Mordió mi labi0, haciéndome jadear de plac3r. Mis panties estaban húmedos, y a él le encantaba saber que ocasionaba un alboroto en mí.
Sonrió en medio del bes0, y se separó por falta de aire.
—Eres una buena alumna, nena. Déjame premiarte por ello.
—Me esfuerzo mucho, supongo que usted debería hacerlo. Estaré muy gustosa de recibir mi premio.
—Si tus padres supieran que tienen de hija a una linda pervertid4.
—¿Debería agradecerle por el halago, profesor?
Este sonrió y negó divertido, sus manos jugaban por mis sen0s, más no los tocaba.
—¿Qué espera?
—¿Yo?
Le miré entrecerrando los ojos. Se hacía el tonto.
—¿A quién más le hablaría?
—No lo sé, nena. Si pudiste escribir fantasías sexual3s conmigo, ¿también podrías hacerlo con alguien más?
Le tomé del mentón atrayendo su rostro, estábamos a una distancia bastante corta.
—¿Acaso usted desea que escriba eso con otra persona?
Su semblante cambió, ya no estaba sonriendo.
—Imaginarte haciendo eso me produce celos. Y no, nunca desearía que mi chica relate sus fantasías con otro hombre.
Sonreí, había logrado lo que quería.
—¿Tanto le molesta, profesor?
—Ni siquiera podría describir cuánto me enoja.
—Pensé que me había dicho qué nunca se pondría celoso de algún pretendiente de una niñata como yo.
—Eso lo dije hace mucho tiempo.
Lamió sus labios y se acercó, sus manos se posicionaron en mi cintura tomándome con firmeza. Escondió su cabeza en mi cuello y dejó un largo recorrido de bes0s.
—Te deseo, pero sobretodo, te amo.
—¿Me ama?
—Lo hago con locura. Estoy jodidament3 enamorado de mi alumna.
Le abracé, acaricié su cabello, y suspiré profundamente.
—Yo también me he enamorado de usted.
—Entonces, ¿me podrías dar el honor de ser tu pareja, nena?
Su cabeza salió de mi cuello, le tomé del rostro y le b3sé.
—¿Eso responde tu pregunta?
—No me quedó claro, creo que si me das otro lo sabría con exactitud.
—Tonto.
Reí. El sol que entraba por la ventana de su habitación anunciaba que había amanecido otra vez.
Me abrazó con delicadeza, y nos llevó hasta su cama. Me acomodó en ella y se acostó a mi lado.
—Tengo sueño, nena. Durmamos un poco.
—Te la pasaste jugando a los videojuegos hasta la madrugada, ¿pensabas que no te iba a dar sueño?
—Tampoco me regañes.
—Bien. Durmamos unas horas.
Mis ojos se cerraron, entonces pude darme cuenta, no me había equivocado.
El padre me miró esperando mi respuesta.
—Yo te acepto como mi pareja. Ahora y siempre, hasta que las estrellas pierdan su brillo.
Él me miró contento. Me había dado el tiempo para recordar aquellos momentos cuando solo éramos; "la alumna y el profesor."
—Si ambos están de acuerdo, con el poder que me concierne los declaró finalmente marido y mujer. Puede besar a la novia.
Me atrajo de la cintura, pegó su frente con la mía.
—Tan solo teníamos que apostar por esto. Por nuestro amor.
—Y no me arrepiento de haberlo hecho. Apostaría una y mil veces más.
—Terminemos esto cuánto antes, deseo quitarte ese vestido.
—Tonto.
Reí, me tomó del mentón y b3só mis labi0s con amor.
—Merezco un premio, ¿no es así, profesor?
—Jod3r.
—Vayamos a casa, le daré el derecho de hacer conmigo lo que quiera.
—¿Llevarte al plac3r?
—Exacto…