La camioneta se acercaba al campamento, sin percatarse que en el bosque junto al camino cuatro hombres de uniforme camuflado llevaban ocultos toda la noche; observando el campamento con especial interés en su taller.
- La camioneta regresó con suministros -. Informó el más joven - Párese equipo mecánico y víveres.
-Enterado, ¿alguna noticia del Doctor?-. Consulto el jefe Torres, recostado y sin abrir los ojos.
- No ha salido del taller en toda la noche -. Le contestó Aguilares sin sacar la vista de los binoculares.
- Solo espero que meta la pata de nuevo. Los dejaría sin juguetes nuevos y no tendríamos que estar por aquí -. Comentó el joven con una nota de cansancio y tedio.
- ¿Qué pasa, Alex? creí que te gustaba salir al campo -. Lo molestó Aguilares, tomando notas de la actividad de los guardias cercanos al taller.
- Solo cuando se trata de seres anómalos, no de un montón de dementes de un culto -. Se defendió el muchacho a la par que tomaba apuntes de lo que descargaban de la camioneta.
Abajo, en medio del campamento, un pequeño grupo de hombres del Puño de Hierro descargaba la camioneta, llevando cajas con herramientas al taller y bolsas de víveres a la cosina. Todo bajo la atenta supervisión del jefe de seguridad y el líder del campamento que aprovechaban para discutir los avances del doctor Laurent en el nuevo armamento que; de resultar exitoso, le daría al Puño la capacidad de enfrentarse y superar a sus adversarios a la hora de expandirse por la región y satisfacer a su señor Moloch, que hacía tiempo que deseaba una nueva campaña.
- Jefe!, el doctor Laurent solicitó su presencia -. Avisó uno de los guardias del taller.
Este se dirigió rápidamente al lugar seguido del jefe de seguridad y su segundo al mando. Cosa que llamo la atención de los hombres del bosque.
Dentro del taller el dr. Laurent; un hombre cercano a sus cincuenta y de aspecto desaliñado, los recibió parado al lado de un juego de cuatro armaduras de metal negro, con detalles en rojo oscuro y con una gema carmesí en el centro del peto, que emanaba un tenue resplandor igual de rojo, los esperaba con impaciencia.
- Tengo buenas noticias -. Anunció el doctor con voz áspera y algo alegre - Las armaduras están completas y aunque no e podido igual la resistencia de la armadura de un guardián, logran igualar la fuerza de uno.
- Perfecto Doctor Perfecto, ¿Cuando podremos hacer pruebas de campo? -. Inquirió el líder Dumbar, frotándose las manos con ansiedad.
- Sugiero, empezar con pruebas pequeñas para detectar fallos pero, si es necesario, puede hacerle frente a un guardián con relativa facilidad. Siempre y cuando esquivé los golpes más fuertes -. continuó explicando el hombre mayor, mientras le entregaba uno de los guanteletes para que lo examine.
- Laszlo, ven al taller -. ordenó Dumbar a través de la radio.
El guardia se presentó en el lugar y comenzó a probarse una de las armaduras con ayuda del doctor y el jefe de seguridad. Tras comprobar que todo estuviera en orden, Dumbar lo llevó a fuera y le pidió que golpeara con toda sus fuerzas un bloque de hormigón.
Sin pensarlo el hombre calculo el lugar donde golpear y descargó su puño derecho, haciendo estallar el bloque el una nube de polvo y escombro.
- Perfecto, ahora veamos que tan rápido te mueves con ella -. pidió el jefe mientras tomaba el tiempo.
Al guardia no le tomo más de unos quince segundos recorrer el campamento de punta a punta.
- ¡Mierda!, ésto no es bueno. ¡No es nadá bueno! -. Maldijo Torres mientras observaba toda la escena con disgusto - Miguel, llama a C.T., avísales que el Puño de Hierro a conseguido armaduras que mejoran las capacidades de su portador -.
El operador de la radio comunicó en un breve mensaje la situación obteniendo cómo respuesta que la llegada del equipo de asalto sería dentro de una hora. El equipo optó por continuar vigilando y preparando posibles rutas para el asalto al campamento el cuál era defendido por cuarenta guardias fuertemente armados con fusiles de asalto, otros veinte eran trabajadores encargados de dar mantenimiento al campamento y ayudar al doctor en lo que fuera necesario; todos ellos armados con pistolas y con acceso rápido a armas pesadas que se guardaban en una de las cabañas que hacía de arsenal y polvorín.
- Bien, lo mejor será silenciar a los del perímetro, abrir paso por el centro; para separarlos del arsenal y el taller, quizá peleen o se rindan pero si alguno logra ponerse una de esas armaduras nos joden vivos -. Explicó Torres mientras contaba a los que estaban cerca del arsenal.
