⚠️-ATENCIÓN: El siguiente relato contiene material sexual explícito. En caso de que no le guste este tipo de contenido, se pide amablemente que pase de este relato. Gracias por su atención -⚠️
¿Cuál era la razón de querer besarlo? O esta gran emoción que sentía al tenerlo tan cerca de mi cuerpo como para poder acariciar su cabello y todo su pequeño cuerpo que se encogía cuando me tenía cerca.
Lo tenía de frente. Los dos estábamos sentados en la cama mientras la luz de la noche era la única cosa que iluminaba nuestros rostros.
En el pasado había jurado nunca volver a acercarme a él y cumplir con el propósito que siempre tuve en mi mente. Había dicho que ya no era merecedor de intentar hacer algo.
Durante tantas sesiones de estudio mis ojos se habían anclado a mirarlos exclusivamente a él pensando en lo tan lindo que se veía.
¿Por qué sentía esto? No encontraba ninguna razón lógica, pero ahora mismo, no necesitaba pensar de esa forma como para saber que en este momento sería capaz de romper ese juramento y sobrepasar ese límite tan tedioso que me había impuesto.
Sin pensarlo, le dí un empujón a Belial para que estuviera acostado en la cama. Su ligero cuerpo cayó en las sábanas y yo, en mi tentación, me puse sobre de él.
Sus ojos estaban abiertos como platos. No se movía, pero no veía que le disgustara la idea de lo que iba a pasar a continuación.
Me acerqué a su oído y, con palabras tan dulces, pero también llenas de lujuria, empecé a encantar sus oídos. Sus mejillas se sentían cálidas y notaba cómo se ponían rojas cada vez que las besaba y acariciaba su cabello.
Él me miró con esos ojos tan preocupados.
—Si sigues haciendo eso... Nos van a escuchar—
La temperatura en su piel aumentaba cada vez que estaba tan cerca de él. El perfume que se había puesto, uno que encantaría a cualquiera, solo me llenaba de gran tentación.
Su cuello, tan desprotegido, era un gran objetivo para besarlo. Acerqué mis labios hasta tocar su piel para poder marcar lo que era mío. Belial intentaba no provocar ruido mientras trataba de controlar su cuerpo.
A este paso, él empezaría a gemir. Con mi mano cubrí su boca y dirigí mi mano hacia la parte baja de su pantalón.
Todavía me pregunto cómo es que habíamos llegado a tal extremo. Habíamos quedado en que simplemente prácticariamos para mejorar su habilidad con la magia.
Se supone que yo soy su maestro y debo comportarme como tal, pero... Mi criterio ahora mismo se encontraba en el limbo y no había razón alguna como para querer recuperarla.
Abrí los botones de su camisa y empecé a lamer sus pezones dejándolos mojados y hasta ver cómo comenzaban a ponerse duros.
Tampoco desaprovechaba la oposición de besarlo en los labios mientras podía oír sus lindos gemidos que tanto hacía.
Sus labios eran tan suaves y calientes que incluso él se perdía junto a mí en los besos y probamos a unir nuestras lenguas con cada beso que dábamos.
—¿Te está gustando?—Pregunté mientras me desabrochaba el pantalón.
Llegado a este punto, me parecía imposible aguantar más y tenerlo guardado apretandome. La mirada de Belial se concentró en mi miembro y notaba que en sus ojos se encendía una especie de llama de lujuria.
Su respiración incrementó. Su bello rostro estaba rojo y, aunque no me dijera una sola palabra, la sola agitación de su respiración me lo decía todo.
—¿De verdad podré con todo esoq?—
Fueron leves murmuros, pero alcancé a escuchar sus palabras. Al darse cuenta de que logré escucharlo, apartó la mirada intentando no chocar con mi mirada.
Había llegado al punto en que pensaba en voz alta. Grandes descuidos como ese eran el pan de todos los días para él, pero lo que no sabía, es que eran de lo más tiernos para mí.
Al verlo tan avergonzado y sonrojado, sabía que debía ser yo el que tomara las riendas para continuar.
Desabroché su pantalón hasta dejarlo en ropa interior. Sus piernas eran delgadas, pero marcadas. Mis labios no podían evitar darle besos en cada parte de ellas.
Sentía le necesidad de dejarlas marcadas para que todos se dieran cuenta que él me pertenecía.
Daba igual si Jade había logrado ser el primero, yo me encargaría de ser el último.
Quería comenzar a meterlo, pero sabía que todavía era demasiado temprano.
No quería hacerle daño tampoco y por eso comencé con poner primero mis dedos. Agregados con un poco de lubricante acerqué mis dedos.
—Voy a comenzar—
—Espera, esto es vergonzoso —
Lo entendía. Estar avergonzado frente a alguien diferente era normal en este tipo de situaciones, pero yo ya no podía más.
Los puse dentro y comencé a besarle sus piernas mientras lo hacía de forma lenta.
La reacción de Belial era la esperada, se retorcía en la cama mientras agarraba las sábanas y yo solo me posicionaba cerca de sus muslos.
Él ya no podía evitar más ocultar el placer que sentía cada vez que recorría todo su cuerpo y mis dedos hacían su trabajo.
Me acerqué a su oreja lentamente y él solo me miraba con ese rostro ruborizado lleno de sudor.
—Pensé que no querías que escucharan—
Sonreí al ver cómo sus ojos me evitaban nuevamente. Eres tan lindo cuando te avergüenzas.
—E-es que se siente muy bien—
Por primera vez se había sincerado conmigo en esta situación. Eso me hizo muy feliz y también me puso muy excitado.
Ya no lo podía evitar y en menos de un segundo le quité la escasa ropa que le quedaba de ropa hasta dejar toda la piel de su cuerpo al descubierto. Era tan hermoso desde su rostro hasta sus pies.
Verlo de esta forma solo provocó que pusiera mi miembro cerca de su orificio y me frotara poco a poco. Con gran cuidado lo metí hasta que entrara por completo.
Era demasiado estrecho y se sentía bien. Para Belial era exactamente lo mismo que a mí. Ya ninguno podía evitar gemir de placer al estar unidos de esta forma.
Lo hicimos en tantos posiciones y formas que incluso me preguntaba cómo es que podíamos seguir tantas veces con esto. Había terminado tantas veces que el cuerpo de Belial estaba cubierto de mi líquido blanco.
Pero aún así, ninguno de los dos paró hasta después de varias veces. Él se movía a mi ritmo mostrando una gran determinación para no darse por vencido ante mi.
—Se siente bastante bien—
—Dame más... Más... ¡Más! Hazlo más rápido —
Sus mente y sus palabras estaban llenas del control de la excitación. En ese momento, ambos no éramos como normalmente actuabamos. Nos habíamos dejado llevar por esa excitación tan gran que, por un momento, pensé que solo nos veíamos como animales en celo mostrando nula capacidad de razonamiento.
Sostuve fuertemente sus caderas y cuando ya no podía aguantarlo más, solté cada gota en sus pechos, dejándolo todavía más cubierto.
Al momento de terminar, me recosté a su lado y noté lo cansado que estaba. Lo abracé y él se quedó dormido. Mientras tanto, yo estuve despierto, pensando en cómo había dejado que esta lujuria me dominara sin mostrar señal resistencia.
Por primera vez en muchos años, no me importó comportarme como un bruto que solo pensaba con lo de abajo.
Pero si era con Belial, no estaría mal comportarme así cada cierto tiempo...