridad que se merecen.
Escribo para recordar, para no flaquear. Porque a veces tengo ganas de charlar o si se puede decir así, de pedir explicaciones de cómo o porqué llegaron a la conclusión de que mi hija es, mentirosa, mala, separatista, escondedora, que lleva y trae, violenta física y psicológicamente, intolerante, amenazante, embaucadora, y manipuladora... Entre alguna que otra que se me escapa en éste momento.
Así que, moraleja de la cuestión: Que bueno que se lo que es la amistad!! Espero de ahora en más no equivocarme tanto, ser más reservada y mantener las amistades que logré hasta ahora, donde me siento comprendida y donde creo comprender. Aceptando a los otros como son.
Si finalmente me vuelvo a cruzar con estas tipejas, recordarles que como ellas mismas dijeron: "...a los chicos hay que creerles porque son inocentes y puros...". Es cierto, pero también hay que saber ponerse en el lugar del otro niño y escuchar todas las voces.
Meses después llegan a ellas otras madres con el discurso de que sus hijas trataron a las propias de la manera que "supuestamente" lo hacía la mía...Esperar que actuarán con la altura que en aquel momento profesaron ante esa situación sería lo que debería haber pasado, pero como esperaba, su proceder fue negar, defender a ciegas su postura y volver a arremeter contra mi hija, que ya no tenía que ver en el asunto, puesto que busqué para ella nuev@s compañerit@s con quien pudiera encontrar semejanzas o intereses parecisos, con quien divertirse, jugar y expresarse como se que lo hace.
Espero no les pase algo parecido, y si así fuera, les cuento que hice para no matar a nadie, jejeje...
Primero: escuché a mi hija, la reconforté con abrazos y besos y le dije lo maravillosa que es. Que iba a conocer muchos pares, que se quedara con lo más bonito que había compartido con ellos y que si volvía a suceder algo como ésto, se alejara un poco y seguro encontraría alguien nuevo con quien compartir.
Que no dudara decirme sus inquietudes, y yo sería franca con ella y le daría herramientas para que pudiera afrontar todo tipo de situaciones, incluidas aquellas en las que deba disculparse si reconocía haber errado.
Segundo: a solas, lloré mares, despotriqué y lancé al aire miles de maldiciones, destrocé mi garganta repitiendo que no iba a permitir que alguien más le hiciera daño.
Tercero: después de intentar infinidad de veces tener una conversación donde NO apuntaran con el dedo a mi hija y SIN apuntar ni una sola vez a las suyas, dejé de relacionarme absolutamente con esas madres; no sin antes decirles que si había algo que quisieran hablar al respecto de lo que pasó, que vinieran a mí, para probar el sabor metálico que le regalarían mis nudillos a sus putrefactas y sucias bocas...
Sí... básicamente eso fue lo que dije, quizá no con tanta elocuencia después de soportar varios meses de maltrato, destrato y vaya a saber cuantos golpes bajos más.