- ¿Qué pasará con el doc?-. Consultó Miguel mientras revisaba su rifle.
- Vivo de ser posible, muerto de ser necesario -. Sentencio Aguilares contando los guardias del perímetro que estaban más cercanos a su posición.
- Solo espero que ... -. Stern fue interrumpido por una repentina explosión y varios disparos.
Abajo un grupo no identificado irrumpió en el campamento, enfrentándose al Puño de Hierro. Los cuatro desconocidos llevaban armaduras de un metal blanquecino con detalles en amarillo, verde, azul y rojo; llevando cada uno un arma única que al igual que las armaduras, parecían tener propiedades anómalas.
- C.T. aquí Abel, tenemos una situación critica, cuatro desconocidos con armamento anómalo irrumpieron en el objetivo, pido instrucciones -. Transmitió Torres a través del radio.
- ¿se encuentran comprometidos? -. consultó la voz del radio.
- Negativo, permanecemos a la espera -.
La respuesta de C.T. demoro lo que pareció una eternidad, en lo que los operadores observaban cómo los desconocidos se abrían paso en dirección al taller sin llegar a impedir que Dumbar, Laszlo y otros dos lograrán salir al choque con las nuevas armaduras.
- Abel, procedan a la captura del doctor Laurent y su proyecto, los refuerzos están a menos de quince minutos.
- Mierda, serán quince minutos de pesadilla -. Se lamento Stern.
- Aguilares, cubrenos desde aquí, el resto nos abrimos paso por el centro, granadas al arsenal y de ahí directo al taller -. Ordenó Torres.
El trío comenzó un rápida carrera colina a bajo mientras Aguilares les abría paso eliminando a los guardia que se hallaban en el perímetro. Stern fue el primero en completar la carrera hasta el lateral de una cabaña, desde donde abrió fuego contra tres trabajadores que se dirigían al arsenal. Se le unió Miguel que abatió a dos guardias que intentaron flanquear al chicho, mientras que Torres los rebasó; tomando cobertura tras una pila de leña y disparando contra los que intentaban cruzar desde la izquierda del campamento.
Stern aprovecho el hueco y avanzó hasta el lateral de la siguiente cabaña cubriendo el flanco derecho permitiendo que Miguel corriera a colocarse tras el bloque del motor de la camioneta desde donde abatió a otros dos. El último tramo lo completo Torres posicionándose al costado de la baña próxima al arsenal y disparando sobre los que la defendían; los cuales se dividían entre los que le contestaban los disparos y los que trataban de sacar el armamento pesado y llevarlo a los que se enfrentaban a los de armadura.
Stern salió de su pocision y se colocó al costado del arsenal donde logro lanzar una granada por una ventana. Esta explotó llenando el interior con metralla que serseno a los desprevenidos defensores. Una segunda granada explotó dentro; cortesía de Miguel, tras lo cual Torres se asomo por la puerta y descargo su arma como una manguera de riego.
Del otro lado del campamento los intrusos chocaron con Dumbar y sus hombres con las nuevas armaduras, los cuales junto a los demás guardias comenzaron a golpearlos por todas partes sin darles respiro, obligando al de rojo a proyectar un escudo de energía que bloquearon los disparos y le permitió al de verde cargar su arco y lanzar una flecha de luz que explotó al golpear el costado de una cabaña desde donde les disparaban. Inmediatamente el de azul, armado con una lanza golpeó a Dumbar, arrojándolo contra un árbol pero siendo sorprendido por la espalda por dos armadas negras que casi lo mataban de no ser porque el pequeño amarillo polpeo a uno; lanzandolo sobre le parapeto de otros dos guardias, y el otro fue muerto por un disparo efectuado por Aguilares; que continuo disparando sobre los demás guardias a medida que se asomaban fuera de su cobertura.
Entre tanto, el trío de operadores logró llegar hasta el taller donde el doctor Laurent guardaba apresuradamente una computadora, papeles y muestras es una bolsa. Al ver a los operadores entrar intento desenfundar, pero el arma se le atoro en la funda, obligándolo a rendirse sin resistencia. Migue lo redujo, quitándole el arma y todo cuanto el viejo pudiera usar para escapar, y esposandolo a una columna.
Una vez asegurados el responsable de las armaduras y su bolsa. Torres y Stern salieron al exterior para mantener un perímetro junto con Aguilares; que desde su posición ya había abatido a trece miembros del Puño.
Para fortuna del equipo la mayoría del campamento estaba ocupado con los de las armaduras de colores además de que los helicópteros finalmente llegaron. Dos artillados y cuatro de transporte sobrevolaron el lugar.
- Serpiente, Abel en el taller y colina, el resto del campamento es ostil -. Transmitió Torres.
Al instante los dos helicópteros artillados ejecutaron pasadas disparando sus cohetes y ametralladoras contra los guardias y obligando a los de las armaduras a cubrirse tras el escudo de energía roja una vez más.
Los helicópteros de transporte dejaron en tierra a agentes y operadores que se ocuparon de poner en detención a los miembros del Puño de Hierro, al dr. Laurent e incautar todo lo concerniente a las armaduras sin apenas resistencia de los escasos supervivientes al ataque aéreo.
Mientras, los cuatro extraños intentaron escabullirse por entre los escombros por el mismo lugar que llegaron.
- ¡Suelten las armas y pongan las manos donde pueda verlas! -. Ordenó Stern apuntando al líder mientras que una docena de agentes cercaba al grupo.
El de rojo miró al de azul; este nego con la cabeza. Finalmente dejo su espada y el escudo en el suelo; acercándose lentamente con las manos en alto.
- ¡Hasta ahí! -. Lo detuvo Torres a la vez que se aproxima a con cautela.
- ¿Puedo quitarme el casco? -. Consultó el de rojo con cierta distorsión en la voz.
Torres dió un rápido vistazo a los otros tres que permanecían en el mismo lugar que antes sin apena moverse.
- Está bien, hazlo lentamente -.
El rojo se quitó lentamente el casco, revelándose como una chica cercana a los veinte, de tes bronceada y cabello castaño corto hasta los hombros.
- ¡¿Coco? ¿acaso es una maldita broma?! -. Reaccionó Stern al reconocer a la joven enfrente suyo - ¡Ustedes también, quítense el casco!.
Los tres restantes se quitaron el casco; resultando ser todas chicas, y no chicas cualquiera; Stern las reconoció al instante. La de azul resultó ser Laura Di Miranda, la de verde Elion Parker y la más joven; apenas con trece años, era Lina Rogger. Todas asistían al mismo instituto que el.
Coco miraba al muchacho sin llegar a reconocerlo, ya que el casco que traía tenía una máscara y le distorsionaba un poco la voz.
- ¿Te conozco? -. Consultó sin bajar las manos.
El joven desenganchó la tira del casco y se lo quito con una mano. Las cuatro lo reconocieron sin problemas. Miguel Ibáñez, el chico callado y tímido del salón estaba parado frente a ellas con uniforme camuflado, un fusil de asalto y acompañado por una docena de hombres armados.
- ¡Migue! ¿eres tú?, ¿Que haces aquí? -. Pregunto Laura sin salir de su sorpresa.
- ¡Nosotros preguntamos lo mismo! -. intervino Torres con cierta impaciencia - ¿Quienes son? y ¿Para quien trabajan?.
- Calma Simón. Baja el arma.Las conozco, son de mi instinto y además, se encargaron de buena parte de los del Puño -. Intervino el joven a favor de las chicas, que se acercaron a Coco - Son Cornelia,
Laura, Elion y la enana es Lina. Y por cierto, ahora que veo las cosas más detenidamente, son las mismas a quienes Nora y Gregori han estado rastreando hace meses.
El jefe pensó detenidamente sobre que hacer; la chicas se enfrentaron a criminales con armamento anómalo, aún en desventaja. Además de que Nora y Gregori querrían hablar con las responsables de varios de sus dolores de cabeza.
- De acuerdo, vienen con nosotros. Hay gente que va a tener preguntas -. Sentenció mientras daba señas al resto de agentes de bajar las armas - Ya veo venir la montaña de papeleo -.
Las cuatro jóvenes subieron a uno de los helicópteros escoltadas por el equipo Abel y un par más de agentes.
Un viaje por demás incómodo para todos debido a tensión entre ambas partes. Las chicas en medio de extraños con aspecto de comandos y sin poder hacer algo que no acabe empeorando la situación, Aguilares sin poder fumar; ya que al piloto no le gustaba que su aeronave apeste a tabaco, y Stern permanecía sentado del lado de la puerta observando el paisaje pero sin dejar de sentir las miradas de Cornelia y Laura clavadas en su nuca e imaginaba el desastre que tenía entre las manos.
La única que parecía disfrutar del vuelo era Lina, que miraba la cabina y la labor de los pilotos para manejar el instrumental.
- ¿Qué? -. Dijo el muchacho confrontando finalmente a las dos jóvenes.
- ¿De verdad eres espía? -. Intervino Lina con entusiasmo - ¿Nos vigilabas todo este tiempo? ¿Sabes los de los monstruos que enfrentamos? ¿Quieres hacer equipo? -.
- Lina, para de una vez -. La reprendió Laura.
- Dudo que zero zero siete pueda contestar eso -. ironizó Elion con los brazos cruzados.
- Para empezar, el no es espía (eso es de otra área) -. Intervino Aguilares - Simplemente, nos dedicamos a atrapar monstruos y ponerlos en un lugar donde no dañen a nadie o nadie los dañe.
- Y para rematar el chiste, yo no tenía idea de que es lo que hacían -. Continuo el muchacho - Yo solo estoy en ese instituto por razones personales, los que les pisaban los talones son conocidos de otra área que querían ver qué no estuvieran involucradas con idiotas como Anarquía Cuarenta y siete o peor-.
- Bueno, en ese caso... Nosotras pertenecemos a los Guardianes del Cosmos, encargándonos de que las criaturas del abismo no consuman este mundo -. Explicó Laura.
- ¿Guardianes del Cosmos?. Para empezar, alguien necesita un mejor nombre y en segundo lugar ¿Se pueden explicar un poco mejor? -. Soltó Ace, sin terminar de entender.
- Es algo largo y medio enredado -. comentó Lina volviendo a mirar la cabina.
- No se preocupen, emos lidiado con cosas muy enredadas antes -. Comentó Aguilares.
- Y solo dios sabe cuántas más nos quedan -. agregó Stern, recordando los casos que supusieron un martirio para el y la organización.
Cuando finalmente el helicóptero aterrizó en la base el pintoresco grupo permaneció el una celda a la espera de Nora y Gregori; que fueron llamados para asumir el control del caso.
Sin embargo Stern permanecía cerca de las chicas para que estuvieran más calmadas.
- Hey Migue, ahora que estamos aquí ¿Qué pasará? -. Consultó Elion con algo de mal estar.
- No mucho, un par de entrevistas, exámenes y análisis -. Explicó Stern - Si todo sale bien y no pasa a mayores, vuelven a casa sin recordar el mal trago.
- ¿Y si pasa a mayores? -. Preguntó Cornelia con bastante preocupación.
- Cárcel - Fue la única contestación.
En ese instante llegó un grupo formado por los agentes Nora y Gregori, el jefe Torres y el director del cirio Coulson que se paró frente a la celda con cierta incertidumbre; como si no pudieran terminar de digerir la curación.
- Abran la celda -. Ordenó el director Coulson.
- ¿Y bien? -. le pregunto Stern al grupo.
- No se que decir -. Comentó Nora - El Alto Mando y un tal Farrel llegaron a un acuerdo. Se pueden ir a casa con una serie de condiciones.
Ésto último ánimo a las chicas que al parecer conocían al tal Farrel, cosa que no pasó desapercibido para Stern que se encontraba dudoso ante el asunto.
- ¿Que condiciones? -. Pregunto Laura.
El director tomo aire y procedió.
- Uno; cooperaremos en cuanto a la amenaza del abismo, para lo que se formará un equipo especial que las acompañar. Dos; mantendrán el secreto de la Hécate y sus agentes. Tres; participarán en nuestras investigaciones. Cuarta y última; procederemos con los estándares de la organización para con las anomalías. Ésto quiere desir que nada de llamar la atención del público o el gobierno, y muy especialmente; nada de actuar como baqueros imbéciles con eso de destruir anomalias porque si (para eso nos sobra bastante con el g tres).
Sin muchas opciones, el grupo aceptó la cooperación entre ambas fuerzas para combatir al abismo.
- Por cierto,. Stern -. Intervino Torres entregándole unos papeles al chico - Acaban de resignarte a un nuevo equipo.
El joven leyó la primera hoja de tareas y el oficial a cargo, poniendose rojo y siendo invadido por la ira.
- ¡Con todo respeto señor, prefiero ser degradado a niñera de A.A.-303 antes que tener que soportar a ese idiota! -.
- órdenes son órdenes, operador -.
- ¡Enserio señor. No me pueden hacer esto¡ -. Replicó el joven siguiendo a Torres a través del pasillo.
- Ajo y agua, chico -. Le recomendó Gregori.
Al ver la escena que se armaba en el lugar Lina se acercó a Nora.
- ¿Puedo saber que pasa? -.
- Stern acaba de ser asignado al equipo especial y no le gustó nada que Livingston quedé como su jefe -. le explicó la mujer, ya familiarizada con ese insidente.
- ¿Quien es el tal Livingston? -. Pregunto Cornelia viendo como Stern suplicaba por una asignación a una anomalia de categoría cinco.
- Es su padrino y el que lo obligó a tener doble vida de civil, arruinando sus planes de dedicarse tiempo completo a las anomalías -. Le explicó Nora - Por cierto, hay un auto esperándolas afuera y bienvenidas a Hécate